¿Que pasaría con La Tierra si este desapareciera de repente?
Nuestra estrella, una enana amarilla que actualmente está viviendo una tranquila (en comparación a su juventud) madurez, es la fuente de toda vida en nuestro planeta, al mismo tiempo que será, en un futuro remoto, el motivo de su muerte. Ciertamente no estaban del todo equivocados aquellos que, en el pasado, lo veneraban como una deidad. Nuestra dependencia hacia el es total, y a el debemos que exista la vida en nuestro planeta. Y que nosotros estamos aquí para contemplarlo.
Pero simplemente decirlo quizás no transmite hasta que punto nuestro destino está ligado al Sol. Por eso plantearemos una situación hipotética. ¿Que pasaría con La Tierra si el Sol desapareciera de repente sin dejar ni rastro? Sobra decir que es una situación imposible, ya que si algo le ocurriera a nuestra estrella que fuera capaz provocara su destrucción total este se nos llevaría por delante. Pero aceptemos por un momento esta situación como parte del juego. El Sol ya no está. Borrado de la faz del Universo. Y ahora que? Veamos una pequeña cronología de acontecimientos:
1) 9 minutos: Ese es el tiempo (en realidad un poquito menos) que tarda la luz solar en alcanzar La Tierra, y el tiempo que tardaríamos en ser conscientes de lo ocurrido. Una oscuridad total y a escala planetaria caería sobre nosotros, sin ni tan solo el consuelo de La Luna, que al fin y al cabo se limita a reflejar la luz del Sol. Ese que ya no existe. Bienvenidos a la noche eterna...
Y también el viaje eterno entre el mar de estrellas, ya que al desaparecer, y con el su gravedad, nada nos seguiría atando y nos adentraríamos en línea recta hacia las profundidades a 110.000 Km/h. Dado que el espacio es esencialmente vacío, posiblemente nada se interprendía en nuestro camino. Posiblemente. Quien sabe.
2) 30 minutos-1 Hora: Los planetas que una vez adornaron nuestro firmamento se irían apagando uno tras otro, a medida que la desaparición del Sol, como una onda de oscuridad, vaya alcanzado a cada uno de ellos, y el reflejo de ese momento llegara hasta nosotros. Un final a cámara lenta. La sensación de estar percibiendo con nuestros propios ojos un pasado que se aleja para no volver.
3) Una semana: La Tierra, y especialmente sus océanos, tiene una inercia térmica muy elevada, y una gran capacidad de almacenar el calor. Por ello el desplome de las temperaturas sería intenso pero no repentino. Pasados 7 días la temperatura media del planeta se situaría aún alrededor de los 0 Cº, pero sería solo preámbulo de lo que está por llegar. Y como es previsible, afrontaríamos el colapso de la biosfera, ya que sin luz no es posible la fotosíntesis, y sin ella las plantas y organismos como el fitoplancton, morirían en cuestión de días o semanas. Algunas, como las grandes secuoyas, podrían haber aguantado unos meses, pero el frío se encargaría antes de acabar con ellas.
Pero no deberíamos preocuparnos de quedarnos sin oxígeno, ya que aunque su producción se interrumpa, su presencia en la atmósfera es masiva. Y tampoco quedarían mucho seres vivos para respirarlo, todo sea dicho de paso.
4) Dos meses: La mayor parte de animales terrestres habrían muerto de hambre o frío. Aunque así posiblemente la vida seguiría, ya que es una de las fuerzas más tozudas del Universo. Algunos, como los carroñeros, las criaturas subterráneas, los peces y aquellos adaptados a las regiones más frías podrían sobrevivir un poco más. Pero no demasiado.
5) 1 - 3 años: La temperatura medida habría bajado a los -73Cº, y solo aquellas zonas con intensa actividad geotérmica o volcánica serían aún habitables. Pero la caída térmica seguirá y pronto la Tierra se convertiría en una bola de hielo, algo que, paradójicamente, ofrecería una tabla de salvación para la vida, al menos la más simple, ya que el hielo es un buen aislante térmico. Ayudaría a mantener las capas más profundas líquidas durante mucho tiempo, quizás millones de años. Quizás tanto como habría vivido el planeta de no desaparecer el Sol.
6) 10-20 años: Cualquier atisbo de habitabilidad en la superficie desaparecería por completo. Con temperaturas de -240Cº la propia atmósfera se colapsaría. Al terminar La Tierra quedaría cubierta de hielos de Nitrógeno y Oxígeno, lo que una vez fue su templada, y acogedora cubierta de gases. Algo parecido a lo que le ocurre a Plutón. Cualquier forma de vida que tozudamente se negara a desaparecer tendría que esconderse en lo más profundo del océano, como los peces y los moluscos, que se alimentan de los organismos extremófilos de las profundidades marinas, que no necesitan luz
para sobrevivir. Para estos últimos, casi una reliquia evolutiva, sería la victoria final. Cuando todos los demás se hubieran ido, ellos seguirían aquí.
¿Y que sería de los Humanos? Nuestra capacidad de adaptarnos y afrontar situaciones extremas gracias a nuestro ingenio (y tecnología) es infinito, y posiblemente, aunque solo quizás una pequeña parte, se las arreglaría para sobrevivir. Asentamientos en superficie o bajo el océano, aisladas del exterior y autosuficientes, o en grandes refugios subterráneos, al lado del calor que llegara del aún ardiente corazón del planeta. O quizás buscando ya una forma de saltar a otros mundos en otros soles. Sea cual fuera la respuesta, simplemente extinguirnos sin luchar no va con nosotros. Podemos tener muchos defectos, pero ese no es uno de ellos. Aunque sin lugar a dudas nos invadiría una extraña sensación de nostalgia, siendo como seríamos astronautas en nuestro propio mundo, recordado, hace no tanto en realidad, cuando era un lugar blanco, verde y azul, y la luz de un Sol ya desaparecido iluminaba nuestras vidas.
La noche eterna, un cielo lleno para siempre de estrellas, sería lo primero que veríamos al desaparecer el Sol. Una escena idílica, la última antes del abismo.
La Tierra está atada gravitacionalmente al Sol, al que acompaña a su vez en su viaje alrededor de la Galaxia. Cuando este primero desapareciera, ya nada nos sujetaría y saldríamos despedidos en línea recta. Al igual que el resto de planetas, asteroides, planetas enanos, cometa y, en definitiva, cualquier cosa que lo hubiera orbitado.
El destino final, una bola de hielo viajando en la eterna noche interestelar. Sin embargo esa gruesa capa de hielo ofrecería un refugio, ya que este es un muy buen aislante. Bajo ella los océanos podrían seguir líquidos de forma casi permanente y algo de la vida terrestre sobreviviría en ellos, empezando por los organismos extremófilos y terminando por aquellos que se alimentan de estos últimos. Y quizás, si los humanos se adaptan, a su vez siendo nuestra principal fuente de alimentación.
What Would Earth Be Like Without the Sun?
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jueves, noviembre 24, 2016
Un mundo sin Sol
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jueves, diciembre 11, 2014
Los mensajeros del agua
Rosetta reabre el debate sobre el origen de los océanos de La Tierra.
Consideramos algo natural que nuestro planeta esté lleno de agua, que más de 2/3 de su superficie se encuentre cubierta por las aguas oceánicas, mientras que, incluso en los continentes, suela estar presente en mayor o menor cantidad, sin contar las reservas de hielo o la que se encuentra en la atmósfera. Nosotros mismos somos formas de vida compuestas, ya que de ella surgimos y adaptadas a ella evolucionamos, en su mayor parte de este elemento, dependemos de ella a todos los niveles, y su ausencia por razones climáticas (una sequía de larga duración) puede tener consecuencias catastróficas para los habitantes de la región afectada. Pero en realidad, en contra de lo que podamos pensar, su presencia en tan grandes cantidades es uno de los enigmas científicos que siguen esperando una respuesta.
Una de las principales hipótesis sobre la formación de La Tierra es que estaba tan caliente cuando se formó, hace 4.600 millones años, que buena parte del contenido de agua original debería haber evaporado. Además la zona en que nació y se desplaza es muy seca, especialmente si la comparamos con la sobreabundancia que existe en el Sistema Solar exterior, y lo era también en el pasado. Nunca pudo disponer de suficiente agua para convertir nuestro rocoso planeta en un mundo oceánico, en un oasis en el desierto. Pero pese a ello, y en contra de de todo esto, en la actualidad sigue cubierta de océanos. Por tanto la gran pregunta es ¿de dónde vino el agua de La Tierra?
Dos han sido siempre los grandes candidatos al papel de "transportadores" de agua hacia la joven Tierra, los cometas y los asteroides. La discusión siempre se movió entre ambos, alterándose como hipótesis más probable a medida que nuevos descubrimientos inclinaban la balanza hacia uno u otro sentido. Durante mucho tiempo, y es lógico si se tiene en cuenta que transportan ingentes cantidades de agua (siendo su principal componente), los primeros era la opción preferida. Hay día siguen aproximándose a nuestro planeta, y durante la "juventud" del Sistema Solar debían ser mucho más abundantes, y por tanto los impactos contra nuestro naciente planeta relativamente frecuentes.
Sin embargo las últimas décadas la opción de los asteroides ganó cada vez más peso. Se descubrió que tienen mucha más agua de lo que se había imaginado previamente (aunque no lleguen al nivel de los cometas), se encuentran generalmente más cerca de nosotros y lo que es más importante, el análisis de meteoritos cuya procedencia era el Cinturón de Asteroides revelaron que la proporción de Deuterio, un isótopo pesado del Hidrógeno, era similar a la del agua terrestre (aproximadamente tres átomos de deuterio por cada diez mil moléculas de agua). Esta proporción es un indicador importante de la formación y evolución temprana del Sistema Solar, con simulaciones teóricas mostrando que debería cambiar con la distancia desde el Sol y con el tiempo en los primeros millones de años.
Pero era necesario conocer la proporción en los cometas. Se estudiaron 10 de ellos y los resultados mostraron claramente discrepancias, pero todos estos eran de largo o muy largo periodo, llegados de la Nube de Oort. Era necesario también conocer la de los cometas de corto periodo, llegados desde el Cinturón de Kuiper, también llamados de la familia Júpiter por haber sido atrapados en sus órbitas actuales por la gravedad del gigante joviano, y el primero de ellos, Hartley 2, estudiado por la sonda Deep Impact/EPOXI, mostró, para sorpresa de muchos, una composición que encajaba con la terrestre. La polémica renacía de nuevo y la idea del "agua planetaria" tomaba nuevas fuerzas.
Por ello la llegada de Rosetta hasta Churyumov-Gerasimenko, también de corto periodo, y los resultados del instrumento ROSINA (Rosetta Orbiter Spectrometer for Ion and Neutral Analysis) eran esperados con espectación. Y los primeros datos no dejan lugar a dudas: La proporción de Deuterio de este cometa es 3 veces mayor que la de los océanos de La Tierra y de su compañero joviano Hartley 2. De hecho, es incluso más alta que en todos los cometas de la Nube de Oort estudiados.
"Este sorprendente hallazgo podría indicar un origen diverso de los cometas de la familia de Júpiter, tal vez se formaron sobre una gama más amplia de distancias en el joven Sistema Solar de lo que pensábamos", explica Kathrin Altwegg, del equipo de ROSINA. "Nuestro hallazgo también descarta la idea de que los cometas jovianos contengan solo agua parecida a la de los océanos terrestes y añade peso a los modelos que ponen más énfasis en los asteroides como el principal mecanismo de entrega".
Aunque ciertamente esto refuerza la opción de los asteroides, solo 2 cometas de corto periodo analizados es una base aún demasiado limitada para dar una respuesta. Igualmente los modelos muestran que durante las primeras etapas de su existencia, las órbitas de Júpiter y Saturno se acercaron al Sol para luego alejarse nuevamente, mientras que Urano y Neptuno se desplazaron hacia el exterior, lo que sin duda debió genera un tremendo caos entre los pequeños de menor tamaño. Millones de cometas fueron lanzados hacia las fronteras del Sistema Solar, algunos hacia la Nube de Oort, otros formando el Cinturón de Kuiper, y posiblemente muchos más terminaron deligados definitivamente del Sol. Una situación caótica que lleva a pensar que en Cinturón de Asteroides existen cuerpos que se formaron más lejos del Sol, y que existen cometas que nacieron mucho más cerca, como delata la composición de alguno de ellos.
En definitiva la respuesta final sobre el origen del agua de La Tierra aún está lejos de haber sido contestada de forma definitiva, aunque ahora mismo, nuevamente, los asteroides se vean como los mayores candidatos. Futuras misiones a ambos tipos de cuerpos celestes (como es el caso de Hayabusa 2 y Osiris-Rex) deberán aproximarnos un poco más a la solución del enigma, y saber a cuales de ellos, en definitiva, debemos nuestra existencia.
La proporción de Deuterio en el vapor de agua analizado en todo el Sistema Solar. Los asteroides son la que muestran mayor parecido, mientras que los cometas, con la excepción de Hartley 2, se aleja más de ellos. Churyumov-Gerasimenko es el que más lejos está del agua terrestre de cuantos hemos podido estudiar hasta ahora.
El Deuterio es una forma pesada del Hidrógeno, del que difiere por tener un Neutrón.
El Cinturón de Kupier y la Nube de Oort, las dos mayores reservas de cometas del Sistema Solar, fruto del caos de sus primeras etapas.
Aunque pueda parecer lo contrario, La Tierra tiene relativamente poco agua si se la compara con su masa total, en proporción mucho menos que las lunas del Sistema Solar Exterior. La zona de los planetas rocosos es bastante escasa en este elemento, y la que dispone hoy día le debió ser entregada por pequeños cuerpos llegados desde regiones más frías y lejanas. Asterioides o cometas.
Rosetta fuels debate on origin of Earth´s oceans
No, el agua de los océanos de la Tierra no viene de los cometas (o eso dice Rosetta) (Bitácora de Rosetta 12)
Consideramos algo natural que nuestro planeta esté lleno de agua, que más de 2/3 de su superficie se encuentre cubierta por las aguas oceánicas, mientras que, incluso en los continentes, suela estar presente en mayor o menor cantidad, sin contar las reservas de hielo o la que se encuentra en la atmósfera. Nosotros mismos somos formas de vida compuestas, ya que de ella surgimos y adaptadas a ella evolucionamos, en su mayor parte de este elemento, dependemos de ella a todos los niveles, y su ausencia por razones climáticas (una sequía de larga duración) puede tener consecuencias catastróficas para los habitantes de la región afectada. Pero en realidad, en contra de lo que podamos pensar, su presencia en tan grandes cantidades es uno de los enigmas científicos que siguen esperando una respuesta.
Una de las principales hipótesis sobre la formación de La Tierra es que estaba tan caliente cuando se formó, hace 4.600 millones años, que buena parte del contenido de agua original debería haber evaporado. Además la zona en que nació y se desplaza es muy seca, especialmente si la comparamos con la sobreabundancia que existe en el Sistema Solar exterior, y lo era también en el pasado. Nunca pudo disponer de suficiente agua para convertir nuestro rocoso planeta en un mundo oceánico, en un oasis en el desierto. Pero pese a ello, y en contra de de todo esto, en la actualidad sigue cubierta de océanos. Por tanto la gran pregunta es ¿de dónde vino el agua de La Tierra?
Dos han sido siempre los grandes candidatos al papel de "transportadores" de agua hacia la joven Tierra, los cometas y los asteroides. La discusión siempre se movió entre ambos, alterándose como hipótesis más probable a medida que nuevos descubrimientos inclinaban la balanza hacia uno u otro sentido. Durante mucho tiempo, y es lógico si se tiene en cuenta que transportan ingentes cantidades de agua (siendo su principal componente), los primeros era la opción preferida. Hay día siguen aproximándose a nuestro planeta, y durante la "juventud" del Sistema Solar debían ser mucho más abundantes, y por tanto los impactos contra nuestro naciente planeta relativamente frecuentes.
Sin embargo las últimas décadas la opción de los asteroides ganó cada vez más peso. Se descubrió que tienen mucha más agua de lo que se había imaginado previamente (aunque no lleguen al nivel de los cometas), se encuentran generalmente más cerca de nosotros y lo que es más importante, el análisis de meteoritos cuya procedencia era el Cinturón de Asteroides revelaron que la proporción de Deuterio, un isótopo pesado del Hidrógeno, era similar a la del agua terrestre (aproximadamente tres átomos de deuterio por cada diez mil moléculas de agua). Esta proporción es un indicador importante de la formación y evolución temprana del Sistema Solar, con simulaciones teóricas mostrando que debería cambiar con la distancia desde el Sol y con el tiempo en los primeros millones de años.
Pero era necesario conocer la proporción en los cometas. Se estudiaron 10 de ellos y los resultados mostraron claramente discrepancias, pero todos estos eran de largo o muy largo periodo, llegados de la Nube de Oort. Era necesario también conocer la de los cometas de corto periodo, llegados desde el Cinturón de Kuiper, también llamados de la familia Júpiter por haber sido atrapados en sus órbitas actuales por la gravedad del gigante joviano, y el primero de ellos, Hartley 2, estudiado por la sonda Deep Impact/EPOXI, mostró, para sorpresa de muchos, una composición que encajaba con la terrestre. La polémica renacía de nuevo y la idea del "agua planetaria" tomaba nuevas fuerzas.
Por ello la llegada de Rosetta hasta Churyumov-Gerasimenko, también de corto periodo, y los resultados del instrumento ROSINA (Rosetta Orbiter Spectrometer for Ion and Neutral Analysis) eran esperados con espectación. Y los primeros datos no dejan lugar a dudas: La proporción de Deuterio de este cometa es 3 veces mayor que la de los océanos de La Tierra y de su compañero joviano Hartley 2. De hecho, es incluso más alta que en todos los cometas de la Nube de Oort estudiados.
"Este sorprendente hallazgo podría indicar un origen diverso de los cometas de la familia de Júpiter, tal vez se formaron sobre una gama más amplia de distancias en el joven Sistema Solar de lo que pensábamos", explica Kathrin Altwegg, del equipo de ROSINA. "Nuestro hallazgo también descarta la idea de que los cometas jovianos contengan solo agua parecida a la de los océanos terrestes y añade peso a los modelos que ponen más énfasis en los asteroides como el principal mecanismo de entrega".
Aunque ciertamente esto refuerza la opción de los asteroides, solo 2 cometas de corto periodo analizados es una base aún demasiado limitada para dar una respuesta. Igualmente los modelos muestran que durante las primeras etapas de su existencia, las órbitas de Júpiter y Saturno se acercaron al Sol para luego alejarse nuevamente, mientras que Urano y Neptuno se desplazaron hacia el exterior, lo que sin duda debió genera un tremendo caos entre los pequeños de menor tamaño. Millones de cometas fueron lanzados hacia las fronteras del Sistema Solar, algunos hacia la Nube de Oort, otros formando el Cinturón de Kuiper, y posiblemente muchos más terminaron deligados definitivamente del Sol. Una situación caótica que lleva a pensar que en Cinturón de Asteroides existen cuerpos que se formaron más lejos del Sol, y que existen cometas que nacieron mucho más cerca, como delata la composición de alguno de ellos.
En definitiva la respuesta final sobre el origen del agua de La Tierra aún está lejos de haber sido contestada de forma definitiva, aunque ahora mismo, nuevamente, los asteroides se vean como los mayores candidatos. Futuras misiones a ambos tipos de cuerpos celestes (como es el caso de Hayabusa 2 y Osiris-Rex) deberán aproximarnos un poco más a la solución del enigma, y saber a cuales de ellos, en definitiva, debemos nuestra existencia.
La proporción de Deuterio en el vapor de agua analizado en todo el Sistema Solar. Los asteroides son la que muestran mayor parecido, mientras que los cometas, con la excepción de Hartley 2, se aleja más de ellos. Churyumov-Gerasimenko es el que más lejos está del agua terrestre de cuantos hemos podido estudiar hasta ahora.
El Cinturón de Kupier y la Nube de Oort, las dos mayores reservas de cometas del Sistema Solar, fruto del caos de sus primeras etapas.
Aunque pueda parecer lo contrario, La Tierra tiene relativamente poco agua si se la compara con su masa total, en proporción mucho menos que las lunas del Sistema Solar Exterior. La zona de los planetas rocosos es bastante escasa en este elemento, y la que dispone hoy día le debió ser entregada por pequeños cuerpos llegados desde regiones más frías y lejanas. Asterioides o cometas.
Rosetta fuels debate on origin of Earth´s oceans
No, el agua de los océanos de la Tierra no viene de los cometas (o eso dice Rosetta) (Bitácora de Rosetta 12)
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