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domingo, octubre 25, 2020

Un éxito por encima de lo aconsejable

Confirmada la captura de material por parte de la OSIRIS-Rex.

Estábamos a la espera de la confirmación del éxito (o fracaso) del primer intento de capturar material del asteroide Bennu. Las imágenes previas confirmaba que la operación, al menos por lo que respecta a las maniobras de la sonda, se había sucedido tal como estaba previsto y que su brazo robótico, en el extremo del cual se encuentra la parte visible del capturador de muestras, había tocado la superficie, se había disparado el chorro de gas nitrógeno para levantar partículas y pequeñas piedras con el objetivo de facilitar el proceso, y se había alejado rápidamente a una altura segura. La OSIRIS superó la prueba y estaba en perfecto estado.

¿Pero se había capturado material? Las imágenes llegadas dos días después, el 22 de Octubre, parecen haber dado una respuesta, que es positiva. Quizás incluso más de la cuenta, porque se aprecia una ligera perdida de partículas fruto de que se capturo tanto que parte de la "tapa" que cierra el recolector no esta del todo cerrada a causa de la presencia de piedras más grandes. Eso obligará a proceder con cuidado a la hora de maniobras y proceder a su almacenaje, para evitar más pérdidas. "Aunque es posible que tengamos que movernos más rápido para almacenar la muestra, no es un problema grave. Estamos muy emocionados de ver lo que parece ser una muestra abundante que inspirará a la ciencia durante décadas más allá de este momento histórico", comunicó Thomas Zurbuchen, administrador adjunto de la NASA.

El equipo de OSIRIS-Rex cree que se ha recolectado más que suficiente y está en camino de almacenarlo lo más rápido posible. Las imágenes también muestran que cualquier movimiento de la sonda y el instrumento TAGSAM (la capturadora de material) podría provocar una mayor pérdida, por lo que se decidió renunciar a una maniobra prevista y con la cual se esperaba medir el cambio de masa resultante, y un encendido de los impulsores, para este pasado 24 de Octubre y con el cual se quería acelerar ligeramente a la OSIRIS. Así se espera mantener la fuga bajo control mientras se procede a su almacenaje seguro en la cápsula de retorno.

"Estamos trabajando para mantener nuestro propio éxito, y mi trabajo es devolver con seguridad una gran muestra de Bennu", explica Dante Lauretta, investigador principal de OSIRIS-Rex "La pérdida de masa me preocupa, por lo que recomiendo encarecidamente al equipo que guarde esta preciosa muestra lo más rápido posible". Las estimaciones señalan que se deben haber capturado mucho más de los 60 gramos que se marcaba como meta mínima para dar la operación por cumplida, por lo que existe un amplio margen pese a la fuga para trabajar.

Se puede decir que OSIRIS-Rex se vio algo superada por su propio éxito, logrando mucho más de lo esperado, algo que cuando se juega con parámetros tan precisos es tanto un triunfo como un problema. Todo apunta que al final será lo primera, y que pronto veremos a la sonda de regreso a casa con su preciosa carga. Y habiendo superado un pequeño problema de indigestión.

Un abundante éxito, dicho de forma literal.

jueves, octubre 01, 2020

La lunita de 1966

La enigmática naturaleza de 2020 SO, una futura y transitoria segunda luna de la Tierra.

Nuestro planeta tiene una única compañera de viaje, La Luna, de tal tamaño que su influencia gravitatoria seguramente impidió la existencia de cualquier otra luna. Sin embargo, de forma periódica, algunos pequeños asteroides se acercan lo suficiente y con una trayectoria y velocidad adecuada para ser atrapadas por la gravedad terrestre, entrando en órbita durante un tiempo limitado, hasta que su posición se hace tan inestable que termina por romper ataduras y seguir su camino. Son las "segundas lunas", transitorias y que suelen pasar desapercibidas al habitualmente objetos muy pequeños y oscuros.

2020 SO parece destinado, si los cálculos aciertan, a su captura por la Tierra este Octubre, permanecer en órbita durante unos meses, y seguir su camino en algún momento durante Mayo de 2021. Es decir, durante este periodo nuestro planeta tendrá una segunda luna, aunque estará solo al alcance de los telescopios de cierta potencia. Sin embargo viene con un cierto halo de misterio, ya que se está aproximando a una velocidad extremadamente lenta para ser un asteroide, y además siguiendo una órbita muy parecida y cuya reconstrucción permite deducir que estuvo muy cerca de nuestro planeta en 1966.

Todo esto abre la posibilidad de que no estemos ante un asteroide, sino ante un objeto artificial. No alienígena, sino de origen humano, la fase de impulsión de un cohete, y más concretamente de un cohete Centauro, cuyas dimensiones parecen coincidir con las estimadas para 2020 SO, entre 6 y 14 metros. ¿Hubo algún lanzamiento de un Centauro en 1966 y cuya órbita coincida con la de este visitante? La respuesta es afirmativa, el que lanzó la sonda lunar Surveyor 2, que al la postre fue un fracaso y posiblemente termino estrellándose en la Luna. El cohete impulsor siguió su camino hacia el espacio profundo, y ahora estaría de regreso. Si esta suposición es cierta o no lo sabremos las próximas semanas.

Las idea de fases de cohetes viviendo su propia aventura a través del espacio puede parecer extraña, pero no deja de ser habitual. Al final y al cabo, una vez que le han dado impulso a la sonda que transportar y separándose de ellas, nada las frena y siguen adelante. Se suele hablar de las Pioneer y las Voyager como las sondas más lejanas, por ejemplo, pero no tanto que por detrás de ellas también lo hacen las fases de impulsión que en su momento las alejaron de la Tierra y que también se dirigen hacia las estrellas. Otras, con objetivos no tan lejanos, quedaron en órbita solar y en ocasiones regresan a casa. Puede que 2020 SO sea un nuevo ejemplo de esta realidad tan poco conocida.
La órbita es increíblemente similar a la terrestre, lo que puede ser un indicio de su origen.

En 1966 se lanzó la Surveyor 2, que fue un fracaso. La etapa superior del cohete Centauro que la lanzó siguió su camino y quizás está regresando a casa.

miércoles, septiembre 23, 2020

Tienes un poco de Vesta en ti

Restos de ese asteroide en Bennu.

La historia de Vesta es el de un cuerpo cuya evolución lo aproximaba mucho a la de los planetas terrestres, con un interior lo suficientemente caliente como para provocar una diferenciación interna y señales de haber mantenido una pequeña etapa de actividad volcánica, lo que lo diferencia completamente del resto de asteroides dentro de los cuales se clasifica y lo aproxima a lo que se podría considerar un planeta, uno enano según la actual clasificación. Aunque seguramente se podrá considerar una especie de eslabón perdido entre unos y otros.

Hace unos mil millones de años, pero, el destino le hizo afrontar una catástrofe de proporciones inimaginables, un impacto con un enorme objeto que lo destrozó, creando un cráter de unos 400 kilómetros cuando Vesta apenas supera los 500, y que implicó la pérdida definitiva de una parte significativa de su masa, que dio lugar a los llamados Vestoides. No solo eso, sino que entre un 5-10% de todos los meteoritos que caen en la Tierra anualmente proceden de Vesta, lo que da una idea de la magnitud de lo ocurrido.

Y si caen en la Tierra, pueden caer en otros planetas...y quizás en otros asteroides. Y esto es lo que parece haber descubierto la sonda OSIRIS-Rex, una serie de seis rocas claramente más brillantes que su entorno, y cuya composición química, desvelada por el espectrógrafo de la sonda, muestra que son claramente diferentes del resto de Bennu y sospechosamente cercanas a los de los Vestoides. Descartado un origen "autóctono" de este tipo de material, todo apunta al impacto de uno de estos restos de Vesta sobre la superficie de Bennu.

Las observaciones recientes revelan que no es inusual que un asteroide tenga material de otro. Los ejemplos incluyen material oscuro visto por la sonda Dawn en la propia Vesta, una roca negra observada por la Hayabusa en Itokawa, y muy recientemente, material igualmente "alienígena" detectado por Hayabusa 2 en Ryugu. Lejos de permanecer aislados los asteroides parecen vivir en una eterna danza orbital que lleva a esta curiosa mezcla, ya que sus órbitas están sujetas a fuertes variaciones, causadas por interacciones con algún planeta, grandes impactos e incluso por la presión de la luz solar. Saberlo y ver sus consecuencias ayudará a trazar el complejo camino de Bennu y otros a través del Sistema Solar.

Desvelando los restos de Vesta en otro asteroide.

Vesta, la madre de la gran familia de los asteroides Vestoides, fruto de un gran impacto que dejó un cráter casi tan grande como la propia Vesta y significó la pérdida de una parte significativa de su masa. 

viernes, septiembre 18, 2020

Un reino más allá de Venus

Descubierto el primer asteroide que se mueve permanentemente dentro de la órbita de Venus.

La población conocida de asteroides del Sistema Solar es inmensa, alrededor de un millón, casi todos más lejos del Sol que la Tierra, con una parte cuyas órbitas les llevan a aproximarse a nuestro planeta y en algunos casos cruzar nuestra órbita puntualmente, los llamados NEOs. Una pequeña fracción de este total se mueve permanentemente por dentro de la órbita terrestre, entre la Tierra y Venus. Y, según los modelos existentes, tendría que existir una población aún más diminuta que lo hace aún más cerca del Sol, viviendo siempre por dentro de la órbita venusiana. Se les asigna incluso un nombre, los Vatiras, aunque no dejaban de ser cuerpos teóricos. Hasta ahora.

Bajo la dominación técnica 2020 AV2 se esconde un recientemente pequeño asteroide de unos 2 kilómetros de diámetro que vive completamente por dentro del órbita de Venus, siendo así el primero conocido y el más cercano al Sol del que tenemos constancia, tan cerca que su punto de máximo alejamiento del astro rey es de 0,64 Unidades Astronómicas. No es algo inesperado, pues ya se había teorizado la existencia de una población más allá de Venus, pero si lo es su tamaño, ya que los actuales modelos no predecían asteroides tan grandes.

Esto indica que podría ser algo excepcional, quizás uno llegado del Cinturón entre la Tierra y Marte, o incluso desde dentro de la órbita de Mercurio, donde también se teoriza que existe otra población aún desconocida. Pero otra opción, quizás la más probable, es que 2020 AV2 sea solo el primer representante de los Vatiras descubierto, y que le seguirán otros, como ocurrió con los cuerpos que pueblan el Cinturón de Kuiper, donde una vez "caído" el primero rápidamente le siguieron otros. El tiempo dirá.

Si es el caso deberemos rescribir, una vez más, lo que creemos saber de nuestro hogar planetario. Algo que cada vez debemos hacer con mayor asiduidad, y que lejos de ser algo negativo, muestra hasta que punto estamos avanzando hacia nuevos horizontes.

La órbita de 2020 AV2, en amarillo, situada enteramente entre las de Venus y Mercurio.

El movimiento del primer Vatiras conocido en el cielo terrestre.

El espectro de 2020 AV2 parece coincidir con un asteroide de tipo S, con abundancia de Silicio. Esto es parecido a lo que vemos en la población interna del Cinturón de Asteroides entre Marte y Júpiter, lo que podría indicar su origen.

Astronomers Have Discovered a 2-km Asteroid Orbiting Closer to the Sun than Venus

martes, septiembre 15, 2020

Lluvia de piedra

Revelado el ciclo regular en las erupciones de Bennu.

En Enero de 2019 la OSIRIS-Rex reveló que el asteroide que estaba explorando era aún más extraordinario de lo que parecía inicialmente. Todo empezó con una observación del "horizonte", detrás del cual aparecía el fondo de estrellas. Sin embargo algo raro se veía en ellas, una aparente concentración estelar que no se correspondía a ninguna agrupación conocida, 200 puntos de luz donde solo deberían verse unos 10, y que pronto fue identificada cono una erupción pequeñas partículas que se elevaban desde la superficie. La primera de muchas, ya que desde entonces las cámaras de la sonda han captado más de 300 eventos de esta clase.

Bennu se revelaban como un asteroide activo, algo que parecía reservado a los cometas, mostrándose por tanto como un mundo que pese a su diminuto tamaño, era un lugar dinámico y cambiante, con una lluvia de pequeñas partículas, con un tamaño máximo de unos 6 centímetro, que llueve sobre la superficie a cámara superlenta. Y lo hace mediante ciclos que parecen seguir un patrón ciertamente regular, siempre durante el atardecer. Eso refuerza que una de las fuentes de esta actividad es la fractura térmica de las rocas superficiales, que se ven sometidas a rápidos ciclos (4.3 horas que dura la rotación del asteroide) de calentamiento y enfriamiento, lo que al final provoca que algunas se partan, lanzando fragmentos que, por la ínfima gravedad, se alejan durante horas antes de caer, entrando incluso en órbitas suborbitales antes de descender de nuevo. Así de tenue es el lazo que mantiene unido este cuerpo.

Un proceso cíclico al que posiblemente se añade el impacto de pequeños meteoritos, que igualmente producen erupciones de partículas notables. La suma de ambos factores explica la actividad del asteroide, que pese a ello apenas pierde masa, ya que las partículas son muy pequeñas y la inmensa mayoría terminan regresando "a casa". Un descubrimiento más que interesante para entender su naturaleza, además de revelar un potencial peligro a la hora de realizar las operaciones de tomas de muestras, que la sonda deberán tener en cuenta. Una superficie cubierta de rocas y una lluvia de partículas son el exigente escenario al que se enfrentará en unas semanas.

La erupción del 19 de Enero de 2019, la primera captada por la OSIRIS-Rex y que reveló la extraordinaria actividad que experimenta este pequeño mundo.

sábado, junio 27, 2020

Las dos caras del futuro

El futuro objetivo de la misión DART y Hera recibe su nombre oficial.

En 2022 se iniciará una de las misiones interplanetarias más cruciales de las últimas décadas, y que buscará responder a la pregunta de si somos capaces, con la tecnología actual, de afrontar la amenaza de un asteroide y ser capaces de desviarlo de su trayectoria en caso de representar una amenaza clara. No se trata de espectaculares explosiones que lo destruyan, como en algunas películas, cosa imposible y que incluso si fuera viable solo convertiría un objetivo peligroso en muchos, sino de darle un "golpe", un pequeño impulso que cambia ligeramente su camino, suficiente para que pase sin riesgo. Y eso es lo que intentará la sonda DART.

El blanco de esta prueba será el asteroide Didymos, un sistema doble, formado por el cuerpo principal, de unos 780 metros de diámetro, y uno secundario, de unos 160, y que se podría considerar su luna. Y es en este último donde DART se estrellará, intentando provocar un ligero cambio en su órbita, que deberá ser confirmado por la sonda Hera, de la ESA, que llegará dos años después. Si el experimento es exitoso se habrá dado un paso de gigante a la hora de protegernos de estas amenazas cósmicas.

Y aunque sea un acto simbólico, lo cierto es que dar un nombre a un lugar parece convertirlo en algo mucho más real, casi como si pudiéramos tocarlo. Por ello este asteroide, que hasta ahora se llamaba de forma informal Didymos B (o Didymoon), acaba de recibir su nombre definitivo, Dimorphos, que en griego significa "tener dos formas". La idea detrás de ello es que, ciertamente, será un cuerpo diferente antes y después, no solo por el impacto sino porque su trayectoria quedará ligeramente alterada. Ciertamente será, a los ojos de los astrónomos, un objeto celeste de dos caras, creadas por la mano humana con el objetivo de tener un futuro que proteger.

DART, la primera misión destinada a intentar desviar la trayectoria de un asteroide.

La segunda parte de esta misión conjunta NASA-ESA, la sonda Hera, que estudiará a Dimorphos dos años después del impacto de DART.

sábado, abril 18, 2020

4 meses para Bennu

OSIRIS-REx completa el primer ensayo para la futura toma de muestras.

Dentro de cuatro meses, si no cambian los planes de su equipo en tierra, afrontará el momento más crítico de su larga misión al asteroide Bennu, cuando llegue tan cerca que su brazo de toma de muestras toque literalmente la superficie, en un intenso y fugaz encuentro, todo ello sin intervención humana. Será la propia sonda, de forma autónoma, la que deberá abrirse camino entre un terreno extremadamente accidentado, tomando las decisiones necesarias para esquivar los amenazas y lograr su objetivo final. Nada sencillo, ya que Bennu resultó un lugar más inaccesible de lo que nadie imaginaba.

Actualmente, aunque con las limitaciones que implica un equipo humáno mínimo, se está trabajando intensamente para preparar ese momento, y el pasado 14 de Abril asistamos al primer ensayo general de lo que será tal evento. Ese día la OSIRIS-REx inició el camino hacia la superficie, tal como si fuera a afrontar ya su meta, aunque "solo" se hicieron dos de las cuatro maniobras previstas, que llevaron a la sonda a solo 75 metros por encima del asteroide antes de ascender de nuevo a una distancia segura.

La sonda se comportó de forma perfecta, y a las maniobras de aproximación se sumó el despliegue del brazo robótico, cuyas cámaras y sensores aprovecharon para tomar datos de la zona elegida. En Junio llevará a cabo el segundo simulacro, que servirá para constatar, de forma definitiva, que, el sistema de navegación autónoma está lista y preparada para su gran día, el 25 de Agosto, cuando todo por lo que se ha construido y lanzado esta misión afrontará su todo o nada.

Aproximación y alejamiento del asteroide, en una serie de maniobras realizadas de forma autónoma. Cuando llegue el gran día no se detendrá a 75 metros de altura, sino que seguirá hasta tocar la superficie con su instrumentos de recolección de muestras, que vemos en el centro de la imagen.

Así fue el primer simulacro de cara a la toma de muestras.

Rehearsal Time for NASA’s Asteroid Sampling Spacecraft

viernes, marzo 20, 2020

El gran asteroide de Abril

Nos visitará en unas semanas, pero sin peligro alguno para la Tierra.

Mientras el mundo centra su atención en la amenaza de la pandemia que estamos viviendo estas últimas semanas, otro tipo de peligro está siempre merodeando en nuestras cercanías. 1998 OR2 es un simple código que esconde lo que los astrónomos denomina una amenaza potencial, y que simplemente es una clasificación que se da a un cuerpo de cierto tamaño que cruce la órbita terrestre a menos de 7.5 millones de kilómetros de distancia. Esto es precisamente lo que ocurrirá el próximo 29 de Abril.

Aunque algunos medios y las redes le han dado un carácter peligroso, como si corriéramos peligro o se acercara (otro) fin del mundo, lo cierto es que este no es el caso. Con un tamaño estimado de entre 2 y 4 kilómetros, ciertamente un impacto directo podría generar daños a gran escala en nuestro mundo, pero en ningún momento estará más cerca de 6.3 millones de kilómetros, dentro del área que se considera potencialmente peligrosa en un futuro lejano, pero sin serlo ahora mismo. Podemos estar tranquilos en este aspecto.

Y es que OR2 no representa tampoco un peligro en un futuro a medio plaza, ya que no se aproximará de nuevo a nuestro planeta hasta 2031, y lo hará aún más lejos, unos 9 millones de Kilómetros. Las siguientes, en 2048, 2062 y 2079, aún serán más lejanas. Pese a los anuncios catastrofistas y los habituales bulos de internet, su visita representa, por encima de todo, una oportunidad para los astrónomos de poder estudiar este tipo de cuerpos celestes.

Dos imágenes del telescopio Elana, del Proyecto del Telescopio Virtual, que muestran a OR2 en el cielo nocturno el 16 de marzo de 2020, aproximadamente a 2045 GMT. Cada imagen es el promedio de 10 exposiciones separadas de 180 segundos. En la imagen superior, el telescopio siguió el movimiento del asteroide, por lo que el asteroide aparece como un punto blanco entre un mar de pequeños rastros de estrellas. Para la segunda imagen, el telescopio permaneció fijo en las estrellas, por lo que el asteroide tiene un pequeño rastro.

Su órbita durante la aproximación a la órbita terrestre. Nuestro planeta, pero, estará a una distancia segura.

El pan nuestro de cada día.

Giant 'potentially hazardous' asteroid will fly safely by Earth in April

miércoles, marzo 04, 2020

Un oscuro brillo para el futuro

Captando un agujero negro desde la OSIRIS-REx.

En ocasiones el Universo nos ofrece sorpresas inesperadas, detalles de su inmensidad y de las innumerables maravillas que en el se esconden. Una imagen, un datos, una señal en un instrumento que delata algo que no se buscaba, cualquier cosa puede servir para ampliar las miras de una misión de forma inconmensurable. Y pocas cosas lo son tanto, por las fuerzas allí implicadas, que los restos de una antigua estrella masiva, el negro pozo gravitatorio sin fin que nace de su muerte de brillo infinito.

El instrumento REXIS (Regolith X-Ray Imaging Spectrometer) fue construido como parte de un programa de colaboración estudiantil, para inspirar a las futuras generación de científicos e ingenieros en el diseño y desarrollo de misiones espaciales, y centrado en captar las emisiones de Rayos-X del asteroide Bennu, fruto de la incidencia de la radiación solar en su superficie. En eso estaba trabajando el pasado 11 de Noviembre de 2019 cuando captó una fuerte emisión, y lo más extraordinario, que no llegaba del asteroide, sino de un punto situado más allá. Mucho más allá.

El objeto resplandeciente resultó ser un sistema binario con un agujero negro activo, descubierto solo una semana antes por el telescopio MAXI de Japón. La detonación, posiblemente fruto de que estaba devorando materia de su estrella compañera, fue captado tanto por este como por el detector NICER (Neutron Star Interior Composition Explorer) instalado en la ISS, mientras que REXIS, desde miles de millones de kilómetros de la Tierra hacia lo propio, convirtiéndose en la primera detección de esta clase realizada desde el espacio profundo."Detectar esta explosión de rayos X es un momento de orgullo para el equipo de REXIS. Significa que nuestro instrumento está funcionando como se esperaba y al nivel requerido de los instrumentos científicos de la NASA", dijo Madeline Lambert, estudiante graduada del MIT que diseñó las secuencias de comando del instrumento que revelaron este evento casual.

Un pequeño regalo que el Universo le hizo a la OSIRIS-REx, y a través de ella a los amantes del espacio. Y todo gracias a un instrumento ideado y construido por aquellos que, un día, deberán liderar nuestra carrera hacia las estrellas.

Un invisible resplandor de un monstruo devorando a su compañera y situado a unos 30.000 años-luz  de distancia.

Posición de REXIS en la OSIRIS-REx.

NASA’s OSIRIS-REx Students Catch Unexpected Glimpse of Newly Discovered Black Hole 

viernes, febrero 14, 2020

Un asteroide binario a las puertas de casa

Descubriendo una luna en un asteroide que nos visitó recientemente

El mundo de los habitantes más pequeños del Sistema Solar es tan inmenso como variado, lejos de esa idea, ya desterrada, de que son simples "rocas" espaciales. Bien al contrario, existen de todo tipo, tamaño, forma y composición, muchos viviendo en solitario, otros formando sólidas parejas que comparten su existencia quizás desde los albores mismos de nuestro sistema planetario. Y es uno de estos últimos los que nos visitó por sorpresa hace unos días.

El asteroide 2020 BX12 fue descubierto por el sistema de observación ATLAS, en Mauna Loa, Hawaii, apenas unos días antes de que realizara su máxima aproximación a la Tierra, que ocurrió a principios de Febrero, cuando se situó a unos 4 millones de Kilómetros de nuestro planeta, una distancia aparentemente enorme, pero que a escala planetaria es muy poco, y con potencial para aproximarse mucho más en el futuro. En todo caso no existía peligro alguno en esta ocasión, y su visita fue por encima de todo una oportunidad de estudiarlo mediante radar, una técnica que para cuerpos tan pequeños da mejores resultados que las observaciones ópticas.

El radiotelescopio de Arecibo fue el encargado de escanearlo, proyectando hacia el visitante ondas de radio y captando el eco resultante, lo que permitió revelar algunas de sus características, como la forma, el tamaño, periodo de rotación o características superficiales. Sin embargo había algo más, una sorpresa inesperada, y es que 2020 BX12 no venía solo. Se descubría así que era un asteroide binario, con un cuerpo mayor, de unos 165 metros, descubierto en primer lugar, y un acompañante o satélite más esquivo, de unos 70 metros, y con un periodo orbital que hace pensar que existe un anclaje de marea, tardando este último lo mismo en completar una vuelta alrededor de su compañero que este en rotar sobre si mismo. Un escenario parecido al de la Tierra y La Luna.

Un descubrimiento sin duda curioso, que nos recuerda lo sorprendentes que pueden ser estos pequeños cuerpos celestes, que tanto deseamos conocer de cerca y al mismo tiempo tememos que se acerquen demasiado a nosotros.

El aparentemente esférico 2020 BX12 y su acompañante, que podríamos considerar una luna. El mayor brillo de este último es resultado de su velocidad y rotación, que le hace reflejar las ondas de radio de forma más intensa.

La órbita de esta pareja de visitantes.

El asteroide Ida y su pequeña luna Dactyl, visto por la sonda Galileo en 1993, y que fue el primer ejemplo conocido de asteroides con lunas.

Discovery Announcement of Binary System 2020 BX12

sábado, diciembre 14, 2019

El nido del ruiseñor

Así es el lugar escogido para la toma de muestras de OSIRIS-Rex.

La Hayabusa 2 ya esta camino de regreso a casa, llevando en su contenedor de muestras una preciada carga que los científicos de la JAXA y de todo el mundo esperan ya con expectación. Pero esta campaña de exploración de asteroides tenía más de una protagonista, y así, mientras la sonda japonesa ya está afrontando la parte final de su aventura, su contrapartida norteamericana se prepara para afrontar la siempre arriesgada y potencialmente peligrosa maniobra de toma de muestras, que implica acercarse lo suficiente a la superficie para ello. Y todo esto sin control alguno desde la Tierra, confiando en que la nave haga adecuadamente el trabajo por si misma.

OSIRIS-Rex lleva meses orbitando al asteroide Bennu, mapeándolo para conocer hasta el último rincón de este minúsculo mundo y así preparar el camino. Existían varios candidatos, cada uno de ellos estudiados en profundidad y en constante evaluación, de los que finalmente surgió el que tiene "mejor nota" y por ello es el elegido, el conocido como Nightingale, ruiseñor en nuestro idioma."Después de evaluar a fondo los cuatro candidatos, tomamos nuestra decisión final en función de qué sitio tiene la mayor cantidad de material de grano fino y qué tan fácilmente la sonda puede acceder a ese material con seguridad", explica Dante Lauretta, investigador principal. "De ellos, Nightingale cumple mejor con estos criterios y, en última instancia, garantiza el éxito de la misión".

Este punto está ubicado en un cráter del norte de 140 metros de ancho. El regolito es oscuro, y las imágenes muestran que el terreno es relativamente liso. Debido a que se encuentra muy al norte, las temperaturas son más bajas que en otras partes del asteroide y el material de la superficie está bien conservado. También se cree que el cráter es relativamente joven, y el regolito a quedado expuesto en tiempos recientes. Esto significa que el sitio probablemente permitiría una muestra prístina, dando al equipo una idea de la historia de Bennu.

No es un lugar falto de peligros, y por ello la OSIRIS-Rex tiene la capacidad no solo de realizar diversos intentos, sino de abortar definitivamente la maniobra y ganar altura si detectara que la situación es demasiado arriesgada para llevarla hasta su conclusión. En este caso regresaría a su órbita inicial y su equipo en tierra prepararía un nuevo intento en Osprey, el lugar de reserva seleccionado para tan circunstancia. Esperemos que no haga falta.

A lo largo de los próximos meses se seguirá estudiando ambos lugares para preparar todas las contingencias posibles, y a mediados de Agosto de 2020 llegará el momento de la verdad. El de Hayabusa 2 terminó con un triunfo absoluto, esperemos que OSIRIS-Rex también lo consiga.

Los cuatro lugares finalistas, de los que Nightingale es el elegido y Osprey el de reserva en caso de necesidad.

El largo camino a la superficie de Bennu.

NASA’s OSIRIS-REx in the Midst of Site Selection 

miércoles, diciembre 04, 2019

La luna que ardió en el cielo

Un brillante meteoro sobre Australia posiblemente era una miniluna terrestre.

El 22 de Agosto de 2016 una bola de fuego explotó sobre el desierto de este continente, aunque a suficiente altura como para no afectar a la superficie. No es un fenómeno poco habitual, ya que cada año se producen cientos de entradas en la atmósfera terrestre por parte de visitantes interplanetarios, desde objetos no más grandes que un grano de arena, hasta grandes rocas del orden de metros, de tamaño suficiente para generar grandes bolas de fuego, meteoros de un resplandor inusitado. Algunos son captados por cámaras de vigilancia, pero la mayoría ocurren sobre los océanos o zonas poco o nada habitadas, por lo que pasan inadvertidos. Así y todo vemos las suficientes como para tener una idea de su número.

El conocido como DN16082203 fue uno de ellos, observado sobre los cielos de Australia en 2016. Se podría considerar otro meteoro más, sin embargo la trayectoria y velocidad del objeto en su entrada en la atmósfera, y que pudo calcularse gracias a las numerosas imágenes recogidas por las cámaras del DFN (Australia's Desert Fireball), instaladas precisamente para intentar "cazar" este tipo de eventos, sugieren que no era un siempre objeto recién llegado desde las profundidades del espacio, sino que estaba en órbita alrededor de la Tierra hasta que finalmente fue fatalmente atraída hacia la atmósfera y se incineró en ella. Es decir, era una minúscula luna terrestre.

Aunque pueda parecer sorprendente, es un fenómeno recién descubierto y del que tenemos otros ejemplos. En 2006 se descubrió al pequeño asteroide 2006 RH120, de 2 o 3 metros de diámetro, en órbita alrededor de la Tierra, situación que se mantuvo durante 11 meses, hasta que finalmente se rompieron los lazos gravitatorios y este visitante siguió su camino. Se habían descubierto las minilunas, asteroides que quedaban atrapados en órbita terrestre temporalmente, convirtiéndose en lunas de nuestro planeta durante meses. Es la única conocida de momento, pero es seguro que esto ha ocurrido antes y seguirá ocurriendo en el futuro.

DN16082203 , junto con otro meteoro visto sobre Europa en 2014, son dos evidencias que esto es así, ya que todo indica que estaban en órbita terrestre hasta que ardieron en nuestros cielos. Eso implica ya tres las conocidas, aunque dos de ellas solo las descubrimos con su final, cuando esas desconocidas lunas ardieron en el cielo.

El final de DN160822_03 visto desde las diversas cámaras de la red de seguimiento de meteoros australiana.

2006 RH120, la "otra luna" de la Tierra durante 11 meses.

Scientists Spot Rare Minimoon Fireball Over Australia 

sábado, noviembre 16, 2019

Es la hora de regresar a casa, Hayabusa 2

La sonda japonesa, en camino hacia la Tierra.

Punto final a una de las mayores odiseas espaciales de los últimos años, durante las cuales hemos explorado, en órbita y desde la superficie, el asteroide Ryugu. Un tipo de cuerpo planetario que, a pesar de existir en números incalculables distamos de conocer a fondo, y que pese a la idea ya desfasada de simples "rocas inertes", han demostrado ser mucho más interesantes y complejos de lo que se creía antaño. Por ello todo lo conseguido ahora, y lo que se conseguirá una vez la sonda llegue a nuestro planeta y entregue las muestras recogidas, es de un valor difícil de cuantificar.

Fue este pasado 13 de Noviembre cuando un encendido de los impulsores químicos de la Hayabusa 2 rompieron los tenues lazos gravitatorios que la ligaban con Ryugu, tal como confirmó posteriormente la propia JAXA. Posteriormente llegó el encendido del impulsor iónico, que será el responsable, si funciona correctamente, de llevarla de regreso a la Tierra, un camino más fácil que el camino opuesto, ya que ahora mismo ambos cuerpos están relativamente cerca y no será necesario recorrer los 300 millones de kilómetros que debió cubrir en su viaje de idea. Se espera que alcance la vecindad de nuestro mundo a finales de 2020.

Cuando esto ocurra la Hayabusa 2, colocándose en una trayectoria que la llevaría a incinerarse en la atmósfera de nuestro planeta, lanzará una capsula con todo el material que se espera haya podido recoger, para su posterior recuperación. Esto marcará el punto final de este viaje, pero, a diferencia de su predecesora, no será el final de la sonda propiamente dicha. Después de completar el lanzamiento de la cápsula maniobrará para evitar la colisión y, con reservas de combustible aún destacables, iniciará un nuevo viaje a otro asteroide, posiblemente 2001 WR1, aunque esta vez solo para sobrevolarlo antes de perderse para siempre en las profundidades del espacio. Se espera que esto ocurra en algún momento a lo largo de 2023, aunque aún falta la confirmación oficial.

Se termina así este maravillosa aventura, el mayor y más rutilante éxito de Japón en el terreno de la exploración interplanetaria, en que lo aprendido por la anterior Hayabusa preparó en camino para su sucesora. Una gran noticia para la siguiente y aún más increíble aventura, la exploración y toma de muestras de las lunas de Marte, Fobos y Deimos. Viendo lo conseguido por las gentes de la JAXA, y que sin duda se aplicarán en ella lo ahora aprendido, podemos ver el futuro con esperanza.

Hayabusa 2 y algunos de sus rover en superficie nos dejó imágenes para la historia, testimonio de su tremendo éxito.

El posible futuro objetivo de la sonda, el asteroide 2001 WR1.

Japanese space probe Hayabusa2 set to return to Earth from asteroid Ryugu

viernes, agosto 02, 2019

Señales

Un asteroide nos visita por sorpresa.

Debemos aumentar los ojos que vigilen el cielo, y invertir en tecnologías que permitan afrontar este tipo de amenazas, siempre aparentemente lejana pero que han demostrado, una y otra vez, que pueden surgir casi de la nada. Y no porque aparezcan repentinamente, sino porque no tenemos suficiente capacidad de rastreo del espacio profundo para verlos a tiempo, no ya tanto los de tamaño kilométrico, que podemos considerar con bastante seguridad que los tenemos "cazados", sino aquellos del orden de los centenares de metros, suficiente pequeños para ser pasados por alto, y suficientemente grandes para provocar grandes daños en caso de impacto.

El pasado 25 de Julio vivimos otros de esos avisos. Ese día el asteroide 2019 OK, de un centenar de metros de diámetro, paso a solo 65.000 Kilómetros de distancia de La Tierra. Cerca, demasiado cerca, especialmente porque apenas se descubrió unos días antes. Es decir, que de haber llevado una trayectoria de colisión y ser más potencialmente mortífero, no habría tenido tiempo para nada. Un nuevo aviso.

Más indicativo de que debemos seguir desarrollando las tecnologías necesarias para aumentar nuestras capacidades de detección y identificación de estos pequeños asteroides, es que en realidad ya se había detectado semanas antes, pero nadie lo identifico como tal, dado lo diminuto de su brillo y la aparente poca velocidad a la que se movía con respecto a las estrellas de fondo. Una incapacidad a la hora de reconocer la amenaza del que se ha tomado buena nota y que se espera pueda desarrollarse nuevos software para los telescopios presentes y futuros dedicados a estas tareas.

La baja velocidad aparente camufló a 2019 OK, aunque no fue la única causa de su invisibilidad. Viaja en una órbita altamente elíptica, llevándola desde la órbita de Venus hasta más allá de la de Marte. Esto significa que el tiempo que pasa cerca de la Tierra y es detectable con las capacidades actuales es relativamente corto. Nuevamente una indicación de que debemos mejorar.

2019 OK ya es historia, y no pasará de nuevo cerca de nosotros hasta dentro de 200 años. No es una amenaza en un futuro previsible, pero el pequeño susto que significó detectarlo ya a las puertas de casa una roca de 100 metros de diámetro y las enseñanzas que extraigamos de ello quizás ayude que deje de serlo para siempre.

La órbita, ahora conocida de 2019OK.

El SONEAR (Southern Observatory for Near-Earth Asteroids Research), el primero en detectarlo de forma definitiva, unos días antes del encuentro.

La misión AIM y el telescopio Flyeye, alguna de las grandes apuestas para el futuro.

Asteroid´s surprise close approach illustrates need for more eyes on the sky

miércoles, julio 17, 2019

El gran triunfo de la Hayabusa 2

Recoletadas las primeras muestras jamás logradas del interior de un asteroide.

Debía ser una aventura extraordinaria, lleno de grandes momentos, grandes desafíos y, si se lograba alcanzar todos los objetivos, una de las misiones espaciales más importante de la última década. Y ciertamente los integrantes de la agencia espacial japonesa puedes estar muy satisfechos, eufóricos se podría decir, ya que su segunda aventura a uno de estos pequeños cuerpos celestes, lejos del camino de obstáculos y sueños a medio cumplir que fue la primer Hayabusa, es un éxito completo. El legado de esta última esta en buenas manos.

Fue este 11 de Julio cuanto Hayabusa 2 tocó de nuevo la superficie de Ryugu, pero esta vez no en un punto aleatorio, sino en un lugar muy concreto, el cráter creado por el SCI (Small Carry-on Impactor), la carga explosiva lanzada  por la sonda el pasado 5 de Abril y que con éxito creó una ventana a las capas internas del asteroide, lugares más protegidos del dura ambiente exterior que los materiales más superficiales, y que por tanto deben conservarse más inalterados desde los primeros tiempos del Sistema Solar. En definitiva, se buscaba acceder a una cápsula del tiempo, donde esperaba muestras de los orígenes. Y este tesoro ya está en manos de la sonda japonesa.

En Diciembre de 2019 se pondrá punto final a esta aventura, y con el material bien protegidos en recipientes protectores la Hayabusa 2 iniciará su camino de regreso a la Tierra. En Diciembre de 2020 una cápsula conteniendo todo ese tesoro aterrizará suavemente en nuestro planeta, siendo rápidamente recuperada y enviada a las instalaciones de la JAXA para iniciar su análisis. Será el final de esta ambiciosa misión, pero no de la sonda propiamente dicha. A diferencia de la primera Hayabusa, que se desintegró en la atmosfera, su sucesora tendrá una vida más allá.

Y es que con aún 30 kilogramos de combustible para sus impulsores, seguirá su viaje y intentará alcanzar otro asteroide y estudiarlo. El primer candidato es 2001 WR1, que forma parte de los llamados NEO, cuerpos cuyas órbitas los sitúan en ocasiones muy cerca de nuestro planeta. Si lo consigue, en un encuentro previsto para 2023, pondrá un broche de oro a su maravillosa aventura. Aunque eso, como se suele decir, ya es otra historia.

Momentos de euforia para el equipo de la Hayabusa 2.

La orbita de 2001 WR1, posible nuevo objetivo de la sonda una vez las muestras hayan sido enviadas a la Tierra.

Hayabusa 2 is the First Spacecraft to Sample the Inside of an Asteroid