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viernes, octubre 30, 2015

Fuego cometario sobre los cielos españoles

Dos fragmentos del cometa Encke iluminaron la noche peninsular este pasado 28 de Octubre.

La práctica totalidad de las conocidas como "lluvia de estrellas", momentos a lo largo del año en que los cielos terrestres pueden verse llenos de pequeños meteoros, la mayoría incinerándose tan rápidamente en la alta atmósfera que apenas brillan un fugaz momento, y todos pareciendo emerger de una misma región de la Bóveda Celeste, como si estuviera relacionados entre si (como realmente lo están), esta relacionadas con los cometas. Y es que aquellos que se aproximan lo suficiente como para convertirse en cuerpos activos y adquirir el aspecto que todos conocemos dejan en su camino un amplio rastro de partículas.

Estos restos siguen el mismo camino que el cometa "madre", llenando su órbita con un río, más denso cuando más activo fue en su momento y menos tiempo hace que paso por la región en que la Tierra, en su viaje alrededor del Sol, se los encuentra. Y es importante señalar esto: No son ellas las que se precipitan hacia nosotros, somos nosotros los que lo hacemos contra ellas, como un coche cruzando una nube de mosquitos. Con la diferencia que el cristal delantero, en este caso, es nuestra atmósfera, que nos protege del impacto al incinirarlas. Casi todas, pero no todas. En ocasiones el visitante puede ser lo suficientemente grande como para llegar mucho más lejos, incluso hasta la superficie, después de habernos dejado todo un espectáculo visual para los afortunados que estaban en el lugar y el momento adecuados.

Y dos de ellas visitaron tierras hispanas este pasado 28 de Octubre, ambas procedentes del cometa Encke, con cuyo rastro la Tierra se encuentra siempre por estas fechas, dando lugar a las Táuridas. No se trataba, por tanto, de nada inesperado, ya que formaban parte de este río polvoriento, pero si que es muy poco habitual, ya que los cometas están formados por materiales de escasa consistencia que se destruyen completamente al impactar contra la atmósfera. Sin embargo, investigaciones recientes indicaban que algunos de los materiales desprendidos de Encke podrían ser lo suficientemente resistentes como para sobrevivir a estos impactos. Estos dos eventos parecen confirmarlo.

El primero llegó en la madrugada de este Miércoles, 28 de octubre, sobre las 3:05 hora local peninsular, adentrándose en la atmósfera a mas de 100.000 kilómetros por hora sobre el mar Mediterráneo (entre las costas de Murcia y Orán, en Argelia), generando una impresionante bola de fuego mucho más brillante que la Luna llena. El fenómeno fue registrado desde los observatorios astronómicos de Calar Alto (Almería) y Sevilla, así como por los detectores que la Universidad de Huelva (UHU) opera en el Complejo Astronómico de La Hita (Toledo). Los resultados previos indican que la bola de fuego avanzó en dirección noreste, extinguiéndose a unos 25 km de altura, y que una pequeña parte, quizás no más de 100 gramos de material, consiguió alcanzar la superficie. O las aguas del Mediterráneo en este caso.

Horas después, en torno a las 23:16h de ese mismo día, un segundo fragmento procedente del mismo cometa impactó sobre la Comunidad de Madrid, a unos 110 kilómetros de altura sobre la vertical de Alcalá de Henares. Avanzado a la misma velocidad que su predecesor (lo que no es extraño siendo los dos "hijos" de Encke) terminaría su trayecto desintegrándose a 57 kilómetros de altitud sobre la localidad de Hoyo de Manzanares.

Finalmente, para recordarnos nuevamente que nuestro planeta estaba viajando a través de una tenue nube de pequeñas partículas cometarias, con algunas no tan pequeñas, el 6 de Octubre otro brillante meteoro fue visto sobre el Estrecho de Gibraltar. Su origen, como los anteriores, nos lleva a Encke, que podría dar que hablar durante este Noviembre que ahora empieza, ya que otros viajeros, nacidos de este cometa, podrían estar esperando su turno. O mejor dicho, a que la Tierra vaya a su encuentro.

La primera bola de fuego del 28 de Octubre, que se produjo sobre las aguas del Mediterráneo y se apagó a unos 25 Kilómetros de altura, aunque se cree que algunos restos llegaron hasta las aguas.

El segundo meteoro, que penetró en la atmósfera horas después sobre la Comunidad de Madrid, a unos 110 kilómetros de altura sobre la vertical de Alcalá de Henares. 

El pequeño cometa perdiendo momentáneamente su cola por el impacto de una tormenta solar en 2007. Descubierto por el astrónomo francés Pierre Méchain en París el 17 de enero de 1786, sería en 1819 cuando el alemán Johann Encke, director del Observatorio de Gotha, confirmó que su órbita era elíptica y su periodo de casi tres años y medio, dándole su nombre. Es el cometa con el periodo más corto conocido, por lo que debió alcanzar su órbita actual hace relativamente poco tiempo o ser lo que queda de uno mucho más grande.

Las órbitas de los cometas activos terminan convertidas en ríos de polvo, partículas emitidas por estos viajeros que, una vez libres, continúan moviéndose por el camino seguido por el cuerpo original. Cuando la Tierra, en su movimiento alrededor del Sol, se aproxima a una de estas corrientes, llegan las lluvias de estrellas.

Fragmentos del cometa Encke iluminan los cielos de España

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