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"Vera Rubin Ridge", una elevación compuesta de una gran cantidad de óxidos de Hierro, vista por la ChemCam en Sol 1,745
Fobos saliendo de un eclipse.Sol 1730

miércoles, septiembre 07, 2011

Recuerdos selenitas

Lunar Reconnaissance Orbiter visita nuevamente los lugares de aterrizaje de los Apolo.

El pasado y el presente se dan nuevamente la mano en la superficie lunar. Los restos de una pasada época de esplendor, donde todo parecía posible y que terminó de forma abrupta cuando el motivo que la impulsaba dejo de existir, permanecen en silencio como mudos testimonios del ayer, mientras una pequeña sonda, la representante de un presente y un futuro lleno de dudas, las observa, recordándonos esos años tan lejanos donde el espacio parecía estar, curiosamente, mucho más cerca que en la actualidad.

La Lunar Reconnaissance Orbiter, la que debía haber sido el primero paso en un plan de retorno a la Luna por parte de la NASA ahora ya aparcado, sigue trabajando, ajena a todos estos problemas, en el estudio científico de nuestro satélite, algo que está realmente está cumpliendo de forma sobresaliente en forma de un mar de datos y mapas (que deberán cubrir la práctica totalidad de la superficie selenita con una resolución sin precedentes) que se convertirán en una auténtica guía para todos aquellos que, algún día, en un futuro que esperemos no sea muy lejano, dirijan sus pasos de forma decidida hacia nuestra compañera planetaria.

Un trabajo intenso que no solo nos esta permitiendo redescubrir un cuerpo celeste que fue olvidado durante décadas, sino reencontrarnos con unos viejos amigos: Los módulos Apolo, el punto álgido de la carrera por La Luna ocurrida en la década de los 60 pero también el momento que marcó el principio de su final.

No es esta la primera vez que la LRO tiene la oportunidad de fotografiar a estos vehículos históricos, como que ya hizo en 2009, pero si que son las mejores imágenes obtenidas de ellos, pues la sonda descendió desde los 50 Kilómetros de altura, que es donde se mueve de forma habitual, hasta apenas los 21, en una órbita inusualmente baja que duro 28 días terrestres (es decir, un día lunar) y tras lo cual regresó a su posición habitual. El resultado no habría podido ser mejor, como se observa.

Durante este vuelo casi rozando la Luna, la LRO pudo observar a los Apolo 12,14 y 17, revelando una innumerable cantidad de detalles. Desde los propios módulos (los astronautas regresaron con la parte superior), hasta las huellas tanto ellos como por el vehículo que transportó el Apolo 17 y que se conservan aún casi inmaculadas, pasando por todos los equipos científicos que quedaron en la superficie (como los espejos que aún hoy se utilizan para realizar mediciones de distancia mediante láser desde La Tierra) o la de una vieja sonda anterior, la Surveyor 3, que los tripulantes del Apolo 12 visitaron.

Son estos los ecos de un pasado lleno de contradicciones, la de un mundo dividido en los bloques enfrentados en una guerra no declarada, lleno de abusos y crímenes por ambos lados, donde la espada de Damocles del cataclismo nuclear pendía sobre la cabeza de la Humanidad. Un escenario terrible, pero que al mismo tiempo fue la fuerza que impulsó la mayor de las hazañas, llevando a los seres humanos hasta la superficie de otro mundo mucho antes de lo que la lógica señalaba. Y precisamente por ello hoy sigue siendo un episodio aislado, como un paréntesis en el curso natural de la historia.

El Apolo 12, que alunizó el 19 de Noviembre de 1969 en el Oceanus Procellarum, cerca de la sonda Surveyor 3, que lo había hecho en 1967. Ambas son claramente visible, así como las huellas dejadas por los astronautas y los diversos instrumentos por ellos instalados.

El Apolo 14 alunizó en la región de Fra Mauro el 5 de Febrero de 1971. El módulo Antares, así como la estación científica (ALSEP) y las huellas dejadas por Alan B. Shephard y Edgar D. Mitchell, resultan aún claramente visibles.

El lugar de alunizaje del Apolo 17, en un punto entre el Mare Tranquillitatis y el Mare Serenitatis. Se observa con cierto nivel de detalle el módulo lunar Challenger, los instrumentos instalados (ALSEP) y el vehículo motorizado (LVR), así como las huellas dejadas atrás tanto por este último como por los astronautas Eugene A. Cernan y Harrison H. Schmitt.

El LRV, el vehículo motorizado que los Apolo 15, 16 y 17 transportaron hasta la Luna, gracias a que viajaron "empaquetados" en un compartimento del modulo de descenso con unas dimensiones de solo de 90 x 150 x 170 Centímetros.

NASA Spacecraft Images Offer Sharper Views of Apollo Landing Sites

Skimming the Moon

NASA Releases Closer Looks at Apollo Landing Sites from the Lunar Reconnaissance Orbiter

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