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Al sur del campo de dunas Bagnold. Sol 1603

miércoles, diciembre 28, 2016

En los albores de la tempestad

 
Gliese 710, nuestra futura vecina más cercana.

 Vivimos en un enorme río de estrellas en constante movimiento. Nuestro limitado marco temporal humano hace que tengamos la falsa sensación de que son algo inmóvil en el firmamento (de ahí el nombre), pero en realidad es como si miráramos un fotograma individual de una larga película sin saberlo, o sin querer tenerlo en cuenta. Exactamente como pasa con la historia de nuestro planeta y la vida. Los progresos en astronomía, por suerte, han cambiado a lo largo de los siglos esa percepción, aún tan arraigada en la mentalidad popular.

Eso nos permite hoy día hacer estimaciones bastante ajustadas de como serán los movimientos de las estrellas más cercanas, cuales se aproximarán a nosotros en algún momento y cuales abandonarán nuestra vecindad en el futuro. Próxima Centauri es la más cercana actualmente, pero representa una circunstancia puntual. Otras tomarán su lugar. Entre ellas la pequeña Gliese 710, una rojiza estrella con poco más de la mitad de la masa del Sol, actualmente situada a unos 63 años-luz, pero de la que sabemos desde hace tiempo que en 1.37 millones de años pasará muy cerca del Sistema Solar antes de alejarse de nuevo. Hasta ahora se estimaba la distancia mínima en 0,68 años-luz, prácticamente a las puertas de casa. Pero ahora los datos de GAIA, el más reciente observatorio espacial europeo, nos muestra que la visita podría ser incluso más cercana.

Así al menos lo afirman los astrónomos polacos Filip Berski y Piotr Dybczynski, que basándose en los primeros y valiosos datos de GAIA, han estimado que Gliese 710 se aproximará mucho más, hasta apenas 0.21 años-luz (13.365 unidades astronómica), tan cerca que se convertirá en la más brillante del firmamento (-2.7), además de experimentar el movimiento aparente de mayor magnitud. Existe, y eso es inevitable, un margen de error a tener en cuenta, pero podemos estar seguros hasta un grado notablemente alto, que esa será la distancia aproximada. Quizás algo menos, puede que un poco más, pero nunca alejándonos en exceso de estas cifras.

Ni está en trayectoria de colisión, ni pasara por dentro del Sistema Solar causando un caos gravitatorio. En realidad no afectará en nada a los planetas, incluida la Tierra. Al menos no directamente. Pero se adentrará profundamente en el interior de la Nube de Oort, la hipotética, pero cuya existencia parece sostenerse en evidencias sólidas, nube de cometas que rodea los bordes más externos de nuestro sistema planetario, enviados a esa especie de exilio en la oscuridad por la migración de Urano y Neptuno a sus posiciones orbitales actuales. Se estima que pueden residir varios cientos de miles de millones de cometas, una reserva inmensa de la que puntualmente, a causa de alguna leve perturbación gravitatoria, se desprenden algunos en dirección al Sol. Eso explica que sigan apareciendo cometas a pesar de los 4.500 millones de años transcurridos desde el nacimiento de nuestro mundo.

Pero Gliese 710 pasará directamente a través de ella. Y eso implicará algo de mucha mayor magnitud. Como sacudir un avispero, si se acepta esa comparación. El 0.1% de los habitantes de Oort podrían salir despedidos hacia el espacio interestelar, y una proporción menor empezar su caída hacia el Sistema Solar. Parecen cifras pequeñas, pero teniendo en cuenta que hablamos de cientos de miles de millones, implica un auténtico temporal de cometas . No todos de golpe, pero si protagonizando un aumento exponencial de la presencia de cometas activos anuales. Hasta unos 10 de ellos al año durante varios millones de años. Parecen pocos, pero extendiéndolo a lo largo del tiempo, implica millones de recién llegados en un periodo temporal que, a escala cósmica, es fugaz.

Un escenario espectacular, pero evidentemente también con riesgos, ya que las posibilidades de que alguno impacte contra la Tierra durante esta "tormenta" cometaria no sería despreciable. En realidad quizás otras tormentas en tiempos pasados (ya que Gliese 710 no es la primera ni será la última que se aproxime tanto) están detrás de algunas de las grandes extinciones sufridas por nuestro planeta. De ahí nace la hipótesis de Némesis, la idea nunca demostrada de que el Sol tiene una pequeña compañera enana roja, que cada cierto tiempo se acerca lo suficiente para provocar el caos en Oort. Gliese 710 podría adoptar ese papel, aunque fuera de forma puntual.

Aunque nada de esto debe preocuparnos ahora ni en un futuro a largo plazo, aquellos que vivan dentro de 1.5 millones de años afrontarán un espectaculo celeste increíble, aunque también tendrán que hacer frente al inicio de una tormenta cometaria que significará una amenaza evidente y potencialmente letal. Pero claro, si dentro de 1.5 millones de años seguimos sin ser capaces de hacer algo más que simplemente observar, permanecemos únicamente en un planeta en lugar de habernos expandido por otros mundos, y no tenemos la tecnología para desviar los que sean más peligrosos, es que quizás hemos perdido mucho el tiempo.

Gliese 710, como el resto de estrellas de nuestra galaxia, se mueven siguiendo su propio camino dentro de la corriente general. Y por eso las distancias entre ellas varían. Esta estrella rojiza no es una excepción, y dentro de 1.37 millones de años se aproximará mucho, en realidad incluso más de lo que indica este esquema, realizado con datos previos a GAIA.

GAIA está levantado un mapa de aproximadamente 1000 millones de estrellas, determinando su posición y movimiento con respecto a la Tierra. Sus datos con respecto a Gliese 710 han permitido determinar mejor su trayectoria.

Dentro de 1.37 millones de años lo que ahora son apariciones esporádicos en el tiempo se convertirán en la norma. Un espectáculo notable, pero con unos riesgos evidentes

El futuro encuentro de Gliese 710 con el Sol: una lluvia de cometas durante tres millones de años

Gliese 710 will pass the Sun even closer

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