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martes, septiembre 29, 2020

Los navegantes del cielo

El viaje de entrada y salida de nuestra atmósfera por parte de un pequeño meteoroide.

La Tierra vive bajo una constante lluvia de materia interplanetaria, en una magnitud que se puede medir en cientos de toneladas anuales. La atmósfera, como un eficaz escudo, nos protege de la inmensa mayoría de estos restos del nacimiento del Sistema Solar, incinerándolos en forma de las llamadas estrellas fugaces para las partículas más pequeñas, meteoros en el caso de objetos mayores, y meteoritos en aquellos casos que, mucha veces ya fragmentados por la fricción atmosférica, alcanzan la superficie. Esos son los destinos a elegir entre todos los que afrontan un encuentro directo con nuestro planeta. Pero en ocasiones alguno de estos viajeros sobreviven de la forma más inesperada.

De los miles que nos alcanzan, un pequeño puñado de rocas espaciales son capaces de evitar su destino al alcanzar la Tierra con un ángulo y velocidad tal que literalmente "rebotan" en las capas altas de la atmosfera, como una piedra plana, lanzada con gran velocidad y con un ángulo muy cerrado, es capaz de rebotar en el agua en diversas ocasiones antes de hundirse en ella. Solo que es estos casos, estos viajeros regresan al espacio y siguen su camino.

El último ejemplo de estas navegantes de los cielos ocurrió este pasado 22 de Septiembre de 2020, sobre los cielos del norte de Alemania y los Países Bajos, cuando una roca de tamaño aún no determinado, sobrevoló la superficie terrestre a unos 31 kilómetros por segundo, llegando hasta solo 91 kilómetros de altura antes de "rebotar" y regresas al espacio de una pieza. Tras adentrarse entre un mar de llamas, sobrevivió para contarlo. Quizás algún día regrese, una segunda oportunidad que miles de otros nunca tuvieron.

jueves, abril 18, 2019

Cuando llueven estrellas

¿El primer meteorito de origen interestelar conocido entró en la atmósfera terrestre en 2014?

Todo cambió con el paso de Oumuamua, abriendo nuestros ojos a una realidad que hasta ahora, aunque no olvidada, nunca había recibido la atención que se merecía. Fue la confirmación de que viajeros interestelares pasaban por nuestro Sistema Solar, y que posiblemente eso ocurría más a menudo de lo podíamos imaginar. Antiguos asteroides y cometas, nacidos bajo la luz de otros soles, expulsados al mar estelar, y cuyos caminos se cruzaban con el nuestro antes de desaparecer de nuevo en la oscuridad para siempre. Un concepto ciertamente cargado de un halo de romanticismo.

Desde entonces, como el lógico, existe un interés creciente en descubrir más de ellos. Al fin y al cabo estamos hablando de muestras de otros sistemas estelares que el destino pone a nuestra disposición. No podemos ir hasta ellos, y a cambio son ellos los que viene a nosotros. Ciertamente el Cosmos, en ocasiones, puede ser generoso.

En el presente y también en el pasado.¿Pudo un meteoro que se desintegró en la atmósfera terrestre en 2014 un visitante interestelar? Así lo defiende un estudio liderado por Amir Siraj, estudiante universitario de la Universidad de Harvard, que se adentraron 30 años en los archivos 'Center for Near-Earth Object Studies', localizando uno particularmente interesante, un objeto de apenas un metro de diámetro que se desintegró en la atmósfera terrestre, el 8 de enero de 2014, a unos 18 kilómetros de altura sobre Papua Nueva Guinea. Y es que su trayectoria y alta velocidad (216.000 kilómetros/hora) sugieren a Siraj y compañía que este visitante fugaz, al igual que Oumuamua, llegó desde las estrellas, quizás impulsado por un antiguo encuentro gravitatorio.

No fue el único, pero si el que parece tener más evidencias a su favor. Otros dos tenían velocidades igualmente sospechosas, pero no así sus trayectorias. La de uno sugería que podría estar atado a la gravedad solar, mientras que del otro no estaba clara, dejando por tanto al protagonista de esta historia como el único candidato sólido. Si es cierto, la Tierra recibe constantemente visitantes de otras estrellas, ya que dificilmente estaríamos ante un evento único, estadísticamente imposible. Si aprendemos a identificarlos antes de su desintegración, podríamos reaccionar a tiempo para analizar los residuos gaseosos que dejaran a través de la atmósfera terrestre, arrojando luz sobre la composición de los objetos interestelares, sobre los cuales aún queda mucho por conocer.

Antaño se creía que eran estrellas caídas del cielo, que podían cumplir tu deseo. Quizás esa idea no era tan loca, después de todo.

Cuando llegan los mensajeros del cielo. 

The First Known Interstellar Meteor May Have Hit Earth in 2014

lunes, noviembre 20, 2017

Un deseo entre estrellas fugaces

Observando un meteoro desde la ISS.

Se las conoce popularmente como "estrellas fugaces" o "lluvia de estrellas" cuando se manifiestan en forma conjunta, ya que a los ojos de nuestros antepasados lejanos parecía que realmente eran estrellas que caían desde el Firmamento sobre el mundo. Hoy día nuestra visión es totalmente diferente, sabemos que habitamos un planeta que orbita una estrella, a la que llamamos Sol, y que las estrellas que vemos en la noche son igualmente otros Soles, solo que situadas mucho más lejos y por lo cual solo podemos verlas como puntos de luz. Pero las palabras suelen tener una vida más larga que el significado que contenían inicialmente, como fósiles que permanecen mucho más allá de la especie a la cual pertenecía, y hoy día, como muchas otras, la expresión "estrella fugaz" y variantes sigue vigente para hablar de los meteoros más tenues, aquellos que resplandecen durante un instante antes de evaporarse, y que por tanto realmente tiene una vida fugaz ante nuestros ojos.

Tanto desde la Tierra como desde el cielo, ya que la ISS es una plataforma perfecta que permite captarlas desde "el otro lado". Así lo hizo el astronauta de la ESA Paolo Nespoli, que mientra tomaba imágenes del exterior captó la incineración de un pequeño meteoro, que dejó un rastro de luz claramente visible aunque de corta duración. Se estima que la pequeña roca espacial responsable, posiblemente no mucho mayor que un grano de arena, se movía a unos 40 Kilómetros/Segundo, lo que es una velocidad notablemente alta para lo que suele ser la media habitual, que se mueve alrededor de los 20 Kilómetros/Segundo.

No es la primera vez que las cámaras de la ISS captan a estos recién llegados, que se evaporan en nuestra atmósfera en un fugaz pero hermoso trazo de luz, pero cada uno de esos momentos son dignos de verse. Y, siguiendo la tradición, pedir un deseo: Que algún día verlas de esta forma se convierta en una maravillosa normalidad, porque eso significará que finalmente hemos iniciado realmente nuestro viaje hacia las estrellas. Y esta vez hacia las de verdad.

Secuencia completa del meteoro, captado mientras la ISS se movía desde el Océano Atlántico sur hasta Kazajstán, y que aquí se hace visible en los segundos 7-8.

Cada cosa con su nombre. Aunque siempre hay lugar para términos más románticos. 

Meteoroide cayendo a la Tierra, visto desde la Estación Espacial

viernes, julio 29, 2016

Fuego chino sobre Estados Unidos

Un gran fragmento de basura espacial, más que probable origen del espectacular meteoro que cruzó los EEUU.

Alrededor de nuestro mundo se mueven innumerables objetos de origen humano. Satélites, satélites fuera de uso, fragmentos de cohetes, de colisiones, de pruebas militares, incluso un guante y una caja de herramientas, perdidas durante alguna de las salidas al exterior de la ISS por parte de sus ocupantes. Excepto esta última y, de forma fugaz, algún destello de luz solar reflejado por algunos de esos primeros, suele permanecer fuera del alcance del ojo humano, conservando la ilusión de un firmamento limpia, de una ventana al Universo carente de toda huella de nuestra presencia. Hasta que en ocasiones esa otra realidad decide hacerse visible de la forma más espectacular.

El pasado 27 de Julio un espectacular meteoro cruzó por los cielos de los estados de Utah, Nevada, Colorado, Idaho y California, un evento que afortunadamente, en esta era de la tecnología de bolsillo, fue registrado por diversos testigos. Aunque en un primer momento, al coincidir con el pico máximo de la lluvia de estrellas  Delta Aquarid, se pensó que podría haber una relación, lo cierto es que su aspecto, dividiéndose en numerosos fragmentos cada uno formando su propia estela, apuntaba hacia un origen menos celeste y mucho más humano.

Y así parece ser. Los expertos señalan que estamos ante la incineración de un inmenso fragmento de basura espacial, e incluso señalan ya a un "culpable": La segunda etapa del cohete chino Larga Marcha 7, lanzado el 25 de Junio en el que fue su primer vuelo. Realmente no es un acontecimiento raro, aunque muchas veces ocurra en zonas deshabitadas, como los océanos, aunque si la masa estimada del objeto, de unas 5-6 toneladas. Solo la fase del cohete ruso Zenit que se desintegró en la atmósfera sobre la vertical de Vietnam el día de Año Nuevo, puede rivalizar con lo observado ahora.

China desarrolló el Larga Marcha 7 como parte de sus ambiciosas programas espaciales, sobretodo la estación espacial que quieren tener plenamente construida y operativa a principio de la década de los 20. El lanzamiento del 25 de Junio transportó, según las autoridades chinas, el prototipo de una cápsula tripulada, así como diversos experimentos de prueba tecnológica. El Larga Marcha 7 quedó inicialmente en una órbita de 203 x 378 km, pero la fricción con la atmósfera de la Tierra ya la había reducido a una de 131 x 144 km cuando llegó el 27 de Julio. Y entonces vino su caída espectacular, llenando de luz los cielos de Estados unidos. Ciertamente irónico teniendo en cuenta la creciente rivalidad entre ambas potencias, pero el espacio no conoce de fronteras.

Una espectacular visión del objeto cruzando de punta a punta el firmamento nocturno. Su fragmentación en otros más pequeños recuerda la de la sonda Hayabusa, por la que la asociación con algo de origen terrestre parece evidente.

 
El meteoro desde Salt Lake City.

El lanzamiento del Larga Marcha 7. Todo un éxito para la carrera espacial china.

Amazing Fireball Over Western US Caused by Chinese Space Junk

domingo, abril 10, 2016

Post Vintage (180): Un último sonido antes del silencio

Dando voz a las emisiones de las estrellas fugaces.

Las podemos ver cruzar la oscuridad del firmamento nocturno, brillantes, hermosas, silenciosas. Aunque esto último no tanto como parece, tal como podemos apreciar en este vídeo, que recoge el eco de dos meteoros mientras se incineraban en la atmósfera y que fueron captadas por la U.S. Air Force Space Surveillance Radar situada en Texas. Si bien la emisión es en forma de ondas electromagnéticas, aquí se convierten en sonido para poder disfrutar del momento.

El primero de ellos lo encontramos en 0:20. Un rápido zumbido (el del paso del propio meteoro) seguido por un sonido agudo que se extiende varios segundos más, posiblemente la emisión procedente del rastro de aire ionizado que deja tras de si el fugaz visitante. El segundo ocurre en 0:39 y, como en anterior, se repite el mismo patrón. Igualmente se escucha lo que posiblemente es el fondo de microondas, los ecos del Big Bang.

Ambos formaban parte de las Perseidas, que aparecen durante la segunda mitad de Julio y la primera de Agosto, cuando La Tierra cruza por el resto dejado por el cometa Swift-Tuttle, barriendo a su paso muchas de las pequeñas partículas que recorren la órbita de su cuerpo de origen y haciendo que se precipiten hacia nuestra atmósfera.

Recorren en firmamento como chispas de luz, ofreciéndonos su último y hermoso destello. Y también, aunque nuestros oídos lo puedan captarlo, sus últimas palabras antes del silencio.

El cometa Swift-Tuttle, con un núcleo de 27 Kilómetros y un periodo orbital de 133 años. El rastro que deja tras de si es el origen de las Perseidas, también conocidas como Lágrimas de San Lorenzo.

En su viaje alrededor del Sol, nuestro planeta se cruza con el rastro de Swift-Tuttle siempre en la misma época del año, motivo por el cual las Perseidas se repiten siempre en el mismo momento. Lo mismo ocurre con el resto de lluvias de estrellas anuales.

¿Cómo suenan los meteoros? ¿A qué huelen las nubes?

lunes, noviembre 17, 2014

Un mundo bajo la tormenta

556 pequeños asteroides han impactado contra la atmósfera terrestre los últimos 20 años.

Existe la equivocada sensación entre una buena parte de la población de La Tierra que el espacio, lo que se extiende más allá de las nubes y el azulado firmamento, poco o nada tiene que ver con nosotros, como si fueramos una isla completamente aislada del resto de Universo, interesante únicamente para los astrónomos y apasionados de la exploración espacial. Solo la puntual noticia del avistamiento de un meteoro parece hacernos recordar de forma fugaz que nada está más lejos de la realidad que esta ilusión de aislamiento.

Y que mejor manera de mostrar que vivimos en un planeta que forma parte de un sistema estelar, tan sometido como el resto de sus compañeros planetarios a la en ocasiones destructiva visita de los miembros más pequeños de esta familia, inumerablemente más numerosas, en muchas ocasiones aún no conocidos, y que puede llegar por donde menos uno de lo espera, que recopilando las principales colisiones detectadas en la atmósfera terrestre en los últimos 20 años, aquellas que generaron, afortunamente a gran altura, detonaciones cuya potencia se puede medir en su equivalente a millones de toneladas de TNT, suficiente para haber generado daños considerables en caso de alcanzar zonas habitadas, como ocurrió con el que cruzó los cielos de Chelyabinsk.

Publicado por el Programa de Objetos Cercanos a La Tierra (NEO, Near Earth Object) de la NASA, esta mapa abarca los principales eventos de meteoros entre 1994 y 2013, un total de 556, tanto diurnos como nocturno, clasificándolos según la energía liberada estimada en gigajulios, equivalente a 0.24 Toneladas de TNT. Los más potentes están dentro de la categoría del millón de Gigajulios, aunque algunos, como es caso del ocurrido en esa ciudad rusa, superan de largo esas cifras. Es claramente visible una distribución uniforme, tanto en el tiempo como en el espacio, un recordatorio de que vivimos en un planeta minúsulo en comparación al espacio que recorre, y que no existe por ello un lugar más seguro que otro en su superficie.

Aunque normalmente no nos damos cuenta de ello, excepto cuando observamos una lluvia de estrellas o un meteoro aislado, La Tierra afronta la llegada de unas 100 Toneladas de material interplanetario cada día, ecos lejanos de su época de formación, la mayoría como minúsculas partículas las cuales desaparecen en las capas altas de la atmósfera sin que tengamos ni tan solo constancia de su existencia, aunque muchas terminan en nustro entorno como motas de polvo. Algunas, pero, son de mayor tamaño, y en ocasiones, como ocurrió en Chelyabinsk, con el tamaño y velocidad suficientes para generar detonaciones superiores a las armas nucleares de Hiroshima y Nagasaki.

Si alguien aún cree que el espacio es algo lejano y que poco o nada tiene que ver con el que mire de nuevo este mapa. Explorar nuestro entorno, monitorizar cualquier objeto cuya órbita lo lleve cerca de La Tierra, y en un futuro desarrollar tecnologías capaces de actuar sobre ellos son una prioridad, no un capricho de los astrónomos. A no ser que, como temían los galos de Asterix, un día se nos caiga el cielo sobre la cabeza.

La Tierra recibe una constente lluvia de material interplanetario, normalmente motas de polvo que se mezclan con la atmósfera superior sin ejar señal alguna. En ocasiones son de mayor tamaño y velocidad, generando brillantes meteoros, y en ocasiones aisladas, pero más habituales de lo que nos imaginamos, detonaciones de gran potencia, alcanzando parte de ellos la superficie.

Chelyabinsk fue el más potente de todos los que lleva registrado el Programa de Objetos Cercanos a La Tierra de la NASA, y el mayor del siglo. Daño edificios y gente herida, aunque por fortuna detonó a gran altura, evitando lo peor. El más claro aviso recibido los últimos años.

Las señales de cosas mucho peores que Chelyabinsk existen en todo el planeta. Y algún día volvera a pasar.  

New Map Shows Frequency of Small Asteroid Impacts, Provides Clues on Larger Asteroid Population

miércoles, agosto 13, 2014

Las visitantes de madrugada

Llegan las Perseidas, quizás no la más activa pero seguramente la más popular de todas las "lluvias de estrellas" que, de forma periódica, podemos asistir a lo largo del año, y aunque este 2014 la coincidencia con una Luna Llena en su Perigeo (punto más cercano a La Tierra) hace que no estén siendo tan visibles como en temporadas anteriores, no está nunca de más conocerlas un poco mejor, y por extensión la de este fenómeno celeste en general. 

1) Velocidad cósmica: Las Perseidas son rápidas, haciendo honor al término "estrellas fugaces" con que, de forma coloquial, nos referimos a este tipo de visitantes celestes, entrando en la atmósfera terrestre a una velocidad media de 60 kilómetros por segundo en relación a nuestro planeta. A pesar de ello no suelen alcanzar la superficie, ya que habitualmente no son mayores que un grano de arena, por lo que se desintegran en las capas altas atmosféricas dejando tras de si ese característico trazo luminoso. Unas pocas pueden ser algo mayores, dando origen a bólidos.

2) Polvo de cometa: Swift-Tuttle es su punto de origen, y con sus 9.7 Kilómetros de diámetro, es el mayor objeto conocido que hace repetidos pases cerca de La Tierra. En la década de 1990, el astrónomo Brian Marsden calculó que Swift-Tuttle podría colisionar con nuestro planeta la próxima vez que nos visitara, pero observaciones posteriores descartaron esa posibilidad. Su última visita tuvo lugar en 1992, siendo bastante deslucida desde el punto de vista terrestre, y la siguiente tendrá lugar en 2162.

3) Compañeras históricas: El registro más antiguo que se tiene de la actividad de las Perseidas es del año 36 d. C. en los anales históricos chinos, donde se cita un pico de meteoros en esas fechas. Pero no sería hasta 1835 cuando el astrónomo belga Adolphe Quetelet estableció su periodicidad, con un radiante (aparente lugar de origen en el firmamento visto desde La Tierra) en la constelación de Perseo, lo que les dio su nombre.

4) El calor del final: Cuando una Perseida entra en la atmósfera, comprime el aire se encuentra frente de ella, haciendo que este se caliente rápidamente. El meteoro, a su vez, se puede calentar a más de 1.650 Celsius, provocando su vaporización casi instantánea, a menos que tenga un tamaño apreciable, dejando un rastro de moléculas de la atmósfera superior ionizadas que puede permanecer varios minutos antes de dispersarse.

5) Ríos interplanetarios: Aunque se habla de una "corriente de partículas" cuando nos referimos al rastro dejando por el Swift-Tuttle que desatan la aparición de las Perseidas cuando La Tierra cruza por ella, en realidad es la suma de muchas pequeñas corrientes individuales, cada una de ellas depositadas por cada uno de los pasos del cometa, una vez cada 130 años, pero como siguen más o menos el mismo camino que el "objeto madre" y todas ellas se difuminan con el tiempo finalmente convergen dando forma a una sola. Por otra parte, a pesar de lo que podamos imaginar al hablar de "río", resulta extremadamente tenue, ya que incluso en las partes más densas una distancia de entre 60 y 100 Kilómetros separa cada partícula.

6) Visitantes del alba: Como La Tierra gira sobre si misma, el lado que mira "hacia adelante" en el movimiento alrededor del Sol tiende a recoger más basura espacial. Esta parte del cielo está directamente sobre nuestras cabeza durante la madrugada. Por esta razón, las Perseidas y otras lluvias de meteoros (y también las estrellas fugaces azar en general) por lo general se ven mejor en las horas previas al amanecer. 

Las "lluvias de estrellas", una conexión entre nuestro mundo y los cometas. 

Perseid Meteor Shower Facts

lunes, mayo 26, 2014

Cuando caen las estrellas

Las Camelopardálidas brillaron en el firmamento aunque sin cumplir las expectativas más optimistas.

Las conocidas como "lluvia de estrellas" son, básicamente, el paso de La Tierra, en su viaje alrededor del Sol, por la corriente de partículas dejadas atrás por otro cuerpo celeste, casi siempre cometas, que al igual que nuestro planeta se mueven siguiendo sus propias órbitas. Por ello estas se suelen repetir de forma periódica, como el caso de las Perseidas, que tienen su origen en el cometa 109P/Swift-Tuttle, o las Eta Acuáridas, que tienen como progenitor nada más y nada menos que al más famoso de todos ellos, el Halley, y su intensidad suele depender de si ese año nos encontramos con una parte especialmente densa de ese camino de partículas, que puede corresponden a una explosión de actividad ocurrida en algún momento de su paso por el Perhelio o por el paso reciente del propio viajero. Es en esos momentos cuando pueden ocurrir las "tormentas de estrellas", con un ritmo de meteoros que pueden llegar a centenares a la Hora. Las Leónidas de 1833 son un espectacular ejemplo de ello.
  
209P/LINEAR es un cometa de corto periodo (5 años) y baja actividad (hasta el punto de que muchos lo clasifican directamente extinto), descubierto en 2004 y cuya órbita es perturbada por Júpiter, pues su afelio lo aproxima mucho cerca a la órbita del planeta gigante. En realidad el enorme campo gravitatorio de este mundo inmenso es el principal responsable de que muchos cometas de largo periodo terminen atrapados en otras de corto periodo, lo que explica el motivo por el cual estos últimos siguen existiendo después de miles de millones de años, ya que su esperanza de vida activa, como es sencillo imaginar, no es demasiado alta. La gran cantidad de cometas que tiene afelios próximos a este "tirano" gravitatorio dejan clara lo efectivo que es atrapando a estos pequeños visitantes.

Pequeño y muy poco activo. Esto lo convierte en un objetivo muy poco interesante, pero en 2006 Esko Lyytinen y Peter Jenniskens hicieron pública una predicción que indicaba que en Mayo de 2014 la Tierra se encontraría con el polvo dejado por este cometa en pasos antiguo, correspondiente al periodo entre los siglos XIX y XX, generando una "nueva" lluvia de estrellas, aunque de baja intensidad. En 2012, J. Verbaillon examinó el caso con más detalle, señalando la posiblidad de que nos encontraramos con los rastros de polvo expulsados entre 1803 y 1924, sugiriendo que la lluvia podría convertirse en tormenta. Otros científicos hicieron sus propias prediciones, señalando que al desconocer cuan activo era el cometa en tiempos pasados podríamos tener una agradable sorpresa. En todo momento los astrónomos señalaron esto como una posibilidad.

Desgraciadamente, como suele ser habitual en estos temas, los medios de información dejaron de lado el concepto "posibilidad", y se anunció como un acontecimiento seguro y confirmado, con titulares que en el mejor de los casos era incorrecto y en el peor de ellos absolutamente imaginativo ("La Tierra cruzará la cola de un cometa" está entre las "mejores"). Y ya sabemos que cuando esto ocurre, lo que es más habitual de lo que debería, al final, para el gran público que se informa a través de ellos, los culpables suelen ser los científicos a los que se atribuyen afirmaciones que nunca realizaron.

Y así ocurrió con esta lluvia de estrellas anunciadas, conocidas como Camelopardálidas. Llegaron tal que se esperaba, a la hora y desde la zona del firmamento estimada, lo que resulta un éxito de calculo mas que notable por parte de los astrónomos, teniendo en cuenta de que se trataba de un acontecimiento único que implicaba nubes de partículas emitidas por un pequeño cometa de órbita inestable hace más de un siglo, pero estuvieron lejor de ofrecer el espectáculo que algunos esperaban y que se estimaba posible. En defintiva fué una lluvia de estrellas de baja intensidad,  curiosamente lo que estimaban Esko Lyytinen y Peter Jenniskens en 2006, antes de que otros elevaran los números a cifras claramente excesivas.

Una sobrestimación de la cantidad de partículas dejadas por este cometa de poca actividad entre 1803 y 1924 parece ser la explicación más plausible, a la que se añade un tamaño menor del previsto (de ahí la casi ausencia de bólidos) la baja velocidad relativa de estas con respecto a La Tierra, que las hizo incinerarse en la atmósfera sin llegar a brillar lo suficiente para hacerse visible. Así lo parece indicar observaciones en radio, que registraron entre 60 y 120 estrellas fugaces por hora, con el pico máximo a la hora que se había calculado, pero en su inmensa mayoría fueron ecos débiles, inobservables a simple vista. Las Camelopardálidas estuvieron ahí,  pero las circunstancias no jugaron a nuestro favor.

En definitiva una lluvia de estrellas no demasiado intensa, de la que quizás se tenían demasiadas esperanzas depositadas y que nos enseña varias cosas: Que en estos temas hay que ser siempre prudente y, por encima de todo, que hay que informarse en lugares especializados, lejos del sensacionalismo y la audiencia a cualquier precio de los generalistas. Tenedlo siempre en cuenta.

Aunque escasas, las Camelopardálidas hicieron acto de presencia tal y como estaba calculado. Para las que se desintegraron en la atmósfera era el final de un viaje de más de un siglo.

Representación artística de las Leónidas de 1833 (derecha), que causo alarma y hasta historia religiosa, y de 1866, que se convirtieron en aquellas ocasiones en tormentas de estrella, al cruzar La Tierra por zonas especialmente densas del rastro de partículas del cometa Tempel-Tuttle. 

¿Decepcionantes Camelopardálidas?

martes, mayo 06, 2014

Superando el muro azul

Un brillante meteoro en el cielo diurno cruza los cielos de Canada.

Solemos asociar todo tipo de cuerpos y fenómenos celestes a la noche, siendo el día un reino donde parece que el Sol y solo el hace acto de presencia. Nos cuesta imaginar un meteoro recorriendo los azules cielos de nuestro planeta, al igual que recordar que los planetas y estrellas siguen ahí, solo que el resplandor solar y la dispersión de la luz por parte de la atmósfera terrestre nos los oculta a nuestros ojos, pero lo cierto que es que estos siguen precipitándose sobre nosotros en cualquier hora y momento, aunque cuando ocurren en horas diurnas normalmente resultan invisibles a nuestros ojos. Pero no siempre.

La mañana del pasado 4 de Mayo, con el Sol ya alto en el horizonte, muchos habitantes de Ontario, Canada, fueron sorprendidos por una serie de detonaciones, creando la inevitable alarma. Pronto, pero, se supo el origen: Un gran meteoro se había desintegrado sobre ellos, brillando lo suficiente como para superar la barrera de la luz solar y rivalizar durante unos momentos con el astro rey, siendo captado por algunas cámaras de vigilancia, además de dejar un rastro visible posteriormente. La ilusoria barrera entre nosotros y el espacio exterior que en ocasiones imaginamos al ver el cielo azul, como ocurrió de forma mucho más espectacular en Chelyabinsk, se había venido abajo.

Los vídeos e imágenes disponibles han permitido deducir algunas características del visitante: Medio metro de diámetro,una trayectoria de entrada inusualmente vertical y una potencia explosiva de unas 50 Toneladas de TNT. Lejos del "monstruo" que visitó Rusia a principios de 2013, pero suficiente para sorprender a los habitantes de la región en pleno día, y del que se tiene la esperanza de que algunos restos hayan llegado hasta la superficie y puedan ser recuperados para su estudio.

Otras visiónes del meteoro de Ontario, resplandeciendo en un cielo azul intenso.

La trayectoria del meteoro, mucho más vertical de lo habitual.
Las redes sociales, como es ya habitual, se convirtieron en el primer lugar donde encontramos testimonios de lo ocurrido.

lunes, agosto 19, 2013

Los ecos de Chelyabinsk

Los datos del satélite Suomi NPP permiten recrear la evolución de la pluma de partículas dejadas atrás por el meteoro.

El 15 de Febrero de 2013 recibió la mayor advertiencia sobre los peligros que rodean a nuestra planeta desde el acontecimiento de Tunguska. Primero en forma de noticias confusas sobre "algo" que había ocurrido en una ciudad situada en la remota Siberia, después ya en forma de imágenes y vídeos que mostraban más claramente ladetonación de un objeto a gran altura, así como la llegada de una onda expansiva que rompió puertas y ventanas, además de lanzar gente al suelo. Un espectáculo digno de una película de ciencia-ficción pero que ocurrió realmente.

Lo efectos directos del meteoro de Chelyabinsk, que se identificó a partir del análisis de las imágenes como un pequeño asteroide que penetró en la atmósfera terrestre a unos 18 Kilómetros/Segundo y se desintegró a unos 22 Kilómetros de altura, desaparecieron con rapidez, pero la enorme pluma de partículas generada tuvo una vida mucho más larga, expandiéndose por la Estratosfera. Era una oportunidad única, el satélite de observación atmosférica y oceánica de la NASA Suomi NPP se encontraba en una posición adecuada para seguir su evolución, y los encargados de esta misión decidieron intentarlo, aunque no se sabía si sus instrumentos serían capaces de detectarlas. Al fin y al cabo estábamos ante un acontecimiento celeste de una magnitud que no se había visto desde hacia más de 100 años.

El resultado no pudo ser más positivo, ya que pudo captar la pluma de partículas y su evolución a lo largo de los días y meses, lo que se convirtió en la primera observación en un amplio periodo de tiempo del rastro de un meteoro desde el espacio.

Cerca de 3,5 horas después de la explosión inicial Suomi NPP detectó la pluma en la alta atmósfera a una altitud de unos 40 Kilómetros, moviéndose rápidamente hacia el Este a unos 300 Kilómetros/Hora. El día después la pluma continuó su rápido movimiento "jet" y alcanzaron las islas Aleutianas. En ese momento las partículas más pesadas perdieron altura y velocidad, mientras que las más pequeñas y ligeras se mantuvieron estables, lo que es compatible con las variaciones de velocidad del viento en las diferentes altitudes.

Para el 19 de Febrero, 4 días después de la explosión, la parte más rápida y alta de la columna había rodeado por completo en todo el Hemisferio Norte y estaba de vuelta sobre Chelyabinsk. Pero la evolución de la pluma continuó: 3 meses más tarde una banda detectable de polvo cósmico rodeaba el planeta. La combinación entre las mediciones del satélite con los modelos atmosféricos permitieron simular como evolucionó la forma de la pluma a medida que la corriente de chorro estratosférico la arrastró por todo el hemisferio.

Se calcula que cada día alrededor de 30 toneladas de polvo interplanetario se precipita hacia la Tierra, quedando en suspensión en la alta atmósfera, por lo que al medir con mayor precisión partículas de este tipo los científicos deberían ser capaces de proporcionar una mejor estimación de la cantidad de polvo cósmico que entra en la atmósfera y como estos desechos podría influir en las nubes estratosféricas y la Mesosfera.
  
Suomi NPP nos permite ahora seguir el "después" de la detonación y observar como sus consecuencias, lejos de afectar solo a la zona del impacto, se extendió por todo el hemisferio Norte en pocos días, y permaneció durante meses. Los ecos de Chelyabinsk, lejos de extinguirse poco después de la llegada de este visitente interplanetario, siguieron resonando en nuestro mundo durante largo tiempo.

La llegada, explosión y evolución del rastro de partículas dejadas por el meteoro, que en pocos días habían dado la vuelta al Hemisferio Norte y al cabo de unos meses aún lo cubría casi por entero.

Una advertencia llegada desde las estrellas de que nuestro mundo no vive aislado del espacio que le rodea y que la amenaza de pequeños asteroide siempre está presente. En esta ocasión, a pesar del susto, la ciudad de Chelyabinsk no sufrió grandes daños más allá de cristales rotos y algunas puertas derribadas. Una trayectoria más directa contra ella habría podido causar una catástrofe.

Aunque el metoro se desintegró casi por completo, algunos pequeños restos llegaron a la superficie ocasionando daños en un edificio de la ciudad y rompiendo la corteza helada de un lago cercano, situado al Oeste de la ciudad.

Satellite Watches Dust from Chelyabinsk Meteor Spread Around the Northern Hemisphere