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viernes, noviembre 24, 2017

La última cena

Midiendo la velocidad de expansión de las dos enormes burbujas de gas que emanan del centro galáctico.

Hace unos pocos millones de años, un instante a escala cósmica, el oscuro monstruo que se esconde en el corazón de la Vía Láctea devoró su última gran presa, una enorme masa de gas, la mayor parte del cual se precipitó hacia el olvido. La mayor parte, pero no toda. Algo de esa materia, acelerada y calentada hasta niveles asombrosos, terminó siendo expulsada siguiendo su eje de rotación, formando dos inmensas burbujas de gas de varios millones de masas solares que aún hoy se están expandiendo a velocidades que se aproximan a los 1000 Kilómetros por segundo, y que en el caso de la que se extiende por encima del plano galáctico se extiende ya 23.000 años-luz. Proporciones colosales en todos los sentidos.

Descubiertas en 2010, estas burbujas galácticas son un objeto de estudio clave para entender la naturaleza y actividad del gigantesco agujero negro del centro galáctico. Al fin y al cabo son la evidencia de la última vez que ese monstruo abrió sus fauces en todo su esplendor, y por ella los astrónomos querían saber cuando ocurrió exactamente ese despertar. La respuesta nos llega ahora de la mano del Hubble, que utilizó la luz ultravioleta de 47 cuásares para medir con mayor precisión que en ocasiones anteriores su velocidad de expansión, y con ella ofrecer una idea más cercana de cuando tuvo lugar ese evento.

"Por primera vez, hemos rastreado el movimiento del gas frío a lo largo de una de las burbujas, lo que nos permitió mapear la velocidad del gas y calcular cuándo se formaron", explica el investigador Rongmon Bordoloi, del Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge."Lo que encontramos es que un evento energético muy fuerte ocurrió hace entre 6 y 9 millones de años. Puede haber sido una nube de gas que fluyó hacia el agujero negro, que disparó chorros de materia, formando los lóbulos gemelos de gas caliente visto en observaciones de rayos X y rayos gamma. Desde entonces, el agujero negro apenas ha estado comiendo aperitivos".

No solo información sobre su velocidad de expansión, ya que la luz de estos cuásares también ofrecieron datos sobre la composición y temperatura del gas dentro de la burbuja en expansión, que a los ojos ultravioleta del COS (Hubble's Cosmic Origins Spectrograph) es de algo menos de 10.000 Cº, mucho menos que los 18 millones registrados en los datos en el espectro de los rayos gamma. Se cree que lo visto por COS podría ser el gas interestelar del disco de nuestra galaxia que está siendo barrido y arrastrado hacia el flujo de salida supercaliente que en su momento proyectó el agujero negro masivo. Como una ola que arrastra todo lo que tiene por delante.

Son los restos de la última cena, de las última vez que el monstruo abrió sus fauces para devorar una gran presa. Sus dimensiones nos recuerdan las magnitudes casi inimaginable en las que se mueve. Desde entonces permanece tranquilo. Hasta que llegue la hora de un nuevo despertar.

La luz de varios cuásares distantes atraviesa la mitad norte de las burbujas, conocidas como de Fermi. Abajo a la izquierda: La medición del gas muestra movimientos hacia y lejos de la Tierra, lo que indica que está viajando a gran velocidad. Hubble también observó la luz que pasaba fuera de la burbuja, que se muestra arriba a la derecha: En este caso el gas no se mueve hacia o lejos de la Tierra, forma parte del disco de la Vía Láctea y no comparte las mismas características. 

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