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El viaje de Curiosity. Sol 0-1526.(Diego Fraiese)
En las oscuras dunas de Murray Buttes.

martes, noviembre 08, 2016

Un encuentro de 30 años

Los datos de la Voyager 2 desvelan dos posibles nuevas lunas de Urano.

No en pocas ocasiones se remarca el hecho que la misión de una sonda espacial no termina con la desaparición del vehículo o, en el caso de un sobrevuelo, con su alejamiento definitivo, pues los datos reunidos, examinandos una y otra vez, muchas veces bajo la luz de nuevas tecnologías capaces de extraer unos bits de información extra, en ocasiones por el puro esfuerzo de personas que deciden intentar ir un paso más allá, pueden seguir dando lugar a  descubrimientos mucho tiempo después  Puede parecer un tópico, pero no deja de ser cierto. Y ahora tenemos un nuevo ejemplo de ello, extraordinario si se tiene en cuenta que hablamos de algo ocurrido hace 30 años.

La Voyager 2 se convirtió, el 24 de Enero de 1986, en la primera (y última de momento) sonda terrestre que visitaba el desconocido Urano, el primer mundo "moderno" en el sentido que no formaba parte de los planetas clásicos que la Humanidad conocía desde los albores de la historia. Junto con Neptuno, forma parte de los llamados gigantes helados, parecidos pero al mismo tiempo diferentes de los gigantes gaseoso Júpiter y Saturno, y por ello la llegada de esta sonda, hasta cierto punto inesperada (inicialmente se esperaba que no sobreviviera más allá de este último) y contra todos las dificultades financieras (recortes de presupuesto amenazaron a las radiotelescopios que debían seguirla en su epopeya) fue uno de los grandes momentos de la década.

No es necesario ahora abarcar todo lo logrado, más allá de que el encuentro nos abrió las puertas a un mundo desconocido, con innumerables anillos, una gran familia de lunas, incluida la extraña Miranda, aparentemente destruida y reconstruida en numerosas ocasiones, un campo magnético totalmente desalineado con los polos de planetas, a su vez inclinados hasta el punto de que el planeta se desplaza alrededor del Sol literariamente de lado, una compleja atmósfera y numerosas misterios que algún día, quizás, una nueva misión pueda resolver.

Precisamente por ser la primera y última en visitar Urano, sus datos e imágenes son un tesoro para los astrónomos, y aunque su calidad dista enormemente de lo ofrecido por la mucho más pequeña New Horizons (no debemos olvidar que era,y sigue siendo, una sonda con tecnología de los años 70 del siglo pasado) es lo único que tenemos . Y por ello, a falta de nuevas misiones, no han dejado nunca de ser reexaminados, buscando algo que se hubiera podido pasar por alto anteriormente. Y aunque parezca asombroso, 30 años después, eso es posible, como demuestra un reciente estudio de un equipo de la Universidad de Idaho, que sugiere la posibilidad de la existencia de dos muy pequeños  satélites hasta ahora desconocidos, y que podrían sugerirse de los datos de la Voyager 2.

Básicamente, al estudiar imágenes de ocultaciones de estrellas de fondo por los anillos captadas por la cámara de la sonda, así como interrupciones en su señal de radio al cruzarlos, se desvelaron aglomerados de material en un extremo del anillo Alfa (el mas brillante de Urano) que cambiaba  periódicamente, así como otro similar situado en el anillo Beta. Algo precisamente visto en Saturno, y que se asocia a las conocidas "lunas pastoras". Por tanto se considera más que probable que dos pequeñas y escuras lunitas, de entre 4 y 14 Kilómetros de diámetro, estén detrás de estas concentraciones de materia ahora detectada. "Aún no los hemos localizado, dadas sus reducidas dimensiones y la sensibilidad de la cámara de la Voyager pasan fácilmente  inadvertidos en las fotografías…", comenta Matt Hedman, que también trabaja con los datos de Cassini, y de donde sacó la idea de combinar ocultación y radio.

No es este un descubrimiento simplemente curioso, sino que podría ayudar en una de los enigmas de Urano, la extrema delgadez de sus oscuros anillos, un auténtico desafío para lo que creemos saber sobre este tipo de estructuras orbitales, y para las cuales no se conocían suficientes de estas mini-lunas como para explicarlos en su totalidad. Quizás, aunque 3 décadas después, hemos encontrado la respuesta. Confirmar su existencia, y buscar otras posibles señales es ahora el  objetivo.

El viaje de la Voyager 2 por Urano terminó hace 30 años, pero su viaje virtual a través de todo sus datos aún sigue adelante. Algo que se puede aplicar a cualquier sonda interplanetaria, y que siempre debemos tener en cuenta y no sorprendernos cuando se anuncian hallazgos de misiones terminadas hace tiempo. Así  funciona la exploración espacial. Tienen sus propios tiempos, su propio ritmo.
 
El encuentro de la Voyager 2 con Urano, cruzando su plano ecuatorial de forma parecida a como la haría la New Horizons mucha más adelante. De aquí tomaría impulso y trayectoria hacia su siguiente y último objetivo planetario: Neptuno.

Los tenues y delgados anillos tal como se ven si los vemos desde una perspectiva terrestre, y como se vieron una vez pasado el planeta y pudieron observarse a contraluz.

Como ocurrió con Saturno, la Voyager 2 desveló "lunas pastoras", pequeños satélites que mantienen controlados (de ahí su nombre) los anillos y evitan que se dispersen. Sin embargo los finos anillos interiores no mostraron las suficientes como para explicar el conjunto del sistema. Ahora, el posible descubrimiento de dos nuevas en los viejos datos de la Voyager 2 abre las puertas a una posible explicación.


El sistema de anillos de Urano con las lunas pequeñas lunas conocidas.

Las Voyager utilizaron una alineación de los 4 planetas exteriores para saltar de uno a otro. La 1 inició su viaje hacia las estrellas después de Saturno y un cercano encuentro con Titán, mientras que la 2 seguiría hacia Urano y Neptuno. 

La Voyager 2 descubre dos satelites de Urano