Ultimas imágenes de Curiosity

Fobos en el cielo diurno
Horizontes cercanos. Sol 2578

martes, febrero 25, 2020

Informe InSight

Se cumple un año de operaciones.

Se puede decir que estamos ante una misión "mutilada", ya que uno de los dos instrumentos principales, el que debía medir el calor interno del planeta, sigue resistiendo toda tentativa para colocarlo en posición por debajo de la superficie. Una lucha titánica, con todas las dificultades que implica un trabajo a distancia y en diferido, que hasta ahora está resultando infructuosa.

Pero eso no implica que la Mars Insight no esté trabajando y enviando datos. Bien la contrario, tanto el sismógrafo, el segundo de los "principales", como el resto de instrumentos, menos conocidos pero igualmente importantes, no han dejado desde hace un año de enviar más y más información, y con ella están mostrando un planeta rojo lejos del mundo muerto que podíamos imaginar, así como pistas sobre su pasado y registros de su meteorología. En resumen, un cúmulo de sorpresas que nos muestran lo lejos que estamos de entenderlo realmente y la necesidad de seguir con su exploración. Veamos algunas de ellas:

- Corazón palpitante: Uno de los grandes logros de Insight es haber mostrando que Marte es un mundo con notable actividad sísmica, a medio camino entre la Tierra y La Luna. Hasta más de 450 señales de sismos han llegado hasta el sensor SEIS, el mayor de ellos de magnitud 4.0, lo que no es espectacular pero si digno de mención. Como curiosidad pasaron unos meses hasta que se detectó el primero, y desde entonces se han sucedido una media de dos diarios, como si el aterrizaje hubiera ocurrido en un momento de extraña calma.

Marte no tiene placas tectónicas como la Tierra, pero sí regiones volcánicas que pueden causar seísmos. Un par de los más potentes estaban fuertemente vinculados a una de esas regiones, Cerberus Fossae, donde los científicos han observado deslizamientos de tierra recientes, que pueden estar relacionado con dicha actividad, así como fracturas en antiguos flujos de lava ahora solidificados y que son geológicamente jóvenes, unos 10 millones de años. "Se trata de la características tectónicas más joven del planeta", explica el geólogo planetario Matt Golombek, del JPL."El hecho de que veamos evidencia de temblores en esta región no es una sorpresa, pero es muy interesante!".

- Huellas magnéticas: Marte ya no tiene campo magnético global, pero si "fantasmas" de su existencia pasadas, rocas que fueron magnetizadas cuando existía y que ahora se encuentran bajo tierra. InSight cuenta con la capacidad de medir este eco, de los cuales se determinó que ese magnetismo residual es hasta 10 veces superior al que se había estimado por los datos de las sondas orbitales.

"Estamos combinando estos datos con lo que sabemos de sismología y geología para comprender las capas magnetizadas debajo de la sonda. ¿Qué tan fuertes o profundos tendrían que ser para que detectemos este campo?", explica Catherine Johnson,del Planetary Science Institute. Además, los científicos están intrigados por cómo cambian estas señales con el tiempo. Las medidas varían según el día y la noche. También tienden a pulsar alrededor de la medianoche. Todavía se están formando teorías sobre las causas de tales cambios, pero una posibilidad es que estén relacionadas con el viento solar que interactúa con la atmósfera marciana.

- En el viento: Dotada de sensores meteorológicos, la InSight está enviando partes diarios sobre el clima que la rodea, mucho más que cualquier misión anterior. Entre ellos está la presencia de miles de pequeños tornados, los que conocemos como DustDevil, más que en cualquier otro lugar del planeta donde hayamos puesto el pie.

En resumen, un año de actividad de esta misión, que incluso con el aparente fracaso de su sensor térmico está abriendo nuevas puertas a los secretos de Marte.

Estudiando la actividad sísmica de Marte.

Cerberus Fossae es una región donde se está detectando una fuerte actividad sísmica, y donde se han visto diversos deslizamientos de terreno que parecen estar relacionados con dicha actividad.

Fisuras cerca de Cerberus Fossae, cuya morfología apunta a la actividad tectónica.

A Year of Surprising Science From NASA's InSight Mars Mission

lunes, febrero 24, 2020

Navegando a toda vela

LightSail 2 cumple 8 meses en órbita enseñando valiosas lecciones para el futuro.

Los antiguos barcos de vela navegaban con la fuerza del viento, y en un futuro cercano quizás eso mismo se repita en el espacio. Puede parecer una idea excéntrica, pero es una realidad ya demostrada que la incidencia de luz solar sobre una superficie es capaz de generar cierta presión sobre ella, y que si se aprovecha bien un vehículo puede ir ganando velocidad con ella, cual vela marina inflada por los vientos oceánicos. Se las conoce como velas solares, y lejos de ser un simple proyecto, algunas de ellas ya han emprendido sus propios viajes por las oscuras aguas estelares.

La más reciente de ellas es la LightSail 2, construida por The Planetary Society y sin duda su proyecto más destacado, convertida en realidad después de superar la pérdida de su predecesora y que lleva en órbita terrestre 8 meses, con el objetivo de poner a prueba las capacidad de esta tecnología, sus ventajas y sus inconvenientes. Algo que es más que destacable teniendo en cuenta que hablamos de un proyecto privado.

¿Qué hemos aprendido de su experiencia? La más importante es que la órbita terrestre no es el lugar más adecuado para que las velas solares desarrollen sus actividades. La LightSail 2 se situó a unos 720 kilómetros, muy por encima de la posición de la ISS y la mayoría de satélites, por ejemplo, pero incluso así la fricción atmosférica sigue siendo lo suficientemente intensa para provocar que un vehículo de estas características vaya perdiendo altura paulatinamente, algo que ni el impulso generado por la luz solar sobre la vela puede compensar. La conclusión es que el ámbito ideal son órbitas mucho más altas o los viajes interplanetarios.

Evidentemente no es algo inesperado para los técnicos. Sabido es que la atmósfera terrestre se extiende miles de kilómetros más allá de la Tierra, aunque de forma tan tenue que no afecta realmente a las operaciones espaciales y solo se necesita pequeñas correcciones puntuales para compensarlo. La ISS, que se mueve mucho más cerca del planeta, es un ejemplo de ello. Pero una vela solar es tan sensible a cualquier fuerza externa que ese factor pesa mucho más. Ahora, gracias a LightSail 2, tenemos datos concretos que se podrán aplicar en diseños futuros para intentar aprovechar mejor el impulso de la luz para superar esta amenaza.

Otra lección apunta a los paneles solares, que dan energía a los sistemas de la nave. La LightSail 2 solo los tiene en uno de los lados de la vela, lo que generó problemas de producción de energía en algunos momentos. Curiosamente su predecesora, la malograda LightSail 1 si los tenía en ambos lados, pero en este caso se eliminaron en uno de los lados para incluir una serie de espejos reflectantes, usados para realizar mediciones láser desde tierra. Una necesidad técnica para realizar pruebas, pero que está complicando el trabajo de mantenerla activa de forma constante. Para el futuro se recomienda regresar a la configuración inicial.

No solo eso, ya que se han aprendido muchas lecciones sobre su manejo y funcionamiento. Lecciones que con toda seguridad serán muy tenidas en cuenta para las que le seguirán. Y es que las velas solares tienen mucho que decir en el futuro de la exploración espacial.

Navegando por las oscuras aguas del Universo.

Here's What We've Learned So Far from LightSail 2 

sábado, febrero 22, 2020

Rompiendo una maldición

Luz verde para la construcción de la sonda MMX.

¿Cómo adquirió Marte sus dos pequeñas lunas? Son antiguos asteroides, capturados por la gravedad marciana en algún momento de su pasado lejano? O quizás son restos del propio planeta, fragmentos expulsados por algún gran impacto que permanecieron en órbita, en lugar de caer de nuevo o perderse en el espacio profundo? Es una pregunta importante, porque en ambos casos representan una increíble oportunidad para los científicos. Si es lo primero, son un ejemplo de como estos cuerpos pudieron llevar agua y materia orgánica a nuestro mundo. Si es lo segundo, representarían cápsulas del tiempo del Marte antiguo, quizás incluso con más potencial que si las buscamos en el actual.

En ambos casos son objetivos de primer orden, hasta ahora eclipsados, quizás de forma injusta, por el propio planeta, y que tuvieron encima la mala suerte de ver como los únicos tres intentos de visitarlas, de la mano de sondas rusas, fracasaban de forma absoluta. La MMX, de la Agencia Espacial Japonesa, busca superar esta maldición con una ambiciosa misión para no solo estudiarlas sino incluso extraer muestras de la mayor de ellas, Fobos, para llevarlas a la Tierra para su análisis. Y recientemente acaba de recibir luz verde para el desarrollo y construcción de su hardware y software, es decir, finalmente deja el plano teórico y abre las puertas al mundo real.

La MMX tiene marcado el año 2024 como fecha de lanzamiento y visitará tanto Fobos como Deimos, siendo esta primera de estas dos lunas la elegida para el aterrizaje, tanto por ser considerada la científicamente mas interesante como por ser más sencillo encontrar un lugar adecuado dado su mayor tamaño. Una vez llegue se posará durante varias horas para recolectar una muestra de al menos 10 gramos y como mínimo a 2 cm por debajo de la superficie. Una vez concluida iniciará su viaje de regreso a casa. Empezará entonces el largo proceso de estudio para encontrar la respuesta definitiva, y con un poco de suerte finalmente quede atrás la maldición que lleva persiguiendo a las lunas de Marte.

El plan previsto de la misión MMX, que buscará aterrizar y extraer muestras de Fobos.

Las sondas soviéticas Fobos 1 y 2 eran un ambicioso programa soviético para explorar esta luna, pero ambas fracasaron. La primera no logró llegar a Marte, y de la se perdió el contacto después de su entrada en órbita. La MMX deberá superar esta maldición.

Rumbo a Marte, pero esta vez con la mirada puesta en sus dos pequeñas lunas.

MMX Mission to proceed to the development phase!

miércoles, febrero 19, 2020

El despertar de un nuevo explorador

Solar Orbiter envía sus primeros datos.

Está viviendo sus primeros días en el espacio, en una fase donde se esta desplegándose poco a poco, primero los paneles solares, y después sus diversos instrumentos científicos, todo ello sin prisas, siguiendo el plan por su equipo en tierra y que debe terminar con la sonda plenamente operativa. Es un momento crítico para toda misión, donde el vehículo debe realizar todos los pasos por si mismo y sin posibilidad de arreglo si algo sale mal. Y es que aunque parezca que las preocupaciones se han terminado una vez completado el lanzamiento, en realidad es solo el principio.

Uno de los pasos más críticos para la Solar Orbiter, lanzada el pasado 10 de Febrero, era el despliegue de su largo brazo de más de 4 metros de longitud, dado que es allí donde encuentran tres de los cuatro instrumentos que deben realizar mediciones "in situ", es decir tomar datos del ambiente que rodea a la sonda. Perderlos no llevaría al fracaso de la misión, pero si que la dejará parcialmente mutilada a la hora de cumplir sus objetivos, y por ello era uno de esos momentos donde solo queda cruzar los dedos. Por fortuna, y por el buen diseño del mecanismo de despliegue, todo se sucedió sin problemas. Y los dos sensores del magnetómetro (MAG), situados en el brazo, y que habían sido activados 21 horas después del despegue, atestiguaron el éxito.

Estos registraron datos antes, durante y después del despliegue, permitiendo a los científicos comprender la influencia de la propia sonda en las mediciones."Los datos que recibimos muestran cómo el campo magnético disminuye desde la vecindad de la Solar Orbiter hasta el lugar donde se despliegan finalmente los instrumentos", explica Tim Horbury, investigador principal de este instrumento."Esta es una confirmación independiente de que el brazo realmente se desplegó y que los instrumentos, de hecho, proporcionarán mediciones científicas precisas en el futuro".

Hasta Abril La Solar Orbiter irá desplegando todo su potencial, compuesto de 4 instrumentos  que miden el ambiente alrededor de la sonda y 6 que observarán al Sol a distancia. La combinación de todos ellos, de esta exploración a corta y larga distancia, es la clave de su enorme potencial.

El largo brazo de la Solar Orbiter, ahora desplegado, y que contiene 3 de los instrumentos dedicados a medir el ambiente que rodea a la sonda.

Primera parada, Venus.

First Solar Orbiter instrument sends measurements

sábado, febrero 15, 2020

El rojizo fantasma de una estrella agonizante

La debilitada Betelgeuse a todo detalle.

Es uno de los eventos que más está dando que hablar entre los astrónomos de todo el mundo, tanto desde el mundo profesional como para cualquier aficionado que levante los ojos hacia el firmamento, ya que sus cambios son perceptibles a simple vista. Nada menos que unas disminución del su brillo de un 36%, claramente perceptible para cualquiera acostumbrado a su rojizo resplandor. Que le está ocurriendo? Aunque es una estrella variable, que presenta picos y valles en su resplandor de forma habitual, no se tiene constancia de un cambio tan extremo como el actual. Un misterio que estamos intentando resolver.

Uno de los últimos en hacerlo ha sido equipo liderado por Miguel Montargès, astrónomo de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, que desde Diciembre llevan observando a Betelgeuse con el Very Large Telescope (Cerro Paranal, Chile) para comprender lo que está sucediendo. Y entre los resultados de su trabajo está lo que quizás es una de las imágenes más detalladas jamás logradas de esta estrella, obtenida mediante el instrumento SPHERE, que en conjunción con otras tomadas antes permite tener ante nosotros un "antes y después" bastante revelador.

¿Es la señal de que está a punto de convertirse en supernova? Ciertamente algún día ocurrirá, de eso no hay duda, es cuestión de tiempo, pero ahora mismo no parece que sea la hipótesis preferida para explica su actual situación: "Los dos escenarios que estamos barajando son un enfriamiento de la superficie debido a una actividad estelar excepcional o una eyección de polvo hacia nosotros”, indica Montargès."Por supuesto, nuestro conocimiento sobre las supergigantes rojas sigue siendo incompleto y este es un trabajo en desarrollo, por lo que todavía podemos llevarnos alguna sorpresa".

No debemos subestimar la idea de una nube de polvo, ya que este tipo de estrellas, al final de su vida, son una fuente bien conocida de partículas. "En astronomía escuchamos mucho la frase 'somos polvo de estrellas', pero ¿de dónde viene exactamente ese polvo?", se pregunta Emily Cannon, estudiante de doctorado de la Universidad Católica de Lovaina que trabaja con las imágenes de SPHERE."A lo largo de su vida, estrellas supergigantes rojas como Betelgeuse crean y expulsan grandes cantidades de material incluso antes de explotar como supernovas. La tecnología moderna nos ha permitido estudiar estos objetos, a cientos de años luz de distancia, con un detalle sin precedentes, lo que nos ha dado la oportunidad de desentrañar el misterio de qué es lo que desencadena su pérdida de masa".

Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que no debemos olvidarnos nunca de Betelgeuse y que al mirar su atenuado resplandor rojizo estamos observando la agonía de un gigante, que un día, ahora o dentro de miles de años, llenará nuestro cielo nocturno con la última y cegadora luz de su final.

El antes y el después, que permite apreciar cambios claros en su brillo, e incluso en su forma. Algo está ocurriendo en este estrella de constelación de Orión.

El rio de polvo que surge de esta estrella agonizante.

Somos polvo de estrellas, algo que parece evidente observando a Betelgeuse.

Un telescopio de ESO ve la tenue superficie de Betelgeuse

viernes, febrero 14, 2020

Un asteroide binario a las puertas de casa

Descubriendo una luna en un asteroide que nos visitó recientemente

El mundo de los habitantes más pequeños del Sistema Solar es tan inmenso como variado, lejos de esa idea, ya desterrada, de que son simples "rocas" espaciales. Bien al contrario, existen de todo tipo, tamaño, forma y composición, muchos viviendo en solitario, otros formando sólidas parejas que comparten su existencia quizás desde los albores mismos de nuestro sistema planetario. Y es uno de estos últimos los que nos visitó por sorpresa hace unos días.

El asteroide 2020 BX12 fue descubierto por el sistema de observación ATLAS, en Mauna Loa, Hawaii, apenas unos días antes de que realizara su máxima aproximación a la Tierra, que ocurrió a principios de Febrero, cuando se situó a unos 4 millones de Kilómetros de nuestro planeta, una distancia aparentemente enorme, pero que a escala planetaria es muy poco, y con potencial para aproximarse mucho más en el futuro. En todo caso no existía peligro alguno en esta ocasión, y su visita fue por encima de todo una oportunidad de estudiarlo mediante radar, una técnica que para cuerpos tan pequeños da mejores resultados que las observaciones ópticas.

El radiotelescopio de Arecibo fue el encargado de escanearlo, proyectando hacia el visitante ondas de radio y captando el eco resultante, lo que permitió revelar algunas de sus características, como la forma, el tamaño, periodo de rotación o características superficiales. Sin embargo había algo más, una sorpresa inesperada, y es que 2020 BX12 no venía solo. Se descubría así que era un asteroide binario, con un cuerpo mayor, de unos 165 metros, descubierto en primer lugar, y un acompañante o satélite más esquivo, de unos 70 metros, y con un periodo orbital que hace pensar que existe un anclaje de marea, tardando este último lo mismo en completar una vuelta alrededor de su compañero que este en rotar sobre si mismo. Un escenario parecido al de la Tierra y La Luna.

Un descubrimiento sin duda curioso, que nos recuerda lo sorprendentes que pueden ser estos pequeños cuerpos celestes, que tanto deseamos conocer de cerca y al mismo tiempo tememos que se acerquen demasiado a nosotros.

El aparentemente esférico 2020 BX12 y su acompañante, que podríamos considerar una luna. El mayor brillo de este último es resultado de su velocidad y rotación, que le hace reflejar las ondas de radio de forma más intensa.

La órbita de esta pareja de visitantes.

El asteroide Ida y su pequeña luna Dactyl, visto por la sonda Galileo en 1993, y que fue el primer ejemplo conocido de asteroides con lunas.

Discovery Announcement of Binary System 2020 BX12

jueves, febrero 13, 2020

Regresando al punto azul pálido

Visitando la imagen más icónica de la exploración espacial.

El 14 de Febrero de 1990, poco antes de que sus cámaras fueran desconectadas de forma definitiva, la Voyager 1 miró por ultima vez hacia el Sistema Solar, que ahora quedaba ya atrás, y realizó una serie de fotografías "en familia", aprovechando que su trayectoria lo llevaba muy por encima del plano de la eclíptica, donde habitan los planetas. De entre ellas la famosa imagen "un punto azul pálido", que mostraba la Tierra desde más de 6.000 millones de kilómetros de distancia, tan diminuta que no ocupaba ni un píxel para los ojos de la Voyager, y rodeada de un inmenso más de oscuridad. Una lección para todos.

Ahora, para celebrar el 30ª aniversario de este momento memorable, y sacando partido de los avances en las técnicas de procesamiento de imágenes así como los avances tecnológicos en el campo audiovisual, se acaba de publicar una nueva versión "actualizada", más clara y definida que nunca, y que nos permite revisitar esta escena mítica. 

Para tener un contexto, el Sol se encuentra en parte inferior (donde la imagen es más brillante). Los rayos solares dispersados dentro de la óptica de la sonda se extienden por la escena, y uno de ellos es precisamente el que se cruza con la Tierra. Desde el punto de vista de la Voyager 1, nuestro planeta estaba a solo unos pocos grados Sol, lo que fue un factor clave que impidió que estas imágenes se tomaran mucho antes, ya que nuestra estrella aún estaba demasiado cerca y era demasiado brillante para arriesgarse, ya que habría sido peligroso para la cámara.

Han pasado 3 décadas desde que fue tomada, y sigue conservando todo su magia, ahora fortalecida por las nuevas tecnologías. Y su mensaje, al igual que antaño, sigue siendo tan claro y necesario como entonces.

La posición de la Voyager 1 cuando realizó las fotografías que conforman este mítico retrato en familia. La Tierra estaba en lo más profundo del pozo de luz solar, lo que hace aún más meritorio que fuera capaz de captarla.

La imagen original, ahora mejorada y mucho más clara.

'Pale Blue Dot' Revisited

miércoles, febrero 12, 2020

Un punto cargado de sueños

Captando a la Solar Orbiter rumbo a las profundidades del espacio.

La ESA (Agencia Espacial Europea) tiene, al igual que la NASA, su propia red de rastreo del firmamento, en busca de posibles amenazas, pequeños asteroides que pasen cerca de nuestro mundo y puedan representar una peligro a medio y largo plazo. Forma parte del esfuerzo global para intentar descubrir y mapear a todos estos molestos vecinos que nos rodean, aunque en ocasiones nos ofrece curiosos "extras", no buscados de forma intencionada, pero por eso mismo recibidos como un regalo que merece nuestra atención.

El lanzamiento más reciente de una sonda interplanetaria fue la Solar Orbiter, ya en camino hacia su destino, y 20 horas después de que despegara, el telescopio Schmidt, en Calar Alto, España, que forma parte de esta red de caza de asteroides, la captaba en su trayectoria de salida, a unos 310.000 Kilómetros de nuestro planeta y pocas horas de superar la órbita de La Luna y ya en camino hacia Venus, donde deberá realizar su primera asistencia gravitatoria.

No es más que un tenue punto de luz, 250.000 veces más débil de lo que podemos ver a simple vista, alejándose hacia la oscuridad. Pero en ese punto viajan años de trabajo, miles de sueños cumplidos y innumerables esperanzas para el futuro. La mejor definición posible de lo que representa  la exploración espacial.
Buen viaje!!!

martes, febrero 11, 2020

Viaje a la luz

La Solar Orbiter inicia su aventura

La nueva aventura hacia la luz cegadora del Sol, como si fuera un Ícaro moderna, acaba de empezar. Esta pasado 10 de Febrero se lanzaba desde Cabo Cañaveral, y a bordo de un cohete Atlas V411, esta ambiciosa misión de la Agencia Espacial Europea, que con colaboración de la NASA, aspira a llevar un paso más allá lo que sabemos de nuestra estrella, cuyos mecanismos de funcionamiento, en especial en lo que respecta a las tormentas solares, siguen rodeadas de enigmas. Junto con la Parker deberíamos ser capaces de solucionar a algunos de ellos.

"Como humanos, siempre hemos estado familiarizados con la importancia del Sol para la vida en la Tierra, observándolo e investigando cómo funciona en detalle, pero también hemos sabido por mucho tiempo que tiene el potencial de alterar la vida cotidiana si estuviéramos en la línea de fuego de una poderosa tormenta solar. Al final de nuestra misión sabremos mejor que nunca sobre la fuerza oculta responsable de sus cambios de comportamiento y su influencia en nuestro planeta", explica Günther Hasinger, director científico de la ESA.

"Durante los próximos dos años, la Solar Orbiter realizará sobrevuelos de asistencia gravitatoria con la Tierra y Venus que lo colocarán en una órbita altamente elíptica alrededor del Sol. El último sobrevuelo lo arrojará  fuera del plano eclíptico (que es donde orbitan los planetas) y elevará la inclinación de la sonda para proporcionar nuevas vistas de las regiones polares inexploradas de nuestra estrella", explica Daniel Müller, científico del proyecto.

Será un viaje complicado, en el que deberá lidiar con condiciones todo menos amistosas, como explica Sylvain Lodiot, mánager de la misión: "Operar una sonda cerca del Sol es un desafío enorme. Nuestro equipo tendrá que asegurar la orientación continua y precisa del escudo para evitar el daño potencial de la radiación y el flujo térmico. Al mismo tiempo, tendremos que garantizar una respuesta rápida y flexible a las solicitudes de los científicos para adaptar las operaciones de sus instrumentos de acuerdo con las observaciones más recientes".

El Sol, al mismo tiempo resplandeciente y envuelto en sombras, recibirá finalmente la atención que se merece, y con este exitoso lanzamiento se pone en marcha la mayor campaña de exploración in situ jamás realizada, con dos ingenios espaciales trabajando simultáneamente en esta transcendental tarea. El corazón que da la vida a nuestro mundo, y en un futuro inimaginablemente distante la muerte, está finalmente en el centro de atención.

Comienza la aventura
Captando la señal de la Solar Orbiter después de lanzamiento. Con ello se confirmaba que estaba en perfecto estado después del lanzamiento y con sus sistemas en perfecto estado.

El largo viaje de la Solar Orbiter, con múltiples encuentros con Venus.

Al encuentro de una cercana estrella.

Solar Orbiter y Parker, dos sondas y un destino.

Liftoff for Solar Orbiter, ESA's mission to face the Sun up close

viernes, febrero 07, 2020

A la caza de las fugaces

Buscando meteoros en los cielos marcianos.

La Mars Insight sigue en activo, y aunque su sensor de calor sigue luchado para intentar adentrarse en el suelo del planeta, el que registra la actividad sísmica ya hace tiempo que está reuniendo datos, revelando ya que Marte es un mundo activo, lejos de la palpitante Tierra, pero también el lugar geológicamente muerto que podíamos imaginar no hace tanto. Pero es una tarea que necesita mucha precisión, y especialmente saber y cuantificar todos los factores que se esconden detrás de los seísmos marcianos.

Uno de esos factores son los impactos de meteoritos, capaces de generar ondas que se propagan a grandes distancias, y detectables por la Mars Insight incluso si el impacto ocurrió muy lejos, a cientos o miles de kilómetros. Y en con la idea de tener una estimación aproximada de la cantidad de meteoros que se adentran en la atmósfera marciana y alcanzan la superficie, se está utilizando la Cámara de Contexto, que tenía como objetivo precisamente dar un contexto a la zona donde se depositaron los dos instrumentos principales, para observar el cielo nocturno.

La composición aquí presentada, que ensambla una serie de imágenes individuales, permite ver un firmamento cargado de eventos relevantes, además de mostrar lo difícil de esta tarea. No es lo que verían nuestros ojos, tanto por la larga exposición de las tomas como por la sensibilidad de la cámara, sino algo mucho más rico (y molesto), que abarca desde el mismo "ruido" generado por ser tomas de larga exposición, hasta las propias estrellas y el impacto de los rayos cósmicos (las trazas brillantes y puntos oscuros) en la lente. Las estrellas fugaces están ausente, pero no es extraño que así sea, ya que la cámara no está diseñada para ello, su punto de visión es hacia el horizonte y, al fin y al cabo, siempre se necesita algo de suerte, de momento esquiva.

No es la primera vez que un explorador marciano mira hacia el cielo. Bien al contrario, es una hermosa práctica que vimos en los ya desaparecidos Spirit y Opportunity, pero si es la primera vez que se hace con la idea de cazar estrellas fugaces, algo que si consiguió Curiosity, aunque de pura casualidad.

Los tiempos de caza están contados, ya que la temporada de tormentas de polvo está cada vez más cerca y la Cámara de Contexto, que está fija en su posición y está diseñada más para ver la superficie que no fijarse en el cielo, pronto no podrá ver las estrellas tan cerca del horizonte. No olvidemos cual era su misión inicial. Pero hasta que ese día llegue seguirá intentándolo.

La Cámara de Contexto estaba diseñada para observar a los instrumentos instalados en la superficie, ya que era necesario para tener claro la fiabilidad de los datos reunidos. Está fija en su posición, por lo que estas observaciones se centran en la parte del cielo que es aquí visible, lo que limita las posibilidades. Así y todo el resultado es notable.

Los casos de observaciones astronómicas desde Marte se han hecho, afortunadamente, más habituales gracias a las últimas misiones robóticas presentes en la superficie, como la espectacular visión de sus lunas o posibles meteoros por parte de Spirit.

This picture is from Mars. It's probably not what you think.

miércoles, febrero 05, 2020

Mirando las estrellas

CHEOPS abre los ojos.

Una vez lanzado, en órbita terrestre o en viajes más lejanos, si algo falla en su despliegue suele representar el final de una misión que representó años de trabajos y sueños ahora perdidos. Es la dura vida de cualquier equipo humano detrás de una misión espacial, el momento cargado de tensión en que el ingenio, ya fuera de nuestro alcance directo, debe funcionar como un reloj en todos sus aspecto para afrontar, ahora si, su viaje. Todo puede ser fatal, incluso algo tan simple como una cubierta protectora que no se abre correctamente.

Ese fue el momento crítico que recientemente afrontó el pequeño telescopio explorador de exomundos CHEOPS (CHaracterising ExOPlanets Satellite), lanzado el pasado 18 de Diciembre en un vuelo sin fallos, y que ahora, ya instalado en una órbita situada a unos 700 kilómetros de altura, abrió por primera vez sus ojos para mirar el estrellado firmamento al que no dejará de observar los próximos años. Era una operación delicada por parte de un mecanismo perfectamente diseñado para realizar semejante tarea, pero como por desgracia hemos aprendido, el riesgo nunca se consigue reducir a cero, por lo que supéralo representa un tremendo alivio para su equipo en tierra. Llega la hora de ponerse a trabajar.

CHEOPS no es un descubridor de mundos, como era Kepler, sino un explorador de aquellos ya conocidos en estrellas cercanas, especialmente aquellos cuyas masas los sitúan entre ser una "supertierra" y un Neptuno. Su misión es profundizar en ellos, lograr mediciones más precisas y determinar con una precisión nunca antes alcanzada el tamaño de cada uno de ellos, lo que a su vez permitirá tener una idea más precisa sobre sus posibles condiciones. Así se prepara el camino para los verdaderos cazadores de mundos del futuro, que sabrán mejor donde se sitúan las mejores opciones.

El lanzamiento de CHEOPS.

Conociendo un poco mejor a este pequeño explorador de mundos.

Cheops opens its eye to the sky

sábado, febrero 01, 2020

El silencio que se acerca

Recuperando a la Voyager 2.

Nada es más frustrante para los ingenieros espaciales que la dura realidad de tener que trabajar a distancia. Y cuando esta se encuentra tan lejos que se nos antoja inmensa, más allá de los límites de la influencia del Sol, y las comunicaciones necesitan horas para completar su viaje de ella a nosotros y viceversa, las cosas se complican.

Así es tratar con las Voyager, las sondas en activo más lejanas de las que dispone la Humanidad. Y el pasado 28 de Enero fue precisamente la Voyager 2 nos dio un pequeño susto, cuando, después de realizar una maniobra de giro sobre si misma para ajustar la posición de uno de sus instrumentos, algo fue mal y se activó su modo de protección, lo que significa la automática desconexión de todos sus instrumentos y equipos no esenciales, reduciendo las comunicaciones a los envíos de telemetría. A partir de estos datos, y con la inmensa lentitud que implica esperar horas para cada respuesta, los técnicos de la NASA iniciaron el camino para recuperarla, algo que afortunadamente parece ir por buen camino.

La causa última de esta situación fue un retraso en completar la maniobra de giro que implico que otro sistema de la sonda se activara cuando aún no había terminado esta primera. Es decir, dos sistemas trabajando mismo tiempo, lo que demasiado para sus menguantes capacidades energéticas. De ahí que saltara su protección ante un bajón peligroso de unos niveles de energía cada vez más limitados. Y esto nos recuerda la precaria situación de la Voyager 2, que debe hacer equilibrios para mantenerse en activo y evitar congelarse de forma definitiva, administrando lo que le ofrece su Generador Termoeléctrico de Radioisótopos, cada vez más desgastado y que pierde un 4% de su poder cada año.

Un recordatorio que estos exploradores de las estrellas están viviendo una última y gloriosa etapa, mientras su corazón, agotado, cada vez late con menor fuerza. Esta vez la Voyager 2 se recuperará, pero tarde o temprano, en unos pocos años o quizás menos, el telón de esta maravillosa obra caerá de forma definitiva. El silencio definitivo se aproxima.

Camino al olvido, pero que nunca será olvidada.

martes, enero 28, 2020

Terra incognita

Viajando a las regiones desconocidas del Sol.

Nos preparamos para adentrarnos en una "terra incognita". Así define uno de los integrantes de su equipo científico, Daniel Müller, la aventura de la Solar Orbiter, cuyo lanzamiento es ya inminente. Y no le falta razón, ya que la sonda tiene como una de sus objetivos principales, cuando no el central, alcanzar a estudiar los polos del Sol, terreno poco conocido. Ahora se quiere cubrir ese hueco con una misión extremadamente ambiciosa. Veamos el motivo de que sea tan importante.

Para prepararse para la llegada de tormentas solares, los científicos monitorean el campo magnético del Sol. Pero cuanto más inclinado es el ángulo de visión, más imprecisos son los datos. En especial la visión lateral que tenemos de los polo desde el plano eclíptico donde habitamos deja grandes lagunas."Son particularmente importantes para que podamos crear modelos de con mayor precisión",explica Holly Gilbert, científica del proyecto de la NASA. "Para pronosticar estos eventos, necesitamos un modelo bastante preciso del campo magnético global del Sol". Es decir, superando el "vacío" que supone observar a nuestra estrella desde la Tierra o cualquier observatorio orbital.

Estudiar los polos solares podría dar sentido a enigmas centenarios. En 1843, el astrónomo alemán Samuel Heinrich Schwabe descubrió que la cantidad de manchas solares aumenta y disminuye en un patrón repetitivo. Hoy, lo conocemos como el ciclo solar de aproximadamente 11 años en el que el Sol cambia entre el máximo solar, cuando las manchas proliferan y se muestra activo y turbulento, y el mínimo solar, cuando en general está más tranquilo. "Pero no entendemos por qué son 11 años, o por qué algunos máximos son más fuertes que otros", explica Gilbert. Observar los campos magnéticos cambiantes de los polos podría ofrecer una respuesta.

No será la primera en intentarlo, ya que la Ulysses los sobrevoló en tres ocasiones, pero nunca se acercó más que la distancia de la Tierra al Sol, y su equipo de instrumentos, solo le permitía medir el ambiente inmediatamente alrededor de sonda. La Solar Orbiter no solo pasará mucho más cerca, por dentro de la órbita de Mercurio, sino que está mucho mejor equipado. En definitiva, se espera llegar donde esta veterana y ya desaparecida sonda nunca pudo soñar hacerlo. Es un viaje hacia lo desconocido.

Viaje a lo desconocido.

La Ulysses fue la primera en mirar hacia los polos del Sol, aunque a gran distancia.

New Mission Will Take 1st Peek at Sun’s Poles

sábado, enero 25, 2020

Aquellos que caminan en la luz

Cuanta atrás para el lanzamiento de la Solar Orbiter

La sonda Parker sigue adelante con sus zambullidas en el duro entorno de nuestra estrella, cada vez más cerca, cada vez más duro, pero pronto dejará de estar sola en su viaje. Es una misión diferente, con otros objetivos y capacidades, realizando aproximaciones más moderadas al fuego solar, "solo" algo más cerca que Mercurio, pero la base última es la misma, conocer como funciona esa esfera que nos ilumina, la más cerca estrella alrededor de la cual orbitamos y de la que dependemos.

En Febrero despegará, desde Cabo Cañaveral, la sonda Solar Orbiter, un proyecto de la Agencia Espacial Europea con la colaboración de la NASA, iniciando así su largo viaje. Una vez desplegados sus paneles solares y instrumentos, tendrá por delante una serie de rápidos encuentros con Venus (dos veces) y la Tierra (en una ocasión), hasta Noviembre de 2021, cuando termine la "fase de crucero" y inicie su misión propiamente dicha, que tendrá su primer gran momento en Marzo de 2022, cuando se sitúe a un tercio de la distancia entre el Sol y nuestro planeta, un primer paso al que seguirán otros aún más cercanos. No es como la Parker, pero como es la ideal para sus objetivos.

Un elemento clave es la fuerte inclinación de su órbita. Además no será fija, sino que los parámetros orbitales se irán cambiando para ampliar el rango de exploración, utilizando para ello Venus, al que la sonda visitará cada pocas órbitas para aprovecharse de su tirón gravitatorio para modifica su trayectoria, aumentando su inclinación en cada uno de los encuentros, cambiando con ello la perspectiva con que observe al Sol. Se espera que una vez la inclinación supere los 33º con respecto al plano de la eclíptica (donde se sitúan los planetas principales) la Solar Orbiter tenga visión directa de los polos, uno de sus objetivos principales.

Aunque no afrontará la prueba extrema (y finalmente mortal) de la Parker, soportará temperaturas máximas de 520 grados centígrados, complementado con regalo de un aluvión de radiación intensa,  por lo que el cuerpo principal de la sonda y sus instrumentos más sensibles estarán protegidos detrás de un escudo de titanio, que siempre mirará hacia el Sol. Será un encuentro cada cinco meses, unos 180 días terrestres, y sus datos, combinados con los de la sonda de la NASA, se espera que ayuden a comprender mejor los mecanismos que rigen nuestra estrella, entre ellos, y vital para nosotros, como se desencadenan fenómenos como las fulguraciones solares o los eyecciones de masa coronal.

Se inicia la cuenta atrás para que el segundo viajero del Sol, un nuevo paso en nuestro camino para comprenderlo. Y es que pese a todo, aunque sea la brillante fuente de vida para la Tierra, muchas son las sombras que le siguen rodeando.

La Solar Orbiter mantendrá una estrecha relación con Venus, al que visitará en numerosas ocasiones para ir cambiando su órbita y aumentando su inclinación.

La Solar Orbiter, construida por Airbus, en sus pruebas finales antes del lanzamiento.

El laborioso despliegue de la sonda una vez lanzada.

Camino al Sol.

Flying solo 

viernes, enero 24, 2020

El vuelo de Calipso

Viajando a bordo de la Starliner.

No son pocas las compañías privadas que están afrontando el reto de abrir las puertas del espacio, y aunque siempre pensamos en Space X, cosa compresible, tenemos otras que están avanzando a su ritmo y superando etapas de forma lenta pero imparable. Una de ellas es Boing, que busca competir con ese gigante con su propia nave orbital tripulada, capaz de transportar astronautas hasta la ISS, y que es conocida como Satarliner. Y la primera de ellas, conocido como Calipso, realizó el 20 de diciembre su primer vuelo espacial.

No fue un éxito completo, ya que debía alcanzar la estación espacial, cosa que finalmente no consiguió debido a un problema técnico que le hizo quemar más combustible del previsto, lo que no dejó suficiente para que sus impulsores pudiera elevar la órbita y realizar las maniobras de atraque. En este primer intento tuvo que conformarse con entrar en órbita y regresar después a casa aterrizando de una pieza en el desierto de Nuevo México, lo que no es poca cosa, ya que demostró ser capaz de salir al espacio, orbital la Tierra, entrar en la atmósfera y tocando tierra suavemente y mostrando que su sistema de frenado y paracaídas también a superado su primer desafío serio. Queda el "pero" de se fallida llegada a la ISS, pero una vez sea corregido no parece que exista obstáculo para su puesta en servicio.

Como forma de celebrar el nacimiento de este nuevo jugador espacial, tenemos ahora la oportunidad que acompañar a Calipso en su viaje desde el interior de la propia nave, un pequeña aperitivo de su futuro, así como una forma de conocer como verán y sentirán los futuros tripulantes. Unas escenas de belleza sobrecogedora, llena de peligros, pero que merece la pena vivir.

La Calipso sobre el cohete Atlas V.

Starliner, la familia de naves tripuladas de Boing.

Regresando a casa, sin haber llegado a la ISS, pero demostrando ser capaz de viaje al espacio y regresar de una pieza. En la primera imagen se ve como se desprende del escudo térmico, que la protegió durante la entrada en la atmósfera.

sábado, enero 18, 2020

El que vivió a la sombra del Hubble

El telescopio espacial Spitzer llega al final de su vida.

Siempre vivió eclipsado por el Hubble, infinitamente más famoso entre el gran público gracias a sus maravillosas fotografías del Universo, hasta el punto que posiblemente la mayor parte de la gente nunca conoció su existencia. Y sin embargo, para los astrónomos, era igual de valioso, o quizás más, ya que su rango de visión, que abarcaba el espectro infrarrojo, permitía ir mucho más lejos que su compañero, adentrándose en regiones inaccesibles en rangos de luz visible. Una larga vida, muy superior a la prevista gracias a su excelente construcción y inventiva de sus técnicos, pero que finalmente llega a su conclusión.

El 30 de Enero Spitzer enviará sus últimos datos astronómicos y de ingeniería, para acto seguido dormirse para ya no despertar de nuevo. Habrán sido 16 años de actividad constante, rompiendo los 2-3 previstos inicialmente, superando limitaciones y el agotamiento de sus reservas de helio líquido, responsables de mantenerlo suficientemente frío para observar el tenue "calor" del Universo, pero que pudo superar gracias al desarrollo de un sistema alternativo de enfriamiento pasivo, que le permitió mantenerse a -246 Cº, más "caliente" que antes (-271), pero aún así suficiente para seguir siendo operativo en muchos campos de observación. Hasta ahora. Llega la hora del adiós.

Y lo hace habiendo realizado innumerables avances. Las observaciones de cometas y plantas tanto cercanas como lejanas han establecido que el material que los componen es similar en toda la galaxia. Ha permitido dar forma  a nuevas ideas sobre cómo nacen las estrellas, y mirando hacia el universo mas distante, ha revelado cientos de agujeros negros masivos que acechan en la oscuridad.

Antes de Spitzer todo lo que sabíamos sobre exoplanetas provenía de observaciones indirectas, pero en 2005 detectó la primera luz llegada directamente de uno de ellos, utilizando esta capacidad para aprender algo sobre sus condiciones ambientales, como es la temperatura, lo que permitió más adelante establecer modelos climáticos. Incluso fue capaz, en los de mayor tamaño y condiciones más extremas, detectar cambios en su meteorología, todo un hito."Nadie tenía idea de que Spitzer podría estudiar directamente los exoplanetas cuando lo diseñamos", explica Michael Werner, científico de la misión "Cuando los astrónomos planearon las primeras observaciones, no teníamos idea de si funcionarían. Para nuestro asombro y deleite, lo hicieron". Y nunca debemos olvidar que suyo fue el descubrimiento del sistema planetario TRAPPIST-1, el mayor conjunto de mundos terrestres en una misma estrella jamás encontrado, fue suyo.

Se termina así una era, uno de los grandes nos abandona, entre la tristeza de ver partir a un explorador que nos ha dado tanto y la esperanza de que otros lleguen para ocupar su lugar. Vivió a la sombra del Hubble, pero para todos los que amamos la exploración espacial brilló con luz propia, quizás incluso más brillante.

Spitzer, desvelando el Universo en el infrarrojo.

Imágenes para la historia, un legado extraordinario de este telescopio espacial.

El pequeño coloso.

NASA Says Goodbye to One of Agency's Great Observatories

Sixteen Images for Spitzer's Sweet 16