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viernes, febrero 12, 2021

El eterno regalo de las planetas

La sonda Parker nos ofrece una maravillosa imagen del Sistema Solar.

Mientras Marte es ahora mismo el centro de atención de todos, y lo será aún más los próximos días y meses, otros exploradores interplanetarios siguen trabajando y enviando a su mundo de origen maravillosas imágenes y datos científicos. Uno de ellos es la Solar Parker, que como su nombre indica tiene como meta explorar a la estrella de nuestro sistema planetario, sobrevolándola cada vez más cerca en un intento de adentrarse en sus numerosos misterios. Y durante su quinta aproximación, ocurrida el pasado Junio, su cámara de campo amplio (WISPR) nos regalo una panorámica de buena parte de los planetas que conforman en Sistema Solar, al menos si hablamos de los mundos de gran tamaño. Incluida, claro está, La Tierra.

El objetivo de WISPR es observar y tomar imágenes de la Corona y la Heliosfera interior del Sol, así como del desplazamiento y estructuras del viento solar. En esta ocasión, pero, y como efecto secundario y muy bienvenido de esta actividad, hasta 6 planetas aparecieron en el campo de visión de la Parker, así como la Vía Láctea. Una reunión aparente de mundos en línea, pero que es fruto de la perspectiva, como se puede apreciar al observar que Mercurio, el más cercano al Sol, parece que sea aquí el más lejano. No es el caso, simplemente los demás están más lejos y en otra posición en su orbita., pero no deja de ser curioso.

"Es asombroso ver tantos mundos en nuestro sistema solar, incluido nuestro propio planeta, en el mismo retrato. A menudo pensamos en ver nuestro sistema solar de afuera hacia adentro, y esto nos da la oportunidad única de verlo de adentro hacia afuera. Es una vista que pocas sondas pueden ofrecer, y la Parker Solar nos ha brindado una perspectiva completamente diferente de nuestro lugar en el espacio", explicó Nour Raouafi, científico del proyecto.

No es la primera de estas imágenes "en familia", y en realidad, casi de forma simultanea, el observatorio STEREO nos ofrecía el mismo regalo. Pero no importa cuantas veces se repitan, siempre resultan maravillosos.

Un diagrama de la posición de cada planeta en esta imagen, lo que permite comprender su distribución.

Casi de forma simultanea, el observatorio STEREO tomaba también una panorámica familiar.

jueves, octubre 01, 2020

La lunita de 1966

La enigmática naturaleza de 2020 SO, una futura y transitoria segunda luna de la Tierra.

Nuestro planeta tiene una única compañera de viaje, La Luna, de tal tamaño que su influencia gravitatoria seguramente impidió la existencia de cualquier otra luna. Sin embargo, de forma periódica, algunos pequeños asteroides se acercan lo suficiente y con una trayectoria y velocidad adecuada para ser atrapadas por la gravedad terrestre, entrando en órbita durante un tiempo limitado, hasta que su posición se hace tan inestable que termina por romper ataduras y seguir su camino. Son las "segundas lunas", transitorias y que suelen pasar desapercibidas al habitualmente objetos muy pequeños y oscuros.

2020 SO parece destinado, si los cálculos aciertan, a su captura por la Tierra este Octubre, permanecer en órbita durante unos meses, y seguir su camino en algún momento durante Mayo de 2021. Es decir, durante este periodo nuestro planeta tendrá una segunda luna, aunque estará solo al alcance de los telescopios de cierta potencia. Sin embargo viene con un cierto halo de misterio, ya que se está aproximando a una velocidad extremadamente lenta para ser un asteroide, y además siguiendo una órbita muy parecida y cuya reconstrucción permite deducir que estuvo muy cerca de nuestro planeta en 1966.

Todo esto abre la posibilidad de que no estemos ante un asteroide, sino ante un objeto artificial. No alienígena, sino de origen humano, la fase de impulsión de un cohete, y más concretamente de un cohete Centauro, cuyas dimensiones parecen coincidir con las estimadas para 2020 SO, entre 6 y 14 metros. ¿Hubo algún lanzamiento de un Centauro en 1966 y cuya órbita coincida con la de este visitante? La respuesta es afirmativa, el que lanzó la sonda lunar Surveyor 2, que al la postre fue un fracaso y posiblemente termino estrellándose en la Luna. El cohete impulsor siguió su camino hacia el espacio profundo, y ahora estaría de regreso. Si esta suposición es cierta o no lo sabremos las próximas semanas.

Las idea de fases de cohetes viviendo su propia aventura a través del espacio puede parecer extraña, pero no deja de ser habitual. Al final y al cabo, una vez que le han dado impulso a la sonda que transportar y separándose de ellas, nada las frena y siguen adelante. Se suele hablar de las Pioneer y las Voyager como las sondas más lejanas, por ejemplo, pero no tanto que por detrás de ellas también lo hacen las fases de impulsión que en su momento las alejaron de la Tierra y que también se dirigen hacia las estrellas. Otras, con objetivos no tan lejanos, quedaron en órbita solar y en ocasiones regresan a casa. Puede que 2020 SO sea un nuevo ejemplo de esta realidad tan poco conocida.
La órbita es increíblemente similar a la terrestre, lo que puede ser un indicio de su origen.

En 1966 se lanzó la Surveyor 2, que fue un fracaso. La etapa superior del cohete Centauro que la lanzó siguió su camino y quizás está regresando a casa.

domingo, septiembre 27, 2020

Soñando con anillos

¿Como sería unos hipotéticos anillos de la Tierra?

Son la seña de identidad de Saturno, brillantes y de una belleza que casi resulta hipnótica, y también existen en los otros mundos gigantes exteriores, aunque mucho más tenues y oscuros. No en los mundos terrestres, aunque técnicamente nada impide que hubieran existido en algún momento, especialmente en Marte y la Tierra, donde algunos estudios indican que podrían haber estado presentes en ciertos momentos de su historia, aunque de forma fugaz. 

Pero hagamos un ejercicio de imaginación. Como podrían ser una anillos de la Tierra viables? Cuales serían sus características? Y que efecto tendría sobre nuestro planeta? Como afectaría a nuestra visión del mundo y nuestra forma de interpretar la realidad? Vamos a ello.

1) Nada de hielo: Evidentemente, al estar tan cerca del Sol, debería ser de partículas o pequeñas rocas, ya que cualquier hielo se sublimaría al quedar expuesto a la luz solar. Aún así, esa misma cercanía haría que resultaran, pese a ello, muy brillantes. Solo hay que ver La Luna, que solo refleja en 12% de la luz, y lo deslumbrante que resulta en su fase llena. El concepto "noche" sería algo difuso para los habitantes de ciertas latitudes.

2) Más cerca que la Luna: Los límites de su extensión estaría limitado por diversos factores. Su limite interior no podría estar más cerca, según los cálculos realizados, de los 1.000 kilómetros, justo en el exterior de la termosfera, ya que cualquier partícula por debajo de eso terminaría siendo arrastrada por la fricción atmosférica.  Y su limite superior no podría ir más allá de 11.850 kilómetros, fuera del llamado Limite de Roche, donde las mareas gravitatorias impedirían que el material se uniera formando lunas.

3) Lunas pastoras: Difícilmente los anillos podrían sobrevivir sin la existencia de estas pequeñas lunitas, que en las de Saturno se encargan de mantener los bordes controlados y definidos, dando lugar a las formas tan precisas que conocemos. Los terrestres necesitarían algo parecido, que desde la superficie parecerían una procesión de brillantes perlas de luz. 

4) Sombra: Según la hora, estación y latitud del observador, este podría observar claramente la circular silueta oscura de la Tierra proyectada sobre el blanco lienzo. De la misma forma los anillos proyectarían su sombra sobre la superficie, que cambiaría dramáticamente según la estación y latitud, y en el equinoccio, por ejemplo, desde el ecuador se tendría una sobrecogedora imagen de los anillos "partiendo" por la mitad al Sol, y la mitad del mundo sumergido en la oscuridad.

5) Clima: La sombras de los anillos podrían llevar a Inviernos más fríos y severos, al bloquear parte de la luz solar. Por otro lado la luz reflejada daría una iluminación extra a amplias zonas del mundo, lo que también implicaría un clima muy diferente. No se tiene claro este punto, pero lo único cierto es que el parte meteorológico sería mucho más complejo.

6) Mitologías: Las religiones nacieron como una forma de dar sentido al mundo y a todos los elementos que nos rodeaban, desde el cielo y las nubes a los vientos, mares y volcanes, tormentas y terremotos, a las estrellas del cielo y la oscuridad de la noche. Y en un mundo con anillos, que lucirían espectaculares en el firmamento, es difícil imaginarlos sin tener un papel central en cualquier mitología. Seguramente nuestras creencias actuales no serian las mismas.

7) Guías: Durante milenios navegantes y exploradores, invasores y emigrantes, utilizaron el firmamento para guiarse y tener una idea de su posición en un mundo aún por explorar. Desde la posición del Sol a la de algunas estrellas. Pero los anillos implicarían un elemento diferente y mucho más poderoso, que lo haría todo más sencillo. Quizás una Tierra con anillos habría visto movimientos humanos más amplios y tempranos con estos como guías.

Es solo un ejercicio de imaginación, de lo que pudo ser pero no fue, o quizás de lo que si fue en tiempos pasados. Además, la presencia de nuestra gran Luna quizás limitaría el tiempo de supervivencia de estos hipotéticos anillos. Pero ser capaces imaginar y soñar con lugares que no existen es lo que nos hace ser lo que somos.

Soñando con Tierras que no fueron.

viernes, septiembre 25, 2020

Cuando los mundos se encuentran

La Tierra y Marte, rumbo a su máxima aproximación este próximo 6 de Octubre.

Nuestro mundo y el planeta rojo son como dos corredores siempre compitiendo uno con el otro, con la Tierra haciendo "trampa" y recorriendo un camino más corto y rápido que el marciano. Como resultado, poco a poco, le va ganando distancia, hasta el punto de atraparlo y dejarlo de nuevo atrás, en un ciclo que se repite cada 26 meses terrestres. Repetidos pero no idénticos, ya que sus respectivas órbitas no son perfectamente circulares y el momento del "sobrepaso" puede coincidir con momentos más alejados o cercanos. Por ejemplo, en 2003 ambos estuvieron más cerca que nunca en 50.000 años, lo que no se repetirá en un futuro cercano. Los carriles de ambos corredores planetarios, como vemos, están lejos de ser tan exactos como los que vemos en una competición atlética.

El 6 de Octubre de esta año tendrá lugar otro de estos encuentros, o dicho mejor, el momento en que la Tierra adelante a Marte. En ese momento ambos estará a solo 62 millones de kilómetros uno del otro, tan cerca que el planeta rojo hará honor a su nombre y resplandecerá con su brillo rojizo, solo superado por el Venus. Pocos días después, el 13 de Octubre, llegará su oposición, cuando lo veamos en fase llena, alcanzado su pico de luminosidad, el mayor hasta 2035.

Principios de Octubre serán, por tanto, días más que interesantes para mirar hacia el planeta rojo, incluso para aquellos no familiarizados con el mundillo de la astronomía, ya que verlo brillar en el cielo nocturno será un espectáculo de la naturaleza que está por encima de cuestiones científicas. Y la belleza es universal.

Al no tener órbitas completamente circulares con respecto al Sol los diversos encuentros entre Marte y la Tierra difieren entre ellos de forma notable. En 2003 se vivieron las mejores condiciones en 50.000 años, mientras que la de 2020 no será igualada hasta 2035.

¿Cuándo veremos a Marte en oposición en 2020?

jueves, mayo 14, 2020

Los sonidos de un encuentro

Escuchando el sobrevuelo de nuestro planeta.

Recientemente la BebpiColombo, la misión europeajaponesa a Mercurio, sobrevoló nuestro planeta a corta distancia, poco más de 12.000 kilómetros de la superficie, con el objetivo de aprovechar el tirón gravitatorio para lanzarse hacia el interior del Sistema Solar y hacia su meta final. Y no lo hizo dormida, sino con sus instrumentos activos y registrando los acontecimientos. Eso nos permite ahora "escuchar" a nuestro planeta y a la propia sonda en su encuentro final, la conversión de los datos recibidos en archivos audibles que nos regala la posibilidad de sentir casi el momento. Veamos algunos de los más interesantes.

A la sombra de la Tierra: Durante 34 minutos la BepiColombo pasó por detrás de nuestro planeta con respecto al Sol, es decir, dejó de recibir luz solar y dependió totalmente de sus baterías. La sonda aguantó sin problemas el desafío, y su acelerómetro, tan sensible que es capaz de medir incluso los cambios de velocidad causada por la presión de la luz solar sobre sus paneles, captó precisamente eso. O mejor dicho, como dicha presión se desvanecía al entrar en las sombras, provocando un ligero salto en la aceleración.

En la burbuja: La Tierra tiene un poderoso campo magnético, y en su camino de paso, la BebiColombo se adentró profundamente en el. Fue una oportunidad perfecta para que el magnetómetro de la Mercury Planetary Orbiter (una de las dos sondas que conforman a Bepi) mostrara de lo que es capaz. En 8 horas comprimidas en unos 20 segundos, podemos escuchar como la sonda se encuentra con el Arco de Choque, la frontera final entre el viento solar y el campo terrestre, cruza la Magnetopausa, una zona turbulenta intermedia, y finalmente entra en la región completamente dominada por el campo magnético de la Tierra.

Hola y hasta siempre: El Acelerómetro sigo midiendo el comportamiento de la BepiColombo, en este caso la fase final de la aproximación a nuestro planeta, desde los 27.800 a los 13.100 kilómetros de distancia.

Son los sonidos de un encuentro, y aunque no dejen de ser una reconstrucción a partir de los datos, que se mueven en frecuencias inaudibles para los humanos, siguen siendo hermosos. Es lo más cerca que seguramente nunca estaremos de vivir un encuentro planetario como si fuéramos nosotros mismos los visitantes.

Listen to the sounds of BepiColombo's Earth flyby

jueves, abril 16, 2020

Tierra creciente

Así fueron las últimas imágenes de nuestro planeta.

El 10 de Abril la BepiColombo, la misión europea-japonesa destinada a la exploración de Mercurio, pasaba rozando nuestro planeta, buscando utilizar su atracción gravitatoria para ajustar velocidad y trayectoria para iniciar, ahora si, su viaje hacia el corazón del Sistema Solar. Fue una excelente oportunidad en muchos, desde los aficionados para intentar observarla hasta los directamente implicados, que les permitió poner a prueba muchos de los instrumentos de la sonda, además de testeas sus sistemas. Y para el común de los mortales, nuevas imágenes de nuestro planeta, que siempre tienen un encanto especial, no importa las muchas que ya dispongamos.

Si ya habíamos disfrutado de la increíble secuencia y aproximación a la Tierra desde el punto de la BepiColombo, incluso teniendo en cuenta de que estábamos hablando de cámaras diseñadas para observar la propia sonda y su correcto despliegue, y no para tomas astronómicas, ahora nos llega las últimas que tomó del encuentro, cuando ya se adentraba de nuevo en el espacio y nuestro planeta se perdía en la distancia, mostrando un hermoso cuatro creciente.

"Esa media luna que se aleja....mira de nuevo ese punto. Es ahí. Es nuestra casa. Somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos los que has oído hablar, todos los seres humanos que alguna vez fueron, vivieron sus vidas''. Son las palabras de Carl Sagan cuando hablaba de famoso "punto azul pálido", la imagen de la Tierra tomada por la Voyager 1, pero adaptas a este sonda. Y funcionan igual de bien. El mensaje último que nos quiso dar el maestro es hoy tan válido como lo fue entonces. O quizás aún más.
El mensaje de la ESA a la sonda que les visitaba, basado en las palabras inmortales de Sagan.

Muchos ojos estuvieron rastreando los cielos en busca de la BepiColombo.

This stunning crescent Earth is the last view of home from the Mercury-bound BepiColombo

miércoles, abril 01, 2020

BepiColombo a las puertas

Esta ambiciosa misión a Mercurio se aproxima a la Tierra.

Nuestro mundo, o al menos una parte importante, sigue sumido en la incertidumbre y la parálisis debido a la pandemia, con la actividad de todo tipo al mínimo, pero en el espacio todo sigue avanzando siguiendo en calendario previsto y sin posibilidad alguna de hacer una pausa y esperar tiempos mejores. Este es el caso de este proyecto conjunto entre Europa y Japón, que se prepara, se quiera o no, para realizar una aproximación muy cercana a nuestro planeta, como forma de alterar su velocidad y trayectoria. Es lo que se llama una maniobra de asistencia gravitatoria, un recurso común a la hora de redirigir sondas a sus objetivos.

Será este próximo 10 de Abril cuando la BepiColombo, en realidad dos sondas viajando en conjunto a bordo de un mismo módulo, se aproxime a la Tierra, pasando a solo 12.700 Kilómetros de la superficie, en decir, por el interior de la órbita de los satélites geoestacionarios, y suficientemente cerca para que los aficionados que dispongan de telescopios potentes puedan verla pasar fugazmente, especialmente aquellos situados en el hemisferio sur. Con este encuentro la Bepi reducirá su velocidad, con lo que abandonará su actual órbita alrededor del Sol, muy parecida a la terrestre, y empezará su lenta "caída" hacia el interior del Sistema Solar, y que le llevará a un primer encuentro con Venus el próximo Octubre.

Durante esta visita, y pese al actual estado de emergencia, que obliga a reducir al mínimo el equipo humano para los operaciones, la sonda estará en constante comunicación con nuestro planeta. No solo para que su equipo en tierra compruebe que todos sus sistemas funcionan correctamente y el cambio de trayectoria se ajusta según lo previsto, sino para poner a prueba sus instrumentos, tomando datos al menos de 8 de ellos (los otros tres están actualmente cubiertos por el módulo de transferencia). 

Este es el caso, por ejemplo, el espectroscopio PHEBUS que "utilizará la Luna como objetivo de calibración para luego producir mejores datos una vez en Mercurio. También queremos hacer algunas mediciones del viento solar y su interacción con el campo magnético de la Tierra. Sin embargo, en esta fase los instrumentos se activan sobre todo con fines de prueba y calibración. Si además podemos utilizar los datos para investigación científica, tanto mejor", explica el científico Johannes Benkhoff.

Con o sin virus, el mundo sigue girando y la exploración espacial continúa adelante. Este 10 de Abril la BepiColombo visitará un mundo muy diferente al que conocía cuando despegó de el, hace casi dos años. Esperemos que cuando llegue a su destino, a finales de 2025, todo haya regresado a esa normalidad que antes veíamos con ojos críticos y ahora añoramos hasta cierto punto.

La Tierra y la Luna vistas por una de las tres cámaras destinadas a tomar autorretratos de la propia sonda, pero que a principios de Marzo captó a la Tierra y La Luna desde unos 14 millones de kilómetros de distancia. La calidad es mínima, ya que está pensada para la toma de imágenes cercanas de la misma BepiColombo y no para observaciones astronómicas lejanas, pero igualmente resultan fascinantes.

El largo viaje de la Bepi, que ahora afronta su primera estación, la misma Tierra de la que despegó.

La ESA prepara el sobrevuelo de BepiColombo en medio de la crisis por coronavirus

domingo, marzo 01, 2020

Minilunas transitorias

Descubierta un nuevo satélite de la Tierra.

Nuestro planeta solo tiene un satélite al menos si hablamos de objetos de origen no humano. La Luna, tan grande en relación a la Tierra que casi podríamos considerarnos parte de un sistema doble, mantiene un monopolio absoluto sobre la órbita terrestre, y es seguramente responsable, con su influencia gravitatoria, de que nadie más nos acompañe. Sin embargo no es una puerta totalmente cerrada, y en ocasiones se cuelan por ella viajeros que permanecen con nosotros cierto tiempo antes de ser de nuevo expulsados hacia el espacio interplanetario.

2020 CD3, como se la conoce ahora, es la última de estas minilunas transitorias. Descubierta recientemente por el programa de vigilancia del firmamento Catalina, de la Universidad de Arizona, sus datos orbitales indican que lleva orbitando la Tierra al menos desde 2017, aunque es tan pequeña y tenue (unos pocos metros si es un pequeño asteroide) que hasta ahora había pasado inadvertida. Y justo a tiempo, ya que su trayectoria es tan inestable debido al tirón gravitatorio de nuestro planeta y La Luna que se estima que nos abandonará en algún momento del próximo mes de Abril.

Existen algunas dudas sobre su naturaleza, y no se descarta completamente que sea de origen artificial. No sería la primera vez que un antigua etapa de un cohete de impulsión o una sonda ya desactivada nos visita. De momento su trayectoria no parece corresponder a ningún objeto artificial conocido, y tampoco parece mostrar alteración alguna a causa de la presión ejercida por la presión solar, como si ocurre, por ejemplo, con los satélites que orbitan nuestro planeta. Deberemos esperar a que se reúna mayor información, como su curva de luz, para determinar su tamaño, periodo de rotación, aunque esto no será sencillo dado el poco tiempo que queda para que nos deje y lo extremadamente tenue que resulta.

Pronto 2020 CD3 nos abandonará, dejando de nuevo a la Tierra con la única compañía de La Luna. De momento, ya que poco podemos dudar que otras han pasado y pasarán por el mismo camino. Las minilunas transitorias son una realidad de nuestro mundo que apenas estamos descubriendo.

La caótica órbita de 2020 CD3, fruto de su complicado baile gravitatorio con la Tierra y la Luna.

Possible new 'minimoon' discovered orbiting Earth

jueves, febrero 13, 2020

Regresando al punto azul pálido

Visitando la imagen más icónica de la exploración espacial.

El 14 de Febrero de 1990, poco antes de que sus cámaras fueran desconectadas de forma definitiva, la Voyager 1 miró por ultima vez hacia el Sistema Solar, que ahora quedaba ya atrás, y realizó una serie de fotografías "en familia", aprovechando que su trayectoria lo llevaba muy por encima del plano de la eclíptica, donde habitan los planetas. De entre ellas la famosa imagen "un punto azul pálido", que mostraba la Tierra desde más de 6.000 millones de kilómetros de distancia, tan diminuta que no ocupaba ni un píxel para los ojos de la Voyager, y rodeada de un inmenso más de oscuridad. Una lección para todos.

Ahora, para celebrar el 30ª aniversario de este momento memorable, y sacando partido de los avances en las técnicas de procesamiento de imágenes así como los avances tecnológicos en el campo audiovisual, se acaba de publicar una nueva versión "actualizada", más clara y definida que nunca, y que nos permite revisitar esta escena mítica. 

Para tener un contexto, el Sol se encuentra en parte inferior (donde la imagen es más brillante). Los rayos solares dispersados dentro de la óptica de la sonda se extienden por la escena, y uno de ellos es precisamente el que se cruza con la Tierra. Desde el punto de vista de la Voyager 1, nuestro planeta estaba a solo unos pocos grados Sol, lo que fue un factor clave que impidió que estas imágenes se tomaran mucho antes, ya que nuestra estrella aún estaba demasiado cerca y era demasiado brillante para arriesgarse, ya que habría sido peligroso para la cámara.

Han pasado 3 décadas desde que fue tomada, y sigue conservando todo su magia, ahora fortalecida por las nuevas tecnologías. Y su mensaje, al igual que antaño, sigue siendo tan claro y necesario como entonces.

La posición de la Voyager 1 cuando realizó las fotografías que conforman este mítico retrato en familia. La Tierra estaba en lo más profundo del pozo de luz solar, lo que hace aún más meritorio que fuera capaz de captarla.

La imagen original, ahora mejorada y mucho más clara.

'Pale Blue Dot' Revisited

martes, julio 16, 2019

Los colores del ayer

Aprendido de la antigua Tierra para buscar vida en otros planetas.

En 1990, la sonda Galileo estudió nuestro planeta en detalle, durante el primero de los dos sobrevuelos que realizó sobre nosotros para adquirir la trayectoria y velocidad necesarias para su viaje. Este proyecto, propuesto por Carl Sagan, fue diseñado para afinar futuras búsquedas de vida extraterrestre, al mostrar a los científicos qué "firmas biológicas" delatarían la presencia de vida. Y ciertamente cumplió su trabajo, revelando múltiples signos, incluido el llamado "borde rojo", un salto en el reflejo a longitudes correspondiente del infrarrojo cercano.

Este tipo de emisiones es una firma de la vegetación: La clorofila pigmentada absorbe la mayor parte de la luz visible pero es transparente a longitudes de onda más largas, por lo que las plantas devuelven esa parte del espectro electromagnético al espacio. Por tanto detectar el borde rojo en otros mundos, en otras estrellas, implicaría la existencia de vegetación tal y como la conocemos. Sería diferente en sus formas, pero igual en su base última. Mirando a la Tierra podemos aprender que buscar en el firmamento.

Sin embargo no siempre la Tierra "brillo" de la forma en que la vio la Galileo, ya que las plantas, lo que nosotros conocemos como tales, solo han existido desde hace unos 500 millones de años, lo que implica aproximadamente 3.000 millones de años después del origen de la vida. Los colores terrestres fueron, durante la mayor parte de su existencia, muy diferentes."Si un extraterrestre hubiera usado el color para observar si nuestra Tierra tenía vida, hubiera visto colores muy diferentes a lo largo de la historia de nuestro planeta, retrocediendo miles de millones de años, cuando diferentes formas de vida dominaron la superficie ", explica Lisa Kaltenegger, directora de Cornell University. Instituto Carl Sagan.

Por ejemplo, las firmas espectrales causadas por los líquenes, una asociación simbiótica que involucra hongos y algas, podía ser observadas hace unos 1.200 millones de años. (En aquel entonces, los tonos verdes terrestres se habrían extendido desde la salvia hasta la menta).Y las cianobacterias fotosintéticas en los océanos podría haber generado su propio "borde rojo", quizás incluso antes, hace 2 mil millones o 3 mil millones de años. Por ello se están generando modelos que abarca todas estas opciones, recreando muchos en todos los estados conocidos de su evolución, y desde mundos apenas habitados hasta otras parecidos a Dagoba, el ficticio hogar de Yoda.

El objetivo es claro, tener una imagen de como la vida en la Tierra dejaría su huella en un observador externo, pero no solo la que conocemos y domina nuestro mundo, que apenas abarca el 10% de su existencia, sino también de aquellas "otras Tierras", que un día fueron. Y que quizás, solo quizás, existen en otros soles.

La Galileo nos mostró como detectar las señales de la vida cuando sobrevoló la Tierra, ofreciendo así un ejemplo para el futuro, pero limitado. Nuestro planeta ha ido cambiando mucho a lo largo de las eras, y su aspecto actual es relativamente reciente. Y eso se debe tener en cuenta en la búsqueda en otros mundos.

Earth's Changing Colors Could Help Us Find Alien Life

viernes, marzo 22, 2019

Las 7 maravillas del Sistema Solar

Visitando sus mundos más extraordinarios.

El concepto de las "7 maravillas del mundo" nació como forma de englobar la que consideraban las construcciones más sobresalientes del mundo antiguo, esas de que las mucho pagaríamos lo que fuera para poder viajar al pasado y contemplarlas en todo su esplendor. No dejaba de ser una recopilación un tanto aleatorio, ya que habían muchas más, y se centraba en la antiguedad clásica occidental, especialmente la etapa helenística, dejando a un lado el lejano oriente, pero eran extraordinarias y dignas de haber sido contempladas. Hoy solo quedan las Pirámides, y distan de estar en el mismo estado que hace miles de años, cuando su recubrimiento reflejaba la luz solar y debía dotarlas de una apariencia sobrenatural, pero incluso así siguen siendo increíbles.

¿Podemos trasladas este concepto al espacio, como forma de describir los lugares más fascinantes del Sistema Solar? Vamos a intentarlo, aunque sea una lista muy personal.

1ª Maravilla: La Tierra.

Cuando miramos hacia las estrellas y admiramos mundos lejanos, solemos olvidar que vivimos en uno de ellos, y que a día de hoy, incluso extendiendo la comparación a los que hemos descubierto en otros soles, es el lugar más asombroso del Universo. Sus océanos de agua, sus cielos azules, sus innumerables variaciones y paisajes de todo tipo lo convierten en una hermosa perla en el espacio. Y por encima de todo, es donde la vida existe, en innumerables formas y caminos evolutivos. Nada supera lo que a todas luces es la máxima creación del Cosmos.

2ª Maravilla: Los anillos de Saturno.

Inmensos y delicados, de una complejidad aparentemente infinita, y posiblemente de una vida efímera que tenemos la suerte de haber podido contemplar. Nada puede asombrar más a alguien que mira por un telescopio por primera vez que esa visión, de la misma forma que asombró a Galileo y los primeros astrónomos modernos. Anillos dentro de anillos, divisiones, lunas pastora, ondas que lo recorren como si fueran olas del mar, muros de hielo que se elevan sobre el entorno...es todo eso y más. La imagen misma de las maravillas del Universo.

3ª Maravilla: Io

Seguramente sería el último lugar donde un viajero perdido quería aterrizar, ya que se trata del mundo con mayor vulcanismo activo que se conoce, mucho más furioso que el terrestre. Pero desde la distancia, su rostro multicolor, con flujos de lava rica en sodio y magnesio, lagos de color amarillo y rojo de azufre fundido y calderas de blancas tonalidades junto con los centenares de volcanes activos, algunos de los cuales con estallidos tan espectaculares que pueden detectarse desde la Tierra, lo convierten en una belleza peligrosa pero de un atractivo único.

4º Maravilla: Encélado

Debía ser, por su tamaño, una roca de hielo inerte, pero cuando Cassini  nos dejó con la boca abierta. Inmensos geisers de vapor de agua, alimentados por un océano de agua líquida subterráneo y el calor generado por las mareas gravitatorias, se asomaron ante nuestros ojos, como señales de que bajo sus hielos podría esconderse lo impensable. Hoy día se considera el lugar con mayor potencial biológico fuera de la Tierra, al nivel de la luna Europa.

5ª Maravilla: Plutón

Todos queríamos verlo, todos habíamos soñado con ello, pero nada nos podía preparar para lo que encontramos. Cordilleras, llanuras, glaciares, montañas de hielo de agua flotando sobre un mar de hielo de nitrógeno, nieblas, nubes, una atmósfera tenue pero estratificada, posibles volcanes...todo lo posible parecía tener su lugar en Plutón, y otras que parecía imposibles también. Fue el mundo de los sueños, y también el que los superó. Para los que vivimos esos días increíbles, esas imágenes forman ya parte de nuestros recuerdos más preciados.

6ª Maravilla: Olympus Mons

Algún día quizás poblemos Marte, y si eso ocurre pocos lugares tendrá una mayor atracción turística que el mayor volcán del Sistema Solar. Y cuando hablamos de "mayor" deberíamos decirlo con mayúsculas, porque tendríamos ante nosotros algo de dimensiones que sería difícil de abarcar por la mente humana. Decir que tiene 648 kilómetros de ancho y casi 22 kilómetros de altura con respecto a la línea de referencia marciana quizás solo sean frías cifras que no transmiten realmente lo que es este volcán, por lo que podemos decirlo de otra forma: Desde su cima no veríamos sus bordes, porque estos estarían más allá del horizonte. Un concepto que nos supera. 

7ª Maravilla: Verona Rupes

Miranda es una de las lunas de Urano, tan compleja de fragmentada que incluso existe la hipótesis de que sufrió un impacto devastador que la fragmentó en grandes pedazos, que terminaron juntándose de nuevo de forma caótica por su gravedad común, o como mínimo que estuvo a punto de suceder y la dejó en su estado caótico actual. Y de ese caos nació Verona Rupes, los acantilados más altos del Sistema Solar, de hasta 10 Kilómetros de altura, frutos de la ruptura de una gran falla. Asomarnos a ello sería una experiencia intensa, y si cayéramos podríamos disfrutar del viaje sin peligro, dado que la baja gravedad reinante no nos aceleraría demasiado. Una lástima que la Voyager 2 apenas tuviera tiempo de captar su presencia desde la distancia y de forma fugaz. Quizás un día reciba la atención y la admiración que se merece.

Estas son las 7 maravillas del espacio según Los Viajeros Estelares. Pero hay tantos lugares fascinantes que seguramente muchos tendréis vuestras propias listas, preferencia y mundos especiales. El espacio es inmenso, las posibilidades de asombro ilimitadas.

Los acantilados de Verona Rupes, una caída en vertical de hasta 10 kilómetros, y vistos por la Voyager 2 en su rápido paso por el sistema de Urano.

El volcánico mundo Io, con uno de sus volcanes emergiendo en el horizonte. Un caos de colores y formas, reflejo de un mundo que nunca descansa.

Los geisers de Encelado, la puerta a un océano global. Fue una de las grandes sorpresas que encontró Cassini en su estancia en Saturno, y que abrió las puertas a posibilidades ilimitadas.

Un coloso entre colosos. Olympus Mons sería, sin lugar a dudas, el hogar de los dioses marcianos.

Complejidad y delicadeza, que da lugar a una belleza sin igual. Un momento fugaz en el tiempo que tenemos la suerte de presenciar.

La mayor maravilla del Sistema Solar. Y de momento, del Universo conocido.

martes, marzo 19, 2019

Un cielo en llamas

Un pequeño asteroide provoca una explosión en la alta atmósfera 10 veces más potente que la bomba de Hiroshima.

Vivimos rodeados de peligros, no tanto para el propia planeta en si mismo, como para aquellos que habitan la superficie, que cuando menos se lo esperan pueden ver como el cielo arde en llamas. Las colisiones con pequeñas rocas espaciales o asteroides de cierto tamaño se suceden con más frecuencia de lo que pensamos, aunque existen varios factores que nos protegen. Por un lado la atmósfera, que incinera la mayoría de ellos, o generan tanta presión que termina explotando a gran altura, y por otro que más de 3/4 del planeta están deshabitados. Podemos tener la sensación de un mundo superpoblado, pero en realidad esto se produce en zonas concretas. La mayor parte de nuestro mundo es un lugar solitario.

Y por eso, el pasado 18 de Diciembre, nadie, aparte de los estaciones de detección de infrasonidos de los EEUU, y el satélite meteorológico japonés Himawari, se dio cuenta de lo que ocurrió ese día sobre Mar de Bering, cuando un pequño asteroide, de un tamaño de unos 10 metros, se precipitó en la atmósfera y explotó a unos 25 kilómetros de altura, generando una detonación de 173 kilotones, el equivalente a 10 veces la bomba de Hiroshima. Es el segundo evento más potente registrado en los últimos 30 años, solo por detrás del que cayó sobre Cheliábinsk, aunque esta vez, al ocurrir sobre el océano, no generó daños de ningún tipo. Afortunadamente.

Aunque se calcula que objetos de tal tamaño solo impactan contra la Tierra dos o tres veces por siglo, resulta un más que potente recordatorio de la amenaza que nos rodea, que había quedado algo olvidada una vez extinguidos los ecos del meteoro ruso. La atmósfera y que la mayor parte del planeta sean océanos, desiertos, zonas polares y altas montañas, donde la población en mínimo o directamente inexistente, nos protege de lo peor. De momento. Si alguien pregunta si es necesario que se estén haciendo tantos esfuerzos por monitorizar y enfrentar estas amenazas, la respuestas está en una bola de fuego terrorífica a 25 kilómetros de altura. La próxima quizás no se quede solo ahí.

En las imágenes de Himawari podemos ver el trazo de la detonación, en forma de una pequeña mancha rojiza. El satélite Terra también fue capaz de verlo, de forma incluso más espectacular.

Las "bolas de fuego", provocadas por la entrada de grandes rocas espaciales en la atmósfera, registrada por los sensores de vigilacia de los EEUU. La detonación de Cheliábinks sigue siendo la mayor de los ultimos 30 años, pero ahora el segundo lugar está ocupada por la ocurrida este pasado 18 de Diciembre.

Un asteroide explotó sobre el mar con la energía de diez bombas de Hiroshima, y no lo vimos

miércoles, febrero 27, 2019

El retorno de un mal recuerdo

El último resto superviviente de la sonda soviética Cosmos 482 podría caer a la Tierra en unos meses.

La historia de la carrera espacial se escribe a partir de los grandes éxitos. Es algo comprensible. Pero detrás de las luces del triunfo siempre se esconden las sombras del fracaso, muy numerosas, aunque los logros a los que estamos asistiendo hoy día haga pensar lo contrario. Y es que durante los tiempos de la Guerra Fría, el impulso de superar al adversario dio alas a lo que podíamos llamar la primera ola de exploradores interplanetarios, pero ese mismo impulso llevo a la tecnología de la época al límite. Y en no pocas ocasiones era más de lo que esta podía soportar.

Ese fue el destino de la sonda soviética Cosmos 482, que debería haber sido la hermana de la Venera 8, que en su momento se convertiría en la segunda en lograr un aterrizaje exitoso en Venus. No tendría esta tanta suerte, ya que una vez instalada en órbita terrestre falló en su intento de entrar en una trayectoria de transferencia hacia el planeta vecino, quizás por un fallo crítico de su impulsor principal, y quedó atrapada definitivamente alrededor de la Tierra. Se terminaría fragmentado y partes de la sonda se incinerarían en la atmósfera, cayendo cerca la localidad de Ashburton, Nueva Zelanda. Otro fragmento lo habría en 1981, mientras que uno restante sigue actualmente en órbita terrestre, (203 x 2406 kilómetros) aunque el lento descenso que está sufriendo parece indicar que su final podría estar cerca.

La pregunta es exactamente cuanto de la Cosmos 482 sigue ahí, algo que no está claro, a pesar de los esfuerzos de los astroaficionados, que llevan tiempo siguiendo su viaje, por desvelarlo. Sea lo que sea una cosa parece clara, y es que su tiempo se acaba y podría precipitarse hacia la atmósfera en cuestión de meses.¿Sobrevivirá algo de ella a la rentrada? Eso depende de su naturaleza. Si se trata, por ejemplo, de parte de la gran antena de comunicaciones, se reducirá a polvo, pero si se tratara, como indican algunas fuentes, del módulo de descenso, el que debía haber aterrizado en Venus, y por tanto cuenta con una más que notable protección térmica, podría sobrevivir y alcanzar tierra (o océano), lo que, con sus casi 500 Kilogramos, lo convertiría en un objeto peligroso según donde caiga. Será necesario seguirlo atentamente.

Cuando eso ocurra se pondrá punto final a la historia de uno de esos fracasos que llenaron la historia de esas primeras décadas de exploración espacial. Es un recuerdo de ese "otro lado" de la historia que ahora regresa a nosotros.

Observaciones de los restos de la Cosmos 482 realizadas en 2011 y 2014 respectivamente, realizadas por al astroaficionado Ralf Vandebergh, que lleva los últimos 8 años siguiéndolos cada vez que sobrevuela la Tierra.

Imágenes de la Venera 8 en los preparativos previos. La Cosmos 482 era la gemela de esta, destinada a ser conocida como Venera 9 de haber logrado emprender su viaje a Venus, por lo que es una referencia visual para intentar adivinar que es lo que queda en órbita. 

El módulo de descenso de las Venera.

Uno de los restos de la Cosmos 482 que cayó cerca de Ashburton, y que se expone en su museo del aire. 

Failed 1970s Venus Probe Could Crash to Earth This Year

domingo, febrero 24, 2019

Post Vintage (301): Un viaje a la oscuridad

El eclipse de Luna del pasado 8 de Octubre, desde la órbita de Mercurio.

La sonda MESSENGER nos siguió ofreciendo regalos hasta el momento mismo de su final. Y uno de ellos, directamente relacionads con nosotros mismos, llegó 5 meses antes de que se estrellara en la superficie de Mercurio. Y no lo hizo mirando hacia su futuro hogar eterno, sino hacia el hogar que la vio nacer.

El 8 de Octubre de 2014 sus ojos se dirigieron hacia el exterior, hacia La Tierra. Y no fue un momento escogido al azar, ya que ese día La Luna se sumergía en la sombra terrestre, protagonizando lo que desde nuestro cielos vimos como un eclipse lunar. Mientras miles de aficionados inmortalizaban en fotografías como nuestro satélite se oscurecía y adquiría el color rojizo típico de este fenómeno, desde 107 millones de Kilómetros, MESSENGER hacia la propio, en una serie de imágenes tomadas entre las 9:18 y 10:18 UTC que permitió verla desaparecer, como si mágicamente se hubiera desvanecido en la nada.

Bajo el punto de vista de sistema óptico de esta sonda nuestro planeta mide cinco píxeles y La Luna uno, y en ese momento estaban separadas por una distancia de 40 píxeles. Además esta última es mucho más oscura que la primera. Por tanto fue necesario ampliar la escena un factor de dos y el brillo lunar 25 veces para que su desaparición se pudiera apreciar más claramente. El resultado final no puede ser más espectacular, pero aún más importante, nos ofrece una perspectiva de nuestra posición en el Universo, de como formamos parte de algo mucho mayor que nosotros mismos. Posiblemente la más importante y transcendental aportación de la exploración espacial.

La posición de MESSENGER en el momento en que se tomaron estas fotografías. La Tierra se observa aquí como un pequeño punto azulado casi en el límite derecho de la imagen.

Al mismo tiempo que MESSENGER miraba hacia La Tierra, inumerables aficionado captaban en todo su esplendor el eclipse lunar. El mismo fenómeno visto desde 107 millones de Kilómetros de diferencia.


Esta sonda llevó nuestro conocimiento sobre el planeta más cercano al Sol a otro nivel, después de los interesantes pero fugaces encuentros de la Mariner 10. 

From Mercury orbit, MESSENGER watches a lunar eclipse