En directo desde la ISS

Ultimas imágenes de Curiosity

Desplazamiento de arena durante la utilización de láser de ChemCam.
El viajero de las dunas.Cámara MAHLI.Sol 1215

sábado, febrero 06, 2016

La Luna del futuro

China hace públicas cientos de imágenes de Chang’e 3 y Yutu.

No es sencillo mantenerse al día del programa espacial del gigante asiático. Su misma política de comunicación, en sintonía con la del propio país, suele ser bastante opaca, y aunque se van publicando nuevos detalles sobre planes futuros y resultados de misiones en curso, el flujo de datos siempre suele ser limitado, "liberados" poco a poco, controlando exactamente cuando es el momento para hacerlo. ¿Puede cambiar esa actitud en en un futuro cercano? Como los propios entresijos de la política china, es dificil hacer suposiciones sobre lo que está por venir, pero si parece que, al menos en el terreno de la exploración espacial, se está abriendo lentamente. 

Un ejemplo de ello es la reciente llamada a la participación del gran público para que este proponga pequeñas cargas científicas para incorporar a las futuras misiones lunares. Un contacto, especialmente a través de las redes sociales, en crecimiento, y que con la futura Chang'e 4, que deberá aterrizar en la cara oculta de La Luna, se espera que vaya a más. Si es así no podría haber mejor noticia, teniendo en cuenta el creciente papel de China en el espacio y su ambicioso programa futuro, que incluye no solo su propia "ISS", sino una serie de observatorios orbitales y un horizonte en la exploración interplanetaria que se extiende no solo a La Luna, sino que ya mira hacia Marte y más allá.

Dentro de esta política de comunicación, tenemos la China's Planetary Data System, donde recientemente, ese mismo Enero de 2016, se publicaron centenares de imágenes inéditas de la misión lunar de Chang´e 3 y el rover Yutu, algo parecido a lo que hace la NASA con sus misiones, aunque la página dista de ser tan sencilla de utilizar. Afortunadamente The Planetary Society nos ofrece una recopilación de todas ellas, mucho más sencillo para todos: 

Chang'e 3 Yutu rover panoramic camera (PCAM) data released as of January 20, 2016 

Chang'e 3 lander terrain camera data (TCAM) released as of January 20, 2016

Chang’e 3 y Yutu representaron el primero intento de China, además coronado con éxito, de posarse suavemente en La Luna, y el regreso a ella desde que el Luna 24 soviético lo hiciera por última vez, hace ya 40 años. Es la diferencia temporal que aún separa al coloso asiático de lo logrado por los EEUU y la URSS en su momento, pero también un recordatorio de lo rápido de su avance, teniendo en cuenta que hasta hace pocos años la idea de un "programa espacial chino" era motivo de escepticismo, por no decir directamente de burla. Y con el primero dando hasta cierto punto "palos de ciego", y la segunda desaparecido, con su lugar ocupado por una Rusia llena de problemas económicos, quizás no esté tan lejos el día en que el esfuerzo de la Humanidad más allá de nuestro planeta tenga en este país, pensemos lo que pensemos de su sistema político, uno de sus pilares más decisivos.

Una pequeña recopilación de las imágenes ahora "liberadas". 

Fun with a new data set: Chang'e 3 lander and Yutu rover camera data

viernes, febrero 05, 2016

Llamando a las puertas de Júpiter

Juno completa el primero de los dos ajustes de trayectoria finales de cara a su entrada en órbita alrededor del gigante joviano.

Dentro de apenas 5 meses regresaremos al reino del mayor planeta del Sistema Solar, rememorando así los tiempos de la sonda Galileo, que, al igual que hace actualmente la Cassini en Saturno, llegó para quedarse y explorar este auténtico sistema planetario en miniatura. Poco tienen que ver en realidad una y otra, con objetivos muy diferentes y con expectativas de vida igualmente dispares, ya que mientras una permaneció en activo desde 1996 hasta 2003, la recién llegada solo aspira a un año de existencia, ya que afrontará campos de radiación mucho más intensos que su predecesora. Pero a pesar de ello no dejará de ofrecernos momentos emocionantes y, con toda seguridad, descubrimientos reveladores.

Su camino empezó en 2011, y ahora, después de un largo viaje durante el cual incluso regreso a La Tierra en 2013 para recibir el impulso necesario para escapar del pozo gravitatorio del Sol y "elevarse" hacia más allá del Cinturón de asteroides, se encuentra ya a solo 5 meses y 82 millones de Kilómetros de su objetivo. Tan cerca que afronta ya los ajustes finales de trayectoria, aquellos que deben "refinar" su camino para hacerlo exactamente como debe ser para que llegue por el lugar y el momento adecuado.

El 3 de Febrero Juno completó con éxito la primera de las dos maniobras previstas antes del encuentro, en un encendido de sus impulsores que cambiaron su velocidad en 0.31 metros por segundo. Puede parecer una variación insignificante, pero para una sonda que se prepara para un encuentro planetario puede significar la diferencia entre conseguir la órbita precisa una vez realizada la captura o no. "Este es el primero de los dos ajustes de trayectoria para afinar la órbita de Juno alrededor del Sol, perfeccionando así nuestra cita con Júpiter el 4 de julio", explica Scott Bolton, investigador principal de la misión.

La cuenta atrás para nuestro regreso a Júpiter está entrando en su recta final, recogiendo el testigo de Galileo. Llega la hora de darle al coloso del Sistema Solar la atención que se merece.
 
El largo viaje de Juno está ya cerca de concluir. Llega la hora de los ajustes finales.

Así será la entrada en órbita alrededor de Júpiter.

Posición actual de Juno, a 5 meses de su llegada al mayor planeta del Sistema Solar.

NASA's Juno Spacecraft Burns for Jupiter

jueves, febrero 04, 2016

Los 13 pequeñas magníficas

El primer vuelo del SLS llevará a bordo 13 CubeSats para su despliegue en el espacio profundo.

Nació entre dudas que nunca se han disipado del todo, rodado de "peros" que cuestionan tanto sus características, coste y posible ritmo de lanzamiento, como la necesidad misma de su construcción, especialmente teniendo en cuenta que compañías como Space X están también desarrollando lanzaderas pesadas y que el sector privado como puerta al espacio para los EEUU parece ser una de las piedras angulares de la actual administración. Y es que, al igual que el nave tripulada Orión, es una apuesta del Congreso, no de la Casa Blanca, nacido del enfrentamiento político como de la "humillación" que para muchos congresistas representa que su país, la primera potencia espacial, sea incapaz de lanzar vuelos tripulados por si misma desde la retirada de los Space Shuttle, y dependa de Rusia, con la cual las relaciones no pasan su mejor momento. Por no hablar de ver como los chinos también les adelantan en este aspecto.

Muchos interrogantes que habrían hecho que su cancelación, como ocurrió con el proyecto Constelación, no fuera una sorpresa. Pero lejos de ocurrir, el proyecto sigue adelante y superando etapas. Y en parte eso si que es una sorpresa.

2018 está marcado en el calendario de la NASA como el momento en que el primer SLS alzará el vuelo en lo que se conoce como Exploration Mission-1 (EM-1), y que servirá tanto como demostración de la capacidad del nuevo coloso (mayor que el Saturno V de las misiones Apolo) como para enviar una nave Orión no tripulada a un viaje más allá de la órbita lunar, el primer paso para el retorno de los vuelos tripulados a nuestro satélite, y preparando el camino para futuros vuelos al espacio profundo, con Marte como meta.

Pero Orión no viajará sola. Cada vuelo del SLS es costoso, y el espacio entre un lanzamiento y otro será notablemente extenso (2 de las críticas al proyecto), por lo que se quiere que cada vuelo se aproveche al máximo, trasportando la mayor carga posible. EM-1 no será una excepción, y hasta 13 pequeños vehículos espaciales, popularmente conocidos como CubeSats, viajarán también en el. Es lo que se conoce como carga secundaria, y de desplegarán una vez la principal (evidentemente la Orión) lo haya hecho y se encuentre a una distancia segura. Una auténtica flota de pequeñas exploradoras, con la mirada puesta en La Luna y más allá. Veamos algunas de estas 13 magníficas del espacio:

Skyfire: Realizará un sobrevuelo de la Luna, tomando imágenes de la superficie y su entorno, con el objetivo de añadir datos al proyecto Strategic Knowledge Gaps (SKGs)
de la NASA, que busca reducir el riesgo, aumentar la eficacia y mejorar el diseño de las misiones de exploración espacial robótica y humana. Después de dejarla atrás llevará a cabo demostraciones adicionales de la tecnología de los CubeSat adicional, incluyendo maniobras y operaciones pensando en futuros vuelos lunares e incluso en viajes al planeta rojo y sus lunas.

Lunar IceCube: Otro explorador hacia La Luna, donde se situará en una órbita baja, apenas a 100 Kilómetros de altura. Durante 6 meses explorará la superficie en busca de depósitos de agua helada y elementos volátiles, mapeando su distribución a lo largo del día lunar, así como en distintas latitudes y tipos de terreno. Como Skyfire, también servirá como plataforma de prueba tecnológica para futuras misiones interplanetarias.

Lunar Flashlight: Un nuevo CubeSat que se dirigirá hacia La Luna, en este caso para alcanzar una órbita polar. Su objetivo serán los posibles depósitos de hielo de agua accesibles para futuros establecimientos lunares que puedan esconderse en las sombras de los cráteres polares, y que buscará con su sistema de láser infrarrojos. Como sus compañeros de viaje, también será una plataforma de prueba tecnológica, y en su caso una demostración de que esta tipo de búsquedas se puede hacer a costes mucho más reducidos.

LunaH-Map: El 4º CubeSat lunar donde completará 141 órbitas para un total de 60 días terrestres de misión. Al igual que Lunar Flaslight, tendrá los posibles depósitos de agua helada del polo sur su objetivo, en su caso levantando mapas de la presencia de Hidrógeno, un indicio claro de la existencia de agua, y con ello extrapolar un modelo que permita definir su extensión y profundidad.

NEA Scout: Una misión de reconocimiento robótico, provisto de una vela solar, y que tendrá como objetivo explorar un asteroide perteneciente a la familia de los NEAs, aquellos cuyas órbitas les llevan tarde o temprano peligrosamente cerca de nuestro planeta. Aunque puede cambiar de aqué a 2018, su objetivo actual es 1991 VG, del que se espera que NEA Scout obtenga imágenes en alta resolución, de hasta 10 cm/Pixel, ofreciendo datos sobre su forma, rotación, composición de la superficie y otros aspectos de este pequeño viajero.

CuSP: Se situará en órbita solar, actuando como una auténtica estación meteorológica espacial, estudiando el viento solar, así como la forma en que este interactúa con el campo magnético terrestre y los efectos que esto provoca en nuestro mundo, así como en nuestra red de satélites de comunicación. También servirá como centinela, capaz de detectar la llegada de una CME horas antes de que alcance la Tierra.

BioSentinel: ¿Como afecta una estancia de larga duración a la materia viva? Es clave conocerlo para desarrollar la tecnología de protección necesaria, especialmente si queremos algún día dar el salto a Marte. Este CubeSat llevará en su interior células de levadura, y después de sobrevolar La Luna, se dirigirá a una órbita solar, estudiando su metabolismo y cambios. A lo largo de sus 2 años de actividad, irá exponiendo diversas muestras al ambiente interplanetario, incluida una reservada para cuando se cruce con una tormenta solar. Completados todos los experimentos, la carga científica será enviada de vuelta a la Tierra para su estudio.

Son estos solo algunos de los 13 CubeSats, en realidad, por tener su destino más allá de la órbita terrestre, minisondas espaciales, que llevará SLS en su primer viaje. El resto aún deben ser asignados entre todas las propuestas recibidas, aunque poco podemos dudar de que serán igualmente apasionantes. 

Todo ejemplo del que podría ser el futuro de la exploración interplanetaria, protagonizada no tanto por grandes sondas individuales, sino por una gran flota de pequeños exploradoras, mucho más baratas de construir, por eso mismo facilmente sustituibles si algo va mal, que se podrían lanzarse en grandes grupos y capaces, entre todas, de cubrir una parte importante de los objetivos científicos en otros mundos. Un camino alternativo que permitiría cubrirlos sin depender tanto de grandes y costosas sondas, tan dificil de hacer realidad (y más en tiempos económicamente inciertos) y tan desastrosos para la agencia responsable si algo falla en ellas. No para sustituirlas, ya que ciertas cosas solo pueden hacerlo grandes vehículos, pero si complementar su trabajo y extender nuestros horizontes mucho más de lo que podemos hacer actualmente.

SkyFire, preparando el camino para futuras misiones en superficie lunar y viajes al planeta rojo.

NEA Scout, con su vela solar desplegada, explorando el asteroide 1991 VG

Lunar IceCube, explorando la superficie lunar en búsqueda de recursos en forma de agua helada y otros elementos volátiles.

Lunar Flashlight, explorando el interior del reino de las sombras de los cráteres polares con un láser infrarrojo en búsqueda de depósitos potencialmente explotables.

LunaH-Map, rastrando la presencia de Hidrógeno en la Luna, y con el la existencia de grandes depósitos de agua helada.

CuSP, explorando el viento solar y como interacciona con la Tierra.

BioSentinel, afrontado un viaje de varios años más allá de la Luna para estudiar el efecto del ambiente espacial en la material viva.

NASA Space Launch System’s First Flight to Send Small Sci-Tech Satellites Into Space

miércoles, febrero 03, 2016

Gotas de Luna

Las fases lunares afectan, de forma muy pequeña pero medible, a la cantidad de lluvia caída.

Que nuestro satélite, el mayor en relación a su planeta de todo Sistema Solar (solo por detrás de Plutón y Caronte, aunque ya no entran en esta categoría), tiene un efecto medible y notable sobre la Tierra es de sobra conocido. Las mareas oceánicas son una de sus manifestaciones, así como el lento frenado de la rotación terrestre a causa de la fricción generada (que a su vez aleja a La Luna unos 3 centímetros al año). También es la responsable de mantener el eje terrestre más o menos estable, ya que de lo contrario, afectado por las mareas gravitatorias del Sol, su inclinación variaría de forma mucho más abrupta y extrema de como lo hace en realidad, con dañinas consecuencias para su habitabilidad. Un lazo invisible, pero intenso, se extiende entre ambos mundos.

El tirón gravitatorio de La Luna se nota en los océanos, pero también en la atmósfera. Cambios de presión atmosférica vinculados a las fases lunares se detectaron por primera vez en 1847, y de temperatura en 1932. Así, cuando la tenemos encima nuestro, su tirón gravitatorio hace que la atmósfera se abulte, al igual que provoca un aumento del nivel de las aguas, por lo que la presión o peso de la atmósfera en ese lado del planeta se eleva. Y la mayor presión provoca también un aumento la temperatura del aire en superficie. Es un efecto tenue, pero claramente medible, como recientes estudios han demostrado. ¿Pueden afectar estas oscilaciones lunares a la lluvia? La respuesta parece ser que si.

Así se asegura al menos un nuevo trabajo de investigación recientemente publicado en Geophysical Research Letters. Sus autores han utilizado 15 años de datos recogidos por el satélite TRMM (Tropical Rainfall Measuring Mission), una misión conjunta entre la JAXA y la NASA, entre los años 1998 y 2012, para señalar la correlación que existe entre las oscilaciones en la cantidad de lluvia caída y las fases lunares. Una variación mínima, apenas el 1% de la variación total en los ciclos lluviosos, no lo suficiente para afectar otros aspectos del clima o que las personas pueden percibir la diferencia, pero medible y que sale a la luz cuando se comparan los datos en largos periodos de tiempo. La Luna Llena lleva asociado, si hacemos caso a las estadísticas presentadas, a algo menos de lluvia, aunque a una escala solo perceptible mediante tecnología y a la acumulación de muchos años de observaciones. Lo mismo ocurre cuando esta en fase nueva y la tenemos justo debajo de nuestros pies.

Son datos más destinados al conocimiento científico de las intrincadas relaciones gravitatorias entre Tierra y Luna que algo que afecte a nuestra vida diaria. El efecto es tan tenue y se encuentra tan oculto por las otras oscilaciones y movimientos atmosféricos propios de nuestro planeta, de mucha mayor magnitud, que en la práctica no tiene importancia. No es necesario que miremos si hay Luna Llena para decidir si cogemos el paraguas o no. Pero nos recuerda hasta que punto nuestra compañera de viaje, lejos de ser una presencia inocua más allá de la luz solar reflejada que nos envía, es un mundo por derecho propio, y como tal es capaz de ejercer una influencia palpable en los mecanismos que rigen nuestro mundo.

Los datos del Tropical Rainfall Measuring Mission, que abarcan entre 10 ° S y 10 ° N, muestra una ligera disminución en la precipitación cuando la Luna está directamente encima o debajo de los pies del observador. El panel superior muestra la presión de aire, el del medio los cambios en la presión del aire, y el inferior muestra la diferencia precipitaciones de la media.

TRMM, el satélite de estudio de la lluvia de la JAXA y la NASA. Sus datos han sido clave en este estudio.

La distancia entre la Tierra y La Luna. A pesar del pequeño abismo que los separa, las fuerzas gravitatorias entre ambos son intensas y tiene un efecto visible, especialmente en este primera al disponer de océanos y atmósfera.

Phase of the Moon affects amount of rainfall

martes, febrero 02, 2016

En los albores de 2 millones de Soles

Una gigantesca nube de hidrógeno, en ruta para una futura colisión con nuestra galaxia.

Se la conoce con "Smith", y no es algo que hayamos descubierto recientemente. En realidad sabemos de ella desde los años 60, aunque no conocíamos exactamente hacia donde se dirigía. Y es que no es sencillo establecer el movimiento cuando eres una nube difusa perdida en el espacio intergaláctico, visible solamente por el efecto que causas en los objetos cósmicos de fondo. Pero con paciencia y la siempre inestimable ayuda del Hubble, ahora sabemos de donde viene y hacia donde se dirige. Y sorprendentemente ambos lugares son el mismo, la Vía Láctea.

Así lo delatan recientes estudios publicados por un equipo liderado por el Dr. Nicolas Lehner, de la Universidad de Notre Dame, y que se apoyaron en las observaciones del Hubble para, por un lado determinar su composición, permitiendo revelar que una vez estuvo situada en los brazos de nuestra galaxia (por ejemplo, midiendo las concentraciones de  elementos pesados, como el Azufre, revelando así que su composición es idéntica), y por otro determinar su trayectoria, que la llevará a una colisión directa con la Vía Láctea dentro de unos 30 millones de años, y que puede considerarse como la de un boomerang: Una vez estuvo en ella, fue expulsada hace unos 70 millones de años, y ahora está regresando de nuevo.

Y cuando llegue ese momento, lo celebrará con unos espectaculares "fuegos artificiales galácticos": Al entrar de nuevo en la galaxia, las perturbaciones gravitatorias generadas provocarán su colapso, y con este el nacimiento en cadena de nuevas estrellas. Un inmenso enjambre de Enanas rojas, gigantes azules, y seguramente algunas enanas amarillas, como nuestro Sol, verán la luz con su llegada. Como si nuestra ya adulta ciudad estelar recibiera una inyección de juventud, la región prevista donde Smith se precipitará de regreso al hogar del que fue expulsado, vivirá una explosión de nacimientos estelares, un eco de lo que pudo ser en sus primeros tiempos. No sabemos cuantas serán, pero si que la suma de sus masas será como la de 2 millones de Soles, pues esa es la masa que contiene Smith. Y casi todo el Hidrógeno, listo para dar vida a una nueva generación.

"Esta nube es un ejemplo de cómo nuestra galaxia está cambiando con el tiempo", explica Andrew Fox, del Space Telescope Science Institute en Baltimore, Maryland. "Nos está diciendo que la Vía Láctea es burbujeante, lugar muy activo donde el gas puede ser expulsado de una parte del disco y luego volver a caer en otro"."Hemos encontrado varias nubes de gas masivao en el halo de la Vía Láctea que pueden servir de futuro combustible para la formación de nuevas estrellas en su disco, pero, para la mayoría de ellas, sus orígenes siguen siendo un misterio", agrega el Dr. Lehner. "La nube Smith es sin duda uno de los mejores ejemplos que muestran que el gas reciclado es un mecanismo importante en la evolución de las galaxias".

Pero resta un enigma por responder:¿Cómo llegó la nube para llegar a su ubicación actual? ¿Qué fuerza o fenómeno la expulsó de la Vía Láctea, y cómo lo hizo para permanecer intacta? Una pregunta que sólo la investigaciones adicionales quizás pueden responder. Pero lo que si sabemos es que estamos en los albores de una tempestad estelar. Ocurrirá dentro de 30 millones de años, una eternidad para nosotros, pero poco menos que un instante a escala cósmica. Y ese día los cielos galácticos, al menos en la región donde se produzca la llegada de esta nube errante, brillarán con la luz de millones de nuevos soles. Y, quién sabe, de nuevos mundos.

La trayectoria estimada de la nube Smith, desde el momento en que fue expulsada, por razones desconocidas, de la Vía Láctea, hasta su futuro regreso, cuando provocará una explosión de natalidad estelar.

Usando el espectrógrafo del Hubble se estableció la comisionan de la nube, observando como afectaba Smith a la luz de 3 objetos cósmicos del estado profundo.

Smith es invisible a nuestros ojos, pero si no lo fuera sería un espectáculo increíble, cubriendo una parte de la Bóveda Celeste mucho mayor que la Luna llena. 

Monstrous gas cloud on collision course with our galaxy will create 2 million suns

lunes, febrero 01, 2016

El gran libro de un pequeño mundo

La atmósfera en infrarrojo y más hielo de agua de lo esperado en la superficie, entre los últimos datos recibidos de la New Horizons.

Seguimos viviendo un auténtico sobrevuelo virtual de Plutón. La sonda hace meses que lo dejó atrás, millones de Kilómetros lo separan ya del que fue su gran momento, pero los datos siguen llegando lentamente, fruto de la distancia y de una capacidad de transmisión limitada. Por ello seguimos descubriendo, semana a semana, nuevas facetas de este pequeño mundo. Y en esta ocasión nuestra mirada se dirige a su atmósfera y a la composición de su compleja y extraña superficie.

En primer lugar tenemos la primera imágen infrarroja tomada por LEISA (Ralph/Linear Etalon Imaging Spectral Array) de su tenue atmósfera. Fue captada poco después del encuentro, cuando New Horizons se encontraba a 180.000 kilómetros más allá del planeta, cubriendo una gama espectral que se extendía entre las 1,25 y las 2,5 micras, dividida en 3 canales (Azul, Verde y Rojo). Observamos como esta se manifiesta en forma de un anillo azulado (que corresponde a la más corta de las frecuencias de LEISA) provocada por la dispersión de la luz solar por parte de las partículas de neblina que en ella se acumulan, hidrocarburos de una fracción de un micrómetro de tamaño. La imagen infrarroja, cuando se combine con imágenes anteriores realizadas en longitudes de onda visibles, dará a los científicos nuevas pistas sobre la distribución y tamaño de dichas partículas. 

Destacan también algunos parches blanquecinos, y que es el brillo de las zonas más reflectantes y lisas de Plutón, especialmente Cthulhu Regio, que es la responsable de la mayor de ellas. LEISA aún guarda mucha información para enviar a la Tierra, entre ella la que corresponde a la sección que falta, y que permitirá tener una visión completa de la atmósfera en esta parte del espectro.

También es LEISA la protagonista de la segunda noticia, ya que de sus datos de la superficie, en este caso tomados desde 108.000 kilómetros justo antes del encuentro, se permite ahora extrapolar que el hielo de agua tiene una presencia en ella muy superior a lo esperado. Este elemento es como el lienzo de un cuadro, sobre el cual otros hielos más volátiles, como el de Metano, van dibujando sus patrones estacionales, por lo que ahora se muestre que tiene una presencia en superficie más extendida de lo que se sabía anteriormente es un descubrimiento importante, ya que ayudará a construir un modelo climático de Plutón más preciso.

Pero si la amplia detección de hielo de agua es destacable desde el punto de vista científico, no lo es menos su total ausencia en Sputnik Planum (el corazón), y Lowell Regio, en la parte superior del disco, el casquete polar, incluso con un mapa de tanta sensibilidad como el conseguido por LEISA. Esto indica que, al menos en estas regiones, el lecho de roca helada de Plutón está totalmente cubierto por una espesa capa de otros hielos, como los de Metano, Nitrógeno y Monóxido de Carbono. En el primer caso no deja de añadir aún más misterio a una zona cuya juventud, 10 millones de años como mucho y posiblemente menor, sigue dejando perplejos a los astrónomos. Es sin lugar a dudas la protagonista absoluta de esta misión, y seguro que seguirá dando que hablar durante mucho tiempo.

Seguimos, por tanto, escribiendo nuevas páginas del gran libro de la New Horizons y su aventura en Plutón. La descarga de datos e imágenes concluirá a finales de este año, pero incluso así posiblemente no significará ni mucho menos que se haya llegado a su conclusión. Su continuo estudio, análisis y aplicación de nuevos modelos seguramente seguirán produciendo nuevos resultados incluso más allá de dicha fecha.
 
El hielo de agua presente en la superficie, en mayores cantidades de lo esperado. Destaca por eso mismo su total ausencia en Sputnik Planum y Lowell Regio, lo que delata una capa de hielos de otro tipo bastante gruesa, capaz de ocultar su presencia incluso a un instrumento tan sensible como LEISA.

La neblinosa atmósfera de Plutón en luz visible. Cuando tengamos el mapa completo en infrarrojo de LEISA, la combinación de ambas visiones permitirá conocer mejor su compleja estructura. 

Pluto's Blue Atmosphere in the Infrared

Pluto’s Widespread Water Ice

domingo, enero 31, 2016

Post Vintage (170): Cuando un mundo se desvanece

El telescopio espacial Hubble observa por primera vez la desintegración de un asteroide.

"Es una roca, y verla deshacerse ante nuestro ojos es asombroso", exclama David Jewitt, investigador de la Universidad de California en Los Ángeles (EE UU) y director de esta auténtica investigación "forense" interplanetaria. Y no hay para menos. Hemos sido testimonios en numerosas ocasiones de como un cometa literalmente deja de existir, algo no tan extraño si tenemos en cuenta, además de su composición y órbitas extremadamente elípticas, las fuertes tensiones a las que se ven sometidos cuando se aproximan al Sol, con grandes erupciones de gas que pueden terminar por ser demasiado para estos pequeños viajeros celestes. Pero que ocurra en un asteroide, que no tiene estos condicionantes, resulta mucho más dificil, hasta el punto de que nunca se observó nada parecido.

Hasta ahora. P/2013 R3 era un asteroide que fue detectado por primera vez el 13 de Septiembre de 2013 por los sistemas de observación Catalina y Pan-STARRS, mostrando ya en ese momento un aspecto extrañamente difuso. Pocos días después el telescopio Keck en Mauna Kea, Hawaii, revelaba que estábamos antes al menos 3 cuerpos independientes envueltos en una nube de partículas de un tamaño parecido al de La Tierra, que se convirtieron en 10 a través de la superior resolución del Hubble, los 4 mayores de unos 200 metros de diámetro. Cada fragmento de lo que un día fue un pequeño mundo se está separando de sus "hermanos" muy lentamente, a 1.5 Kilómetros/Hora, en un proceso de destrucción que se inició a principios de 2013.

"Es algo muy extraño de observar, nunca habíamos visto nada como esto antes", explica Jessica Agarwal, del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar. "La ruptura podría tener muchas causas diferentes, pero las observaciones del Hubble son lo suficientemente detalladas que en realidad podemos identificar el proceso responsable".

La opción del impacto con otro cuerpo se puede descartar por el constante descubrimiento de nuevos fragmentos y la lenta velocidad con la que se están separando, ya que un evento catastrófico de este tipo sería mucho más rápido en todos los sentidos. Igualmente una fractura fruto del calentamiento y vaporización de hielos interiores, que habrían provocado su colapso final, también se descarta, ya que se trata de un objeto extremadamente frío, que parece haber mantenido una distancia al Sol de alrededor de 480 Millones de Kilómetros durante la mayor parte de la larga historia del Sistema Solar.

Esto deja un escenario donde el asteroide se está desintegrando debido al sutil efecto de la luz solar, que provocó que la velocidad de rotación fuera aumentando lentamente con el tiempo, hasta que finalmente la fuerza centrífuga pudo con su integridad, seguramente ya muy dañada por numerosas colisiones antiguas y no destructivos con otros asteroides, daños que se cree podemos encontrar en la mayoría de los asteroides pequeños. Esta aceleración es lo que se conoce como efecto YORP, donde la emisión de radiación infrarroja por parte de la superficie calentada por el Sol hace acelerar o frenar, según las circunstancias, la rotación de un objeto. P/2013 R3 se encontraba, fatalmente para el, en este primer grupo.

Sus restos, de una masa aproximada de unas 20.000 Toneladas, terminarán en su mayor parte precipitándose sobre el Sol, aunque algunos de ellos es posible que un día iluminen nuestro firmamento, en fugaces destellos de luz que iluminen la noche. Serán los últimos ecos de un pequeño mundo que un día, después de haber soportado una larga y complicada vida llena de peligros, finalmente ya no pudo aguantar y se desvaneció en la oscuridad.

La secuencia de la ruptura y lenta dispersión de este asteroide, a partir de imágenes tomadas por el Hubble.

Descartadas las opciones de una colisión o una actividad interna parecida a la de un cometa, la ruptura por un aumento de la velocidad de rotación como consecuencia de la luz solar parece la respuesta más probable.

El telescopio Hubble, un veterano observador del firmamento con aún mucho camino que recorrer.

El asteroide Itokawa, visto por la sonda japonesa Hayabusa, apareció ante nuestros ojos como una agrupación de escombros, mostrando una dura y complicada vida llena de colisiones, no fatales pero si que dejaron su huella en el. Se cree que la mayor parte de los asteroides pequeños están estructuralmente muy dañados por millones de años de colisiones.

Hubble witnesses an asteroid mysteriously disintegrating

sábado, enero 30, 2016

Lanzar. Aterrizar. Repetir

Blue Origin marca otro hito en la historia al reutilizar con éxito su cohete New Shepard.

Vivimos una nueva era de competencia, en que los adversarios buscan continuamente superarse, ir un paso más allá que el otro, reaccionando a los éxitos contrarios con otros que los superen. Una carrera emocionante, pero que al contrario que lo ocurrido décadas atrás, donde dos superpotencias luchaban por la supremacía espacial y el prestigio a ello añadido, ahora son empresas privadas las que lo protagonizan el enfrentamiento. Por un lado la más que famosa Space X. Y pisándole los talones Virgin Galactic, Sierra Nevada Corporation, Orbital Sciences Corporation o Blue Origin. Cada una con sus objetivos, algunos compitiendo entre ellos, otros complementándose unos a otros. Pero todas abriendo nuevos caminos hacia las estrellas.

Blue Origin es la protagonista más reciente. Y es que si bien sus objetivos son más modestos (turismo espacial) que los Space X, está siendo capaz de adelantarse a ella en uno de los pilares básicos, quizás el mayor de todos ellos, en cualquier plan de expansión espacial: La capacidad de reutilizar el mismo cohete lanzadera, que sea este capaz de regresar y aterrizar por si mismo, listo para un nuevo viaje. Un objetivo que permitirá reducir drásticamente los costes, haciendo que el acceso al espacio sea mucho más asequible y rentable.

Y si es que Space X lo logró en una ocasión (seguida de otra donde técnicamente se logro de nuevo, aunque el fallo de una de sus patas terminó por hacerlo caer), hasta ahora no hemos visto un cohete lanzador despegar de nuevo después de haber viajado al espacio y regresado a tierra. Hasta ahora.

Blue Origin se adelantó de nuevo a Space X el pasado 22 de Enero, cuando su cohete New Shepard, que ya había volado con anterioridad, despegó de nuevo desde su base en Van Horn, Texas. Se elevó hasta los 101,7 Kilómetros de altura (oficialmente ya en el espacio, cuya frontera esta establecida en los 100), transportando un prototipo de la cápsula que quiere utilizar en el futuro. Después de completar esta operación, regresó a tierra, aterrizando sin mayores problemas, y aparentemente listo para futuros viajes. Al igual que su cargamento, que lo hizo con unos más convencionales paracaídas. Un éxito a todo los niveles, que demuestra los notables avances realizados por la compañía de Jeff Bezos, que parecen haber superado todos los posibles problemas y dificultades que implica un aterrizaje de este tipo.

Seguir realizando lanzamiento y aterrizajes para refinar los sistemas, y desarrollar un nuevo motor criogénico, el BE4, que ofrecerá un 500% más de impulso que el actual BE-3, así como una cápsula orbital, son los siguientes objetivos de Blue Origin, que está en una dura lucha con Virgin Galactic, ya que ambas compiten en el mismo terreno, el del turismo espacial. Space X mira hacia horizontes mucho más amplios y ambiciosos, pero de momento debe ver como otro compañía, mucho más modesta que ella, le lleva la delantera a la hora de reutilizar cohetes, pieza central de todo su proyecto. Aunque nadie duda que también lo conseguirán. Es lo maravilloso de la competitividad bien entendida, ya que nada hay que llene de ardor los corazones humanos que el deseo de ser los primeros.

Lanzar. Aterrizar. Repetir. Esta es la clave del futuro para las compañías privadas que buscan abrirse camino hacia el espacio. Una realidad cada vez más cercana.

Space X logró también el lanzamiento y aterrizaje de su Falcon 9, con el añadido de que este fue un vuelo destinado a poner en órbita un satélite, no un salto al espacio para regresar rápidamente. Pero este no volará de nuevo, destinada a ser un banco de pruebas para los técnicos de Space X.

Blue Origin Reaches Another Milestone: Reusable Rocket Launches and Lands Safely

viernes, enero 29, 2016

El mundo de Himawari

Observando el paso del día desde la órbita geoestacionaria.

Los satélites meteorológicos son, junto con los de comunicaciones y los de posicionamiento, uno de las piedras angulares de nuestra civilización. En realidad forman tanto parte de nuestra vida diaria, principalmente a través de uno de sus frutos finales, los partes meteorológicos que nos acompañan a diario, que nos solemos olvidar de ellos. Damos por hecho el siguiente mapa del tiempo, la siguiente imágen de una borrasca aproximándose con la promesa de una lluvia necesaria o de un anticiclón que se prepara asentarse en nuestra región y asegurarnos una buena temporada de estabilidad, del anuncio de la llegada de una ola de frío o calor, o del avance y retroceso de los hielos invernales o de la formación de los temidos huracanes, siguiendo su ruta para saber si nos encontramos o no en su camino. Pero nada de ello sería posible sin su existencia.

Una de ellos, lanzado en Julio de 2015, es Himawari 8, de la agencia meteorológica Japonesa. Y es de esta reciente incorporación a la flota climática de la Tierra, de donde nos llega esta espectacular demostración de su enorme capacidad visual, lógica por otra parte teniendo en cuenta lo reciente de su construcción. Una visión espectacular del paso del tiempo en nuestro planeta desde su privilegiada posición, en la órbita geoestacionaria, la distancia donde el tiempo que se tarda en completarla es el mismo que el que tarda nuestro planeta en girar sobre si mismo. El resultado es una visión aparentemente estática del mundo, ideal para poder monitorizar un hemisferio concreto y de forma permanente, siguiendo así la evolución de sus patrones climáticos.

Pero mientras otros están "anclados" al Atlántico (como es el caso de los conocidos MeteoSat), este centra su atención sobre el Pacífico y las costas del lejano oriente, lógico teniendo en cuenta su procedencia. Para los "hombres y mujeres del tiempo" del país del Sol Naciente, la serie de satélites Himawari es tan importante para hacer sus predicciones como lo pueden ser los mencionados MeteoSat para nosotros. Y para muchos otros campos, ya que es un auténtico sistema de vigilancia climática, no poco importante para unas islas tan acostumbrada a los azotes llegados en forma de ciclones.

El día y la noche se suceden ante Himawari 8, y con ellos toda la turbulencia de nuestra atmósfera, con innumerables patrones que se suceden sin descanso. De aquí deben los meteorólogos sacar las pautas, sumar todos los datos disponibles, y realizar una proyección de su futura evolución. No resulta extraño que en ocasiones se equivoquen. En realidad que las predicciones a corto plazo suelan tener un nivel de acierto tan elevado (a pesar de las malas lenguas), y las de medio y largo plazo sean razonablemente certeras resulta extraordinario, mostrando el maravilloso trabajo realizado por todos ellos.

Es, en resumen, una visión fascinante de nuestro hogar planetario, una demostración de como lo observan los vigilantes del clima que tan olvidados tenemos, una prueba de la enorme capacidad de este recién llegado (especialmente si observamos sus imágenes a máxima resolución) y, por encima de todo, un recordatorio tanto de su existencia como de la belleza del azulado mundo que habitamos. El mundo de Himawari.

Un día en la vida del planeta Tierra.

El lanzamiento de Himawari 8.

Seeing One Day Pass on Earth from Space Is Beyond Stunning

jueves, enero 28, 2016

Una relación a muy larga distancia

2MASS J2126, un mundo a un billón de kilómetros de su Sol.

¿Cual es el límite en el abrazo gravitatorio de una estrella? Cuan lejos pueden llegar a encontrarse realmente los principales miembros de un sistema planetario sin que se rompan las tenues ataduras que los retienen? Es una pregunta que recientemente, con el anuncia de nuevas evidencias que apoyan la posibilidad (y siempre recordar que es solo eso) de que exista un 9º planeta mucho más allá de Neptuno, nuevamente muchos se hacen. ¿Es posible que un planeta, un gran planeta gaseoso, pueda existir tan lejos de sus compañeros planetarios, tan lejos que el Sol es apenas ya una estrella extremadamente brillante? A tal distancia que necesitaría varias decenas de miles de años en completar una órbita?

Nada parece impedirlo, o al menos así parece indicarlo el reciente descubrimiento, por parte de un equipo de astrónomos de los EEUU, Gran Bretaña y Australia, de un mundo cuya distancia a su estrella desafía cualquier capacidad de la mente humana por imaginarlo: 1 Billón de Kilómetros. 1 millón de millones. 7.000 veces la distancia entre La Tierra y el Sol. Tan lejos que tarda casi 1 millón de años terrestres en completar una órbita, y siendo su estrella un astro muy joven, con una edad estimada, a partir de su espectro de luz y la absorción del Litio en ella presente (cuando más tiene más joven es) entre menos de 45 y más de 10 millones de años, que apenas puede haberlo hecho demasiadas veces, algo menos de 50 en el mejor de los casos. Un mundo de apenas 50 años de vida. De sus años, se entiende.

2MASS J2126 no es un descubrimiento reciente, pues se conocía su existencia desde 2008. Pero hasta ahora se creía que este enorme planeta (11-15 masas jovianas), en el límite entre lo que consideramos un gigante gaseosos y una Enana Marrón, una estrella fallida, no estaba ligado a ninguna estrella, sino que era lo que conoce como un planeta libre, moviéndose sin ataduras por el espacio interestelar. Sin embargo nuevas observaciones revelaron que tanto el una enana roja llamada TYC9486-927-1 se desplazan al unísono, revelando así su relación. "Este es el sistema planetario más amplio jamás encontrado hasta el momento y ambos miembros se conocen desde hace ocho años", explica el Dr. Deacon, uno de los autores de este descubrimiento. "Pero nadie había los había vinculado antes. El planeta no es tan solitaria como nosotros pensamos inicialmente, pero es sin duda mantienen una relación a muy larga distancia".

¿Como llegó a esta situación? No los sabemos. Podría haberse formado libremente (junto a las estrellas, que nacen en grupo, suelen hacerlo también una inmensa cantidad de Enanas Marrones y gigantes gaseosos) y capturado posteriormente. Quizás fue capturada de otro sistema planetario, donde se mantenía con lazos gravitatorios aún más débiles. O puede que ambos se formaran juntas, como un sistema binario, donde una tuvo la suficiente masa para "encenderse", aunque sea en forma de una tenue Enana Roja, mientras que su pequeño compañero, que quedó lejos de tenerla, nunca lo logró, quedando como la sombra de lo que nunca fue.

Sea cual sea la respuesta, la realidad es que tenemos ante nosotros un sistema planetario donde entre ambos miembros extienden un abismo, manteniendo una relación a muy larga distancia. Son astros solitarios, aunque no están solos. Pero posiblemente nadie que pasara cerca de ninguno de ellos se daría cuenta de ello.

Imagen infrarroja, aquí representado en falso color, de TYC 9486-927-1 y 2MASS J2126, así como la proyección de sus respectivos movimientos a través del espacio. 

Descubren el mayor sistema solar conocido

A lonely planet and its distant star