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jueves, junio 16, 2016

Susurros en la noche eterna

Segunda detección de ondas gravitacionales por parte del observatorio LIGO.

En Febrero de este mismo año se anunciaba al mundo que se habían detectado por primera vez estas hasta entonces puramente teóricas distorsiones del tejido espacio-tiempo, predichas por Einstein pero nunca antes detectadas. La señal, denominada GW150914, se registró el 14 de septiembre de 2015 en los dos detectores gemelos que tiene este observatorio en Livingston (Louisiana) y Hanford (Washington), aunque pasarían unos meses antes de que el resultado de su estudio y análisis fueran concluyentes. Una nueva puerta se había abierto ante nosotros. Llegaba la hora ya de no solo ver el Universo, sino de escucharlo, de captar el rumor de eventos lejanos y cataclismos, invisibles a nuestros ojos, pero capaces de generar un terremoto espacio-temporal que ahora ya podíamos captar.

Fue la primera, y por eso mismo podíamos estar confiados que no sería la última. Y ahora ya sabemos seguro, pues apenas 3 meses después de la llegada de GW150914, LIGO detectó el paso de una nueva "ola" gravitacional, que se estima fue producida por la colisión y unión, como fue en el caso anterior, de un par de agujeros negros (con 14 y 8 veces la masa del Sol), que acabaron formando uno solo de unas 21 masas solares. Durante la fusión, una cantidad de energía equivalente a la masa de nuestra estrella se convirtió en ondulaciones del tejido espacio-tiempo , que se entendieron hasta alcanzar la Tierra nada menos que 1400 millones de años después. Porque esa es la distancia estimada en años luz del punto de origen. Como una piedra lanzada en un estanque, que genera olas que recorren toda su superficie, su colisión hizo vibrar al mismo Universo.

La nueva señal, llamada GW151226, llegó a la Tierra el 26 de Diciembre del 2015, con una diferencia de 1,1 milisegundos entre el momento en que alcanzó al detector de Livingston y el de Hanford. Una diferencia que permitió tener una idea aproximada de la posición de su fuente en la Bóveda Celeste. "Es muy significativo que estos agujeros negros fuesen mucho menos masivos que los de la primera detección, cuyas masas eran 36 y 29 veces la del Sol", explica Gabriela González, portavoz de la colaboración científica LIGO y profesora de física y astronomía en la Universidad del Estado de Louisiana (EE UU). "Debido a sus masas más ligeras, se pasaron más tiempo, alrededor de un segundo, en la banda sensible de los detectores. Es un comienzo prometedor para el estudio de las poblaciones de los agujeros negros en nuestro Universo".

Estamos solo al principio de una revolución. Después de haber observado el Cosmos en todas las ondas electromagnéticas posibles, desde la luz visible hasta el infrarrojo, pasando por los rayos gamma o el Ultravioleta, llega la hora de escucharlo, de notar como el estanque vibra por la caída de lejanas piedras. Susurros ante los cuales hemos estado sordos hasta ahora, y como una persona que, gracias a una operación y a los avances de la tecnología, es capaz de escuchar por primera vez después de toda una vida de silencio, no podemos dejar de maravillarnos ante el nuevo mundo que se abre ante nosotros.

Las ondas gravitacionales son producidas por cualquier cuerpo masivo en movimiento, aunque solo eventos terriblemente energéticos, como la fusión de dos agujeros negros, pueden generar distorsiones que podemos captar con nuestra actual tecnología.

La señal detectada el 26 de Diciembre de 2015, así como la dirección de donde procedía. Actualmente no podemos señalar el punto exacto, solo la zona aproximada.

La importancia de las ondas gravitacionales.

Así colisionaron y se fusionaron los agujeros negros responsable de GW151226. 

Segunda detección de ondas gravitacionales