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sábado, diciembre 26, 2015

El lado oscuro

Seis décadas de basura espacial.

El lanzamiento del Sputnik 1 fue un momento histórico por dos motivos, uno positivo y otro negativo. El primer, evidentemente, es el hecho mismo de ver por primera vez a un objeto construido por la Humanidad en órbita alrededor de nuestro planeta, marcando el inicio de una carrera espacial cada vez más acelerada. El otro, menos conocido, es que significó la llegada del primer ejemplo de lo que más tarde se conoció como "basura espacial". No del propio satélite, que se desintegró en la atmósfera en Enero de 1958, sino de la fase superior del cohete que lo impulsó, que quedó también en órbita terrestre. En realidad lo que muchos vieron en el cielo nocturno, en esas tensas noches en que tantos estadounidenses salieron a las calles para verlo pasar, no era el Sputnik 1, sino dicha etapa, mucho mayor y por tanto más brillante.

Desde entonces la cantidad de restos, fruto inevitable de la actividad humana, no dejó de aumentar, desde satélites fuera de servicio, etapas de cohetes y grandes fragmentos de estos, hasta objetos mucho más pequeños, como tornillos o trozos de pintura, pero igualmente peligrosos a causa de su velocidad. O quizás más, ya que a diferencia de los grandes, los pequeños son mucho más difíciles de detectar. Para cualquier vehículo tripulado, como es el caso de la ISS, las Soyuz o los ya retirados Space Shuttle, es una amenaza seria que obliga a una situación de vigilancia continua. Y en el caso de los satélites en órbita, algo que ya se cobró alguna víctima. Una situación que ya está obligando a las Agencias Espaciales a tomar medidas, como es el desarrollo de diferentes proyectos que un día puedan ser puestas en marcha para limpiar, dentro de lo posible, la órbita terrestre.

¿Cuantos fragmentos de basura espacial se conocen y siguen actualmente? La cifra se eleva a decenas de miles, y eso solo hablando de los que se conocen y siguen, que posiblemente sea mucho mayor, del orden de cientos de miles o millones, si incluimos los más pequeños, que pasan desapercibidos. Un número que dicho tal cual igual no transmite la magnitud del problema. Por ello, el profesor Stuart Grey de la University College de Londres ha creado una visualización interactiva de su evolución a lo largo de las últimas seis décadas. Aunque su tamaño relativo esta aumentado de forma exagerada para hacerlos visibles (no olvidemos que hablamos de magnitudes de metros o centímetros), permite percibir en todo su tenebroso esplendor la nube que rodea a nuestro planeta, tanto en la órbita baja (donde en parte la fricción atmosférica termina haciéndolos caer) hasta otras más altas y la geoestacionaria, en donde el problema es permanente.

No es la primera vez que hablamos de la tristemente famosa basura espacial. No será la última. Es una realidad, la parte oscura de la carrera espacial que debemos afrontar, nos guste o no.
 
58 años de basura espacial.

Es complicado tener una idea exacta de la cantidad de basura espacial existente más allá de los de un tamaño suficiente para ser detectables por los sistemas de detección terrestre, pero una aproximación es suficiente para captar su magnitud, así como le hecho de que solo una pequeña fracción del total son satélites activos.

Muchos son los proyectos en marcha para afrontar el problema. Veremos si en los próximos años algunos de ellos se hacen realidad.

La basura espacial, un problema mucho más cercano a nosotros de lo que podamos imaginar.

Seis décadas de basura espacial resumidas en una brutal visualización interactiva

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