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lunes, julio 04, 2011

Una delgada inmensidad

Los anillos de Saturno, una estructura enorme pero increíblemente fina.

Galileo Galilei se enfrentó, en 1612, a todo un enigma celeste, uno que debería esperar décadas para encontrar respuestas. Dos años antes, un Julio de 1610, el genial astrónomo italiano se convirtió en la primera persona en observar una de las maravillas del Sistema Solar, los anillos de Saturno, aunque dado lo extraño del fenómeno y las limitaciones de su telescopio, los interpretó como dos satélites muy próximos al planeta...al fin y al cabo el mismo concepto de un anillo "mágicamente" flotando en el espacio era, en esos momentos iniciales de la astronomía, un concepto demasiado extravagante como para tenerlo en cuenta.


Sin embargo, en 1612, esos dos supuestos satélites, que ya habían desafiado esta interpretación, tanto no proyectando sombras como no mostrando desplazamiento alguno desde su descubrimiento, desaparecieron completamente. Eso fue suficiente para que Galileo descartara esa idea y se plantearan otras explicaciones, desde anillos (que al final era la correcta, aunque en ese momento se pensaba en un solo objeto sólido) hasta asas unidas al planeta o varios satélites en órbita solamente alrededor de la parte posterior de Saturno (para explicar la falta de sombras)...

¿Que había ocurrido en 1612 que tanto desconcertó a Galileo? La respuesta es que, en su desplazamiento alrededor del Sol, Saturno se encontraba en una posición en que observábamos los anillos justo de perfil. Y de esta forma, aunque en ese momento nadie era consciente de ello, nos mostraba una de sus características mas asombrosas: Su extrema delgadez.

Y es que esta visualmente maravillosa estructura planteara, que se extienden unos 120.000 Kilómetros (y eso solo contando los anillos principales), son de una delgadez extrema, apenas de un Kilómetro, y quizás aún menos. Cuando vemos las anillos de Saturno estamos mirando algo extremadamente frágil, una conjunto de un numero casi inimaginable de pequeños cuerpos en órbita que, en un delicado equilibro, dan forma a esta pequeña maravilla planetaria.

Y, posiblemente, este es el más claro indicio, junto a su notable brillantez, de que estamos ante algo fugaz y transitorio, quizás de unos pocos millones de años y fruto de la destrucción de una antigua luna que se aproximó demasiado al planeta (cruzando el llamado límite de Roche) y fue despedazada por las mareas gravitatorias...pero más allá del origen, que espera aun una respuesta definitiva, solo nos queda maravillarnos con ellos, de esa delgada inmensidad brillando en la oscuridad.

Los anillos de Saturno, en toda su gloriosa delgadez.

Saturno, tal como lo dibujó Galileo, aunque, como podemos observar, no era eso lo que creía estar viendo, sino lunas o "asas" que surgían del planeta: "Un curioso objeto con dos lóbulos", diría.

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