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Pruebas con el taladro, del cual se espera que regresa a la actividad, después de un tiempo de inactividad debido a problemas técnicos. Sol 1848
Ocaso marciano.Sol 1863

martes, septiembre 12, 2017

Los nuevos gigantes

Europa y Encélado, entre los primeros objetivos del James Webb. 

2018 marcará el inicio de una nueva era en nuestra capacidad de observar el Universo, tanto las más lejanas galaxias como el propio Sistema Solar, desde la misma Tierra. Y es que el lanzamiento y puesta en órbita de este coloso espacial, considerado por muchos el sucesor del Hubble (aunque el veterano telescopio espacial seguirá en activo y su rango de observación, más inclinada al infrarrojo, serán diferentes a este último) significará la llegada de una nueva generación dispuestos a poner patas arriba todo lo que creemos saber. No es de extrañar que ya acumule, incluso cuando aún queda un año para el gran momento, una inmensa lista de peticiones para realizar observaciones de todo tipo. No es de extrañar dada sus capacidades.

Ahora sabemos ya cuales será los agraciados por la primera  "visita" del James Webb así este alcance su posición definitiva y su poderoso ojo se abra al infinito: Europa y Encélado, las dos lunas del Sistema Solar que se consideran ahora mismo los lugares más prometedores para los astrobiólogos. No es una elección sorprendente, ya que ambas presentan actividad geológica en forma de plumas de partículas de vapor de agua, permanentes en esta segunda, irregularmente en el caso de la primera. Y eso es una puerta abierta para explorar su interior, ya que Webb será capaz de observarlas en detalle y desvelar la composición química presente en ambos casos con una claridad sin precedentes.

"Hemos elegido estas dos lunas debido a su potencial para exhibir firmas químicas de interés astrobiológico", explica Heidi Hammel, vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Universidades de Investigación en Astronomía (AURA), quien está liderando un esfuerzo por usar el telescopio para estudiar objetos en el sistema solar de la Tierra. Podría detectar la presencia de orgánicos y otros elementos relacionados con la vida, así como también ayudará a identificar las regiones en las superficies de estas lunas donde la actividad geológica se manifiesta con mayor intensidad, y cuanto calor está implicado en el proceso. Especialmente importante en el caso de Europa, futuro objetivo de la sonda Europa Clipper. Dado el caracter aparentemente episódico de sus plumas de partículas de vapor de agua será vital saber donde centrar su atención para intentar cazar a alguna de ella en plena erupción.

En el caso de Encélado todo es más sencillo, ya que su actividad parece, aunque con variaciones según su posición orbital, constante. Pero también está mucho más lejos y es mucho más pequeña, por lo que la verá 10 veces más diminuta que Europa, demasiado para ser capaz de capturar imágenes en alta resolución de la superficie. A pesar de ello será suficiente para observar y analizar la composición molecular de sus geisers, complementando lo logrado por Cassini y llevándolo más allá.

James Webb llama ya a nuestra puesta, dispuesto a cambiarlo todo. Y no será el último. Es el amanecer de una nueva era que promete abrirnos a las maravillas del Cosmos como jamás habíamos soñado.

Encélado es el objetivo más claro para buscar señales químicas de vida, y por ello será uno de los primeros objetivos de Webb. A pesar de las distancias y el diminuto tamaño de esta luna, podrá discernir claramente sus géisers y analizar su composición.

Pese a estar más cerca y ser de mayor tamaño, las plumas de Europa son menos visibles y constantes que sus equivalente de Encélado. Delimitar exactamente donde ocurren es vital para la futura misión orbital de la NASA. Pero también podrían lograrse resultados más que transcendentales.

El nuevo gigante. 

James Webb Space Telescope Will Hunt for Signs of Life in the Solar System

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