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domingo, noviembre 17, 2013

Post Vintage (73): El bolígrafo fantasma

La realidad detrás de la leyenda Urbana.

Es una de esas historias que se extienden como la pólvora, pasan de boca en boca y de generación en generación, y que de tanto repetirse termina por ser aceptada como una realidad fuera de toda duda, y que básicamente dice así: Los americanos se gastaron millones en desarrollar bolígrafos que pudieran escribir en el espacio pese a la falta de gravedad, mientras los rusos usaba unos simples y baratos lápices.

Todos la habremos escuchado alguna vez, utilizada para argumentar posturas tan diversas como discutibles, desde criticar todo lo que venga de los Estados Unidos en general y la NASA en particular, alabar la carrera espacial rusa (normalmente enlazado con lo primero) o criticar el derroche de recursos de nuestra civilización hasta poner en cuestión la exploración espacial en si misma bajo la premisa de que es "dinero perdido"

¿Pero que hay de verdad en todo ello? Como es facil imaginar, poco, aunque con un transfondo de verdad.

En realidad ambas potencias utilizaron, en sus primeros años, simples lápices, pero era un sistema que no convencía a nadie por motivos de seguridad. Se temía que los restos de carbón que se generan al usarlos se esparcieran por toda la nave, y que una punta rota, flotando en el interior de los vehículos por el ambiente de microgravedad existente, pudiera ocasionar daños a los instrumentos electrónicos o a los propios astronautas. Además eran potencialmente inflamables (madera y carbón), algo que resultaba especialmente doloroso para los EEUU por la catástrofe del Apolo 1, donde un incendio durante las pruebas en tierra acabó con la vida de sus tres tripulantes.

Buscando formas más cómodas y practicas, la NASA encargó lápices mecánicos a la empresa Tycam Engineering Manufacturing, Inc. a un precio de 129 dólares de la época (900 en la actualidad) por unidad, un precio exagerado fruto de que se trataba de un diseño en exclusiva, elaborado con materiales similares a los de la aeronave y de los que se pidió una cantidad reducida, lo que evidentemente disparaba su coste. La Agencia espacial justificó la compra en que los astronautas necesitaban un dispositivo (en realidad una especie de accesorio para colocar los lápices dentro) que los ayudara a tomar notas más facilmente, debido a que la poca movilidad de los trajes espaciales de la época.

Unas explicaciones que no convencieron a los miembros del Congreso de los EEUU, que habían pedido una investigación en 1965, y la NASA pronto dió marcha atrás

Es aquí donde en inigualable sentido de los negocios de los norteamericanos entró en escena con Paul C. Fisher y su compañía, la Fisher Pen Company, que invirtió grandes cantidades de diner en el diseñó y desarrolló de un bolígrafo conocido como AG-7, capaz de funcionar bajo el agua u otros líquidos, dentro de un rango de temperaturas que iba de los -45º a los 205º y, lo que era más importante, como "el único que podía escribir bajo condiciones de gravedad Cero". Todo esto hecho por iniciativa propia y con su dinero, sin ningún tipo de relación con la NASA.

Se le ofreció a la Agencia Espacial Norteamericana, que tras estudiarlo en profundidad (ya que sus cualidades, dejando de lado lo oportunista del negocio, eran ciertamente muy buenas) hizo un pedido de unos 400 para el programa Apolo por un precio bastante módico, apenas unos 3 Dólares por unidad. El finísimo sentido del negocio de Fisher no dejó pasar la oportunidad de utilizarlo como publicidad de cara al gran público, al ser vendido como el único "bolígrafo utilizados por los astronautas", el "Space Pen", lo que sin duda le dió buenos resultados comerciales.

Como colofón a la historia Fisher también vendio un centenar de ellos a la URSS (el comerció con los soviéticos estaba permitido siempre y cuando no se tratara de nada con un potencial uso militar), que los utilizó posteriormente en las Soyuz.

En este punto podemos ver los elementos de esta historia: La polémica de los lápices mecanizados extremadamente caros + el bolígrafo diseñado por Fisher trás invertir un millón de dólares + la idea de que los rusos seguían utilizando lápices se fusionaron para dar forma a la leyenda urbana de que la NASA gastó un dineral (lo que no es cierto) para desarrollar un bolígrafo espacial (igualmente falso) extremadamente caro (tampoco, apenas costó unos Dólares cada unidad) mientras los rusos lo habían todo más facil al preferir seguir utilizando lápices (tan equivocado como todo lo anterior).

La NASA tiene en un largo historial decisiones discutibles y muchos presupuestos sobrepasados, pero lo que evidentemente no hizo nunca es gastarse millones de Dólares en bolígrafos. Pero, como todas las leyendas urbanas, seguramente la seguiremos escuchando una y otra vez como algo cierto. Y es que todo lo que les falta de veracidad lo suelen tener de durabilidad gracias a que la gente las acepta sin más...

AG7, el bolígrafo espacial original que dió lugar a esta historia. Hoy en día sigue en produccion y se puede comprar por 50 dólares. Cosas de la inflación.

El bolígrafo espacial de un millón de dólares de la NASA que nunca existió

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