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viernes, febrero 27, 2015

29 años antes de Rosetta

Recordando a la pequeña Giotto.

Vivimos un momento espectacular en la historia de la exploración de los cometas, que tiene ahora a su máximo y más maravilloso ejemplo con la sonda Rosetta, actualmente en órbita alrededor de 67P/Churiumov-Guerasimenko, y la pequeña Philae, que duerme en algún lugar de la superficie y se espera que pueda despertar de nuevo dentro de varios meses. Estamos conociendo a uno de estos pequeños mundos como jamás habíamos podido soñar hace una década, y lo mejor está por llegar. En esto, a diferencia de otros campos espaciales, Europa y la ESA pueden mirar con orgullo y por encima del hombro a sus colegas de la NASA.

Pero mucho antes de la llegada de Rosetta, mucho antes de que ni tan solo fuera imaginada, pero sin duda dando el impulso y la inspiración necesaria a aquellos que terminarían haciéndola realidad, en un ya lejano 13 de Marzo de 1986, la pequeña Giotto, en ese momento, como lo es ahora la esa primera, uno de los proyectos más ambiciosos de la naciente Agencia Epacial Europea, abría las puertas del más famoso de todos los cometas, el Halley.

El vídeo superior, elaborado por la ESA, se basa en 111 de las 2043 imágenes de alta resolución tomada por la Giotto en el momento de mayor aproximación, unas horas donde la sonda, que en lugar de acompañarlo en su trayectoria, como hace Rosetta con el suyo, cruzó la Coma de un extremo a otro a una velocidad relativa con respecto al Halley de 68 Km/Segundo, afrontando por ello una tormenta de la cual, a pesar de que estaba tan protegida como era posible, no se esperaba que pudiera sobrevivir. La calidad visual no se pueden ni comparar con las maravillas que nos envía Rosetta, apenas permite revelar la forma, los hemisferios iluminado y nocturno, y las zonas activas del cometa, pero en 1986 era la primera vez que veíamos a un cometa "desnudo". Para todos aquellos que, en nuestra niñez, fuimos testigos del retorno del mítico Halley fue un momento mágico.

El resto ya es historia: Giotto registró hasta 12.000 impactos de polvo, el primero de ellos 122 minutos antes de la máxima aproximación. El ritmo aumentó bruscamente y la sonda atravesó una estela de materia que surgía del núcleo. Cuando faltaban 7,6 segundos para la máxima aproximación, salió despedida y girando sobre sí misma a causa del impacto de una partícula de cierto tamaño y una masa de un gramo (lo que a esas velocidades era como un proyectil letal), y las imágenes desaparecieron de las pantallas al perderse momentáneamente el contacto con la Tierra. Se temió lo peor, pero ante el asombro general empezaron a reaparecer ráfagas de información. La Giotto había sobrevivido a pesar de todo. 

A lo largo de los 32 minutos siguientes, propulsores de la sonda lograron estabilizar su desplazamiento y se recuperó la transmisión por completo. Para entonces, la Giotto ya había pasado a 596 kilómetros del núcleo y regresaba al espacio interplanetario. La pequeña e increíblemente resistente sonda siguió suministrando datos científicos durante las siguientes 24 horas de su viaje al espacio exterior. El último impacto de polvo se registró 49 minutos después del máximo acercamiento. El histórico encuentro finalizó el 15 de marzo, cuando se dieron por concluidos los experimentos de la Giotto. Sus datos dibujaron  la dinámica de estos cuerpos celeste, confirmaron su naturaleza como fósiles de la formación del Sistema Solar y fue la primera vez que confirmó la existencia de compuestos orgánicos en un cometa, algo que hoy día es casi común, pero que en ese lejano 1986 significó toda una revelación.

29 años después llegaría Rosetta, muy superior en todos los aspectos, y nos llevaría a un nuevo nivel, tanto a nivel visual como en datos científicos. Ciertamente la pequeña Giotto no se puede ni comparar con ella, pero fue la primera que nos enseñó un cometa, la que señaló el camino a seguir y la que, por primera vez, hizo que Europa pudiera decir que habían llegado donde nadie (ni la NASA, en esos momentos sufriendo los duros recortes de la era Reagan y que tuvo que abandonar cualquier proyecto de encuentro con el Halley) había llegado antes, una primera piedra en su orgullo espacial. Solo por ello, a pesar de la deslumbrante luz de Rosseta, y quizás por eso mismo, merece este pequeño recordatorio, que siempre será menos del que se merecería realmente.

Imágenes procesas para resaltar al máximo los detalles del Halley. Años luz a todos los niveles separan la calidad de estas imágenes de las de Rosetta, pero fueron las primeras del corazón de un cometa y para todos aquellos que vivimos ese encuentro, un momento mágico e inspirador, entre ellos, seguramente, los que años después hicieron realidad a esta última.
 
1986, el año del regreso y e del primer encuentro de una sonda con un cometa. No sería la única que iría al encuentro del Halley, pero si, con diferencia, la que más se aproximó, por debajo de los 600 km del núcleo.


La noche del cometa.

ESA remembers the night of the comet

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