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lunes, mayo 13, 2019

Una extraña entre nosotros

Descubriendo una estrella "alienígena".

Nuestra galaxia, a pesar de su delicado nombre, es una devoradora de otras más pequeñas, y posiblemente su formación, crecimiento es producto de haberse alimentado, en una feroz dieta caníbal, a otros congéneres que tuvieron la mala fortuna de caer en sus manos. Es algo que no solo ocurrió en el pasado, sino que sigue ocurriendo actualmente, con extraños ríos de estrellas que delatan los restos de víctimas recientes. Entre los cientos de miles de millones de habitantes de la Vía Láctea podemos encontrar "inmigrantes", estrellas que nacieron en otro lugar, otra galaxia, pero que acabaron formando parte de esa primera cuando su hogar fue devorado.

Conocida como J1124+4535, situada en la constelación de la Osa Mayor, es posiblemente una de ellas. Descubierta en 2015, pronto se sospechó de que estábamos ante una intrusa, nacida en otra galaxia, y que terminó integrada en la Vía Láctea. La respuesta debía llegar de su composición química, que suele ser una "huella de identidad" bastante fiable sobre las características, edad y lugar de nacimiento de una estrella, y eso es lo que hizo el telescopio chino LAMOST, rastrear sus componentes, cuyas bandas de absorción son bien visibles en el espectro electromagnético. El resultado, confirmado posteriormente por el japonés Subaru, delata definitivamente ese origen peculiar.

Y es que es una extraña en su vecindario, con la que no parece tener nada en común. Tiene una proporción inusualmente baja de metales (que en astronomía son todos los elementos menos el hidrógeno y el helio), como magnesio, silicio y calcio, una quinta parte del promedio de estrellas similares, y en cambio es muy rica en otros elementos pesados, como el oro o el uranio. Igualmente es extrañamente rica en europio, mucho más que nuestro Sol, por ejemplo, y es algo hasta ahora no visto en ninguna otra.

Lo primero indicaría su origen como una antigua habitante de una galaxia enana ahora ya desaparecida, devorada por la Vía Láctea, ya que esta pobreza en metales la aproxima mucho a lo que vemos en las que aún hoy día permanecen a su alrededor como satélites. Lo segundo resulta más misterioso, y apuntaría a eventos catastróficos, como la colisión de dos estrellas de neutrones antes del nacimiento de propia estrella, que habría enriquecido, a partir del bombaredeo de neutrones generado, el material de la nube original. Estamos hablando de eventos extremdamente raros, por lo que deja muchas dudas. En este aspecto aún guarda muchas preguntas sin respuestas.

La que no parece ofrecer dudas es sobre que su origen está más allá de nuestra galaxia, una intrusa llegada de otros reinos galácticos, aunque no por decisión propia. Una testimonio de la dura vida de las galaxias más pequeñas, siempre bajo la amenaza de ser devoradas. Y en eso nuestra Vía Láctea tiene una amplia experiencia, no como agredida, sino como agresora.

Nuestra galaxia tiene una nube de pequeñas galaxias satélites, y aún se siguen descubriendo de nuevas, ya que al ser tan tenues en ocasiones quedan completamente ocultas por la Vía Lácta. No es una vida sencilla, ya que no pocas de ellas han acabado cayendo en sus manos.

La estrella J1124 + 4535 muestra relaciones química similares a algunas estrellas de galaxias enanas. El color y la luminosidad de esta estrella son típicos como un gigante rojo habitual. Los asteriscos indican estrellas en la galaxia enana de Ursa Minor, mientras que otros significan estrellas en la Vía Láctea. 

'Alien' Star Provides Potential Clue about Evolution of Universe