domingo, abril 13, 2014

Post Vintage (89): El color de las estrellas

El sistema Albireo, un magnífico ejemplo para observar las diferentes tonalidades estelares

Pocos espectáculos existen en el mundo que transmita una mayor sensación de inmensidad y belleza que un cielo nocturno completamente despejado y alejado de cualquier rastro de contaminación lumínica. Miles de estrellas iluminan la noche, mientras la Vía Lactea, que no dejan de ser también estrellas tan lejanas que solo podemos captar su luminosidad conjunta, completa un escenario maravillo y al mismo tiempo extraño para aquellos los que vivimos alejado de ellas, ciegos por la misma luz de la civilización de la que formamos parte.

Estrellas que, ante nuestros ojos, presentan en su gran mayoría un tono blanquecino, mientras que unas pocas, aquellas de mayor brillo, adquieren colores más definidos...este es el caso, por ejemplo, de la rojiza Betelgeuse y la azulada Rigel, en la constelación de Orión, la blancazulada Vega o la amarillenta Altair. En realidad todas las estrellas tienen colores definidos, directamente relacionado con su temperatura superficial, pero nuestros ojos son extremadamente limitados a la hora de captarlos en situaciones de luminosidad muy tenue, por lo que solo en aquellas muy brillante, junto con los planetas (este es el caso de Marte), somos capaces de distinguirlos. El resto permanece en un mundo de blancos, negros y grisis.

Unos prismáticos o un telescopio nos permite superar esta barrera y apreciar los colores estelares. Pero si queremos disfrutar de ellos no podemos dejar de dirigir nuestra mirada en Albireo (β Cygni) en la constelación del Cisne. Si así lo hacemos esa única estrella se convierte en 2, Albireo A, de tonalidades amarillentas-anaranjadas, y Albireo B, de un azul profundo. El contraste entre ambas es tan intenso que facilita a nuestros ojos captar la diferencia, conviertiéndose en una de las joyas celestes que cualquier aficionado a la astronomía con un telescopio medianamente potente no puede dejar de visitar.

Hay una regla interesante acerca de los colores de las estrellas dobles: Si ambas tienen un brillo parecido, tienen el mismo color. Si son desiguales en el brillo, también lo son en esto último. Si la estrella más brillante es la más rojiza de los 2, como es el caso de Albireo, se trata de una estrella gigante, quizás en la fase final de su existencia, si es la más azulada, entonces se encuentra, como el Sol, en la secuencia principal.

Observar Albireo resulta una experiencia reveladora, que nos muestra que más allá de nuestra limitada visión se extiende un mar estelar lleno de color, desde el rojo al azul, pasando por el amarillo o el naranja, lejos de esas estrellas puramente "blancas" que parecen llenar nuestro firmamento.
 
Albireo, una joya estelar que nos permite apreciar como pocas pueden hacer el color de las estrellas.

La posición de Albireo dentro de la constelación de Cisne.

Temperatura y color marcan la clasificación de las estrellas, desde las de tipo M, las más rojas y frías, hasta las de tipo O, las más calientes.

Betelgeuse (arriba a la izquierda) y Rigel son algunas de las pocas estrellas que brillan lo suficiente como para activar los Conos, las células sensoriales de la retina que nos permiten captar los colores.

Colors of Summer Stars Explained

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