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domingo, enero 31, 2016

Post Vintage (170): Cuando un mundo se desvanece

El telescopio espacial Hubble observa por primera vez la desintegración de un asteroide.

"Es una roca, y verla deshacerse ante nuestro ojos es asombroso", exclama David Jewitt, investigador de la Universidad de California en Los Ángeles (EE UU) y director de esta auténtica investigación "forense" interplanetaria. Y no hay para menos. Hemos sido testimonios en numerosas ocasiones de como un cometa literalmente deja de existir, algo no tan extraño si tenemos en cuenta, además de su composición y órbitas extremadamente elípticas, las fuertes tensiones a las que se ven sometidos cuando se aproximan al Sol, con grandes erupciones de gas que pueden terminar por ser demasiado para estos pequeños viajeros celestes. Pero que ocurra en un asteroide, que no tiene estos condicionantes, resulta mucho más dificil, hasta el punto de que nunca se observó nada parecido.

Hasta ahora. P/2013 R3 era un asteroide que fue detectado por primera vez el 13 de Septiembre de 2013 por los sistemas de observación Catalina y Pan-STARRS, mostrando ya en ese momento un aspecto extrañamente difuso. Pocos días después el telescopio Keck en Mauna Kea, Hawaii, revelaba que estábamos antes al menos 3 cuerpos independientes envueltos en una nube de partículas de un tamaño parecido al de La Tierra, que se convirtieron en 10 a través de la superior resolución del Hubble, los 4 mayores de unos 200 metros de diámetro. Cada fragmento de lo que un día fue un pequeño mundo se está separando de sus "hermanos" muy lentamente, a 1.5 Kilómetros/Hora, en un proceso de destrucción que se inició a principios de 2013.

"Es algo muy extraño de observar, nunca habíamos visto nada como esto antes", explica Jessica Agarwal, del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar. "La ruptura podría tener muchas causas diferentes, pero las observaciones del Hubble son lo suficientemente detalladas que en realidad podemos identificar el proceso responsable".

La opción del impacto con otro cuerpo se puede descartar por el constante descubrimiento de nuevos fragmentos y la lenta velocidad con la que se están separando, ya que un evento catastrófico de este tipo sería mucho más rápido en todos los sentidos. Igualmente una fractura fruto del calentamiento y vaporización de hielos interiores, que habrían provocado su colapso final, también se descarta, ya que se trata de un objeto extremadamente frío, que parece haber mantenido una distancia al Sol de alrededor de 480 Millones de Kilómetros durante la mayor parte de la larga historia del Sistema Solar.

Esto deja un escenario donde el asteroide se está desintegrando debido al sutil efecto de la luz solar, que provocó que la velocidad de rotación fuera aumentando lentamente con el tiempo, hasta que finalmente la fuerza centrífuga pudo con su integridad, seguramente ya muy dañada por numerosas colisiones antiguas y no destructivos con otros asteroides, daños que se cree podemos encontrar en la mayoría de los asteroides pequeños. Esta aceleración es lo que se conoce como efecto YORP, donde la emisión de radiación infrarroja por parte de la superficie calentada por el Sol hace acelerar o frenar, según las circunstancias, la rotación de un objeto. P/2013 R3 se encontraba, fatalmente para el, en este primer grupo.

Sus restos, de una masa aproximada de unas 20.000 Toneladas, terminarán en su mayor parte precipitándose sobre el Sol, aunque algunos de ellos es posible que un día iluminen nuestro firmamento, en fugaces destellos de luz que iluminen la noche. Serán los últimos ecos de un pequeño mundo que un día, después de haber soportado una larga y complicada vida llena de peligros, finalmente ya no pudo aguantar y se desvaneció en la oscuridad.

La secuencia de la ruptura y lenta dispersión de este asteroide, a partir de imágenes tomadas por el Hubble.

Descartadas las opciones de una colisión o una actividad interna parecida a la de un cometa, la ruptura por un aumento de la velocidad de rotación como consecuencia de la luz solar parece la respuesta más probable.

El telescopio Hubble, un veterano observador del firmamento con aún mucho camino que recorrer.

El asteroide Itokawa, visto por la sonda japonesa Hayabusa, apareció ante nuestros ojos como una agrupación de escombros, mostrando una dura y complicada vida llena de colisiones, no fatales pero si que dejaron su huella en el. Se cree que la mayor parte de los asteroides pequeños están estructuralmente muy dañados por millones de años de colisiones.

Hubble witnesses an asteroid mysteriously disintegrating