Ultimas imágenes de Curiosity

Examinando las ruedas coN la cámara MAHLI. Sol 1729
Fobos saliendo de un eclipse.Sol 1730

viernes, febrero 28, 2014

La luz de Marte

Un nuevo meteorito marciano reabre el debate sobre la antigua existencia de vida en el planeta rojo.

Curiosity, Spirit, Opportunity y las sondas en órbita nos han enseñado, ya de una forma que podemos considerar casi definitiva, que el hoy día árido y frío Marte fue, tiempo atrás, capaz de ofrecer un ambiente adecuado para sustenta formas de vida, aunque siempre hablando de microrganismos. La siguiente e inevitable pregunta es si eso se tradujo necesariamente en su aparición, si en algún momento la vida existió como tal. La respuesta, sea positiva o negativa, resulta transcendental para comprender nuestros propios orígenes. Por ello en 2018 y 2020 sendas misiones de la ESA/Rusia y la NASA aterrizarán en el planeta con el objetivo concreto de buscar señales de su existencia, presente o pasada.

Hasta ahora, con la excepción de las Viking, que no ofrecieron resultados concluyentes, y esperando que estas misiones futuras se hagan realidad, la única forma de investigar realmente este posibilidad es con los meteroritos marcianos, claramente distinguibles de otros, así como del propio material de La Tierra y La Luna, por su composición química y las trazas de la atmósfera del planeta que encontramos en su interior. Fragmentos proyectados por grandes impactos ocurridos en Marte, algunos de los cuales, después de millones de años en órbita solar, terminaron por encontrarse con nuestro planeta, estos viajeros representan la mejor forma de adentrarse en su historia, ya que podemos aplicar en ellos las más avanzadas tecnologías de análisis que existen en los laboratorios terrestres. Son la mejor opción hasta que un día se haga realidad una misión para extraer muestras y llevarlas a La Tierra, tan deseada por los científicos planetarios.

Descubierto en el año 2000 por la Japanese Antarctic Research Expedition, Yamato 000593 (nombre que recibe por el glaciar donde se encontraba) forma parte de este tesoro planetario, un fragmento de Marte de unos 13 Kilográmos y cuyo análisis reveló que se formó en una corriente de lava marciana hace unos 1.300 Millones de años, expulsado al espacio por un impacto ocurrido hace 12 millones de años y precipitado sobre la Antártida en algún momento de hace unos 50.000 años, donde permaneció hasta ahora. El continente blanco es un lugar ideal para este tipo de búsquedas, no porque en lleguen más meteoritos que en otros lugares del planeta, sino porque sus condiciones ambientales hacen más sencillo su conservación y hallazgo.

Yamato 000593, además de mostrar claras evidencias de haber sido alterado por el agua, lo que refuerza la idea, ya ampliamente apoyada por los resultados de las diversas sondas, de un antiguo Marte donde esta tenía una amplia presencia, reabre el debate sobre la existencia de vida marciana, al menos en el pasado, al presentar 2 características asociadas de las arcillas que parecen sugerir, aunque no probar claramente, procesos biológicos detrás de su formación.

La primera de de ellos es una serie túneles y micro túneles que se abren paso a lo largo de Yamato 000593. Los micro-túneles observados muestran formas ondulantes, curvas, consistentes con texturas bioalteradas observados en los vidrios basálticos terrestres por los investigadores que estudian las interacciones de las bacterias con materiales parecidos en la Tierra. La segunda es la presencia de esférulas de tamaño microscópico que se intercalan entre las capas que forman el meteorito, y son químicamente distintas de estas últimas, mostrando que están significativamente más enriquecidas de Carbono.

Los autores de este estudio señalan que no pueden excluir la posibilidad de que las regiones ricas en Carbono vistas en ambos casos pueden ser el producto de mecanismos abióticos. Sin embargo, las similitudes de textura y composición con muestras terrestres que han sido interpretados como de origen biológico, plantea la intrigante posibilidad de que las características de Marte se formaron de forma parecida. No es una afirmación, como ocurrió en el caso del polémico ALH8400, donde el anuncio del descubrimiento de fósiles de bacterias se mostró prematuro. Como remarcan los autores, es una posibilidad.

"Mientras que las misiones en Marte siguen arrojando luz sobre la historia del planeta, las únicas muestras disponibles para su estudio en la Tierra son los meteoritos marcianos", explicó Lauren White, del Jet Propulsion Laboratory y lider del equipo responsable de este estudio."En la Tierra, podemos utilizar múltiples técnicas analíticas para lograr una mirada más en profundidad y arrojar luz sobre la historia del planeta. Estas muestras ofrecen pistas sobre su habitabilidad pasada. Además, cuando el estudio de estos meteoritos se comparen con las observaciones robóticas realizadas actualmente en Marte, los misterios del pasado aparentemente más húmedo del planeta serán revelado".

Everett Gibson, otro de los implicados, remarca la importancia vital de disponer de estos fragmentos de origen marciano y lo dificil que es un análisis realmente en profundidad que no sea de forma directa:"La naturaleza y la distribución del carbono es una de las principales metas del Programa de Exploración de Marte. Dado que hemos constatado su existencia en varios meteoritos marcianos, no podemos exagerar la importancia de disponer de muestras de Marte disponibles para estudiar en laboratorios terrestres. Además, el pequeño tamaño de las características carbonosas dentro de Yamato 000593 presentaría grandes retos para cualquier intento de análisis a distancia por parte de misiones exploradoras". Nuevamente la necesidad de una misión a Marte que recoga y traiga muestras a La Tierra resulta evidente. Se pueden enviar ingenios muy complejos y capaces, como Curiosity, pero aunque su trabajo de análisis sea más que efectivo nunca podrán igualar el estudio que se puede realizar en un laboratorio terrestre equipado con las tecnologías más novedosas.

¿Llego la vida a surgir en Marte? Si es así hasta donde llegó en su camino evolutivo, está extinguida o sobrevive aún hoy día en algún lugar, quizás en el subsuelo? Y si no existió en ningún momento como se explica, ya que las condiciones ambientales y químicas parece que fueron las adecuadas durante largos periodos de tiempo? Que más necesita entonces para surgir, que nos falta por conocer? Sea cual sea la respuesta está es trascendental, ya que ambas plantearían preguntas igual de profundas sobre nosotros mismos. La búsqueda continúa.

Los microtúneles observados en los materiales arcilloso de Yamato 000593, cuya forma ondulada parece indicar la actividad de organismos microscópicos, como ocurre en las muestras terrestres, aunque también existen otras opciones no necesariamente biológicas.

En las areas marcadas con un círculo rojo y azul los analisis encontraron concentraciones de carbono que dobla la de las zonas circundantes, otro posible indicio de actividad biológica.

El meteorito Allan Hills 84001 presentaba estructuras ricas en carbono que fueron identificadas como fósiles, y presentado al mundo en 1996 como un descubrimiento transcendental. Sin embargo este se mostró prematura ya que nuevos estudios indicaban un proceso no biológico o consecuencia de la contaminación externa. La controversia, ahora renacida con Yamato 000593, continua. 

La Antartida, con sus blancas y gélidas llanuras, es un lugar excepcional para encontrar meteoritos, de ahí las numerosas expediciones que se realizan para su búsqueda.

NASA Scientists Find Evidence of Water in Meteorite, Reviving Debate Over Life on Mars

2 comentarios:

CouDeRMaNn dijo...

Me pregunto como saben que ese meteorito viene de Marte?

Tokaidin dijo...

La composición química es una especie de "huella" que permite determinar su procedencia, ya que suele ser "personal e intransferible" de cada mundo, cada uno de ellos con su propia historia. Afortunadamente hemos estudiado lo suficiente el planeta rojo como para distinguirla claramente.

A esto se le suma las trazas de atmósfera marciana que suele conservar en su interior, y que resultan aún más delatoras, más ahora que conocemos su composición de forma tan concisa.